Frente a una iniciativa de bajar los límites tolerables del antidoping a cero, la industria hípica Argentina, de referencia mundial, peligra. Con ella, numerosas fuentes de trabajo corren riesgo.

La industria hípica Argentina, cuya calidad de razas y trabajo de criadores, cuidadores, médicos veterinarios y un gran número de amantes de los caballos, la sitúa en tercera posición mundial, recientemente comenzó a verse amenazada por una propuesta de origen europeo que busca eliminar cualquier competencia: la iniciativa doping cero. Esto pone en peligro a las familias de peones, cuidadores, criadores, veterinarios y partícipes indirectos, que subsisten gracias al diario trabajo que aportan a la industria.

“Este es un tema exclusivamente veterinario”, aclara el médico veterinario Federico Pont Lezica, profesional asesor del haras El Paraíso, un importante centro de producción de caballos de Argentina. “Hay que pensar, antes que nada, en la salud animal. A partir de ahí comienza la discusión. Hay que definir qué es un doping y diferenciarlo claramente de un tratamiento terapéutico que se le receta a un deportista, sometido a importantes esfuerzos y en la mayoría de los casos a una edad en que no ha finalizado su desarrollo.”

Según la ley 24819 de antidopaje, que regula todas las disciplinas deportivas, incurre en doping quien utilice en su entrenamiento, antes, durante o después de una competencia deportiva sustancias y/o medios prohibidos. En el caso de la hípica abarca al turf (carreras), al polo y al salto. El control establece no sólo las sustancias prohibidas, como es el caso de los estimulantes, narcóticos y anfetaminas, entre otros; sino que también instaura ciertos límites tolerables de medicamentos que son aceptables y sustancias sujetas a ciertas restricciones. Como explica el veterinario Federico Pont Lezica, los límites se establecen porque los animales que corren, muchas veces animales aún en desarrollo, padecen afecciones que son resultado del ejercicio, y necesitan un tratamiento médico, lo que evita dolor, incremento de la lesión o roturas irreversibles en la competencia. Esto no solo implica proteger la salud animal, sino también al jockey que lo monta, por el peligro de caídas.

Caballos corriendo una carrera
“Hay que definir qué es un doping y diferenciarlo claramente de un tratamiento terapéutico que se le receta a un deportista”, aclara el veterinario Federico Pont Lezica.

Así, Pont Lezica aclara que “todo fármaco que se suministre a un animal debe ser instaurado con criterio y responsabilidad del médico veterinario actuante, el que respalda el diagnóstico y el tratamiento con la receta médica”. Por su parte, Gustavo Ruzzante, médico veterinario a cargo de los caballos de Nero y de Pablo Mac Donough, integrantes de La Dolfina, aclara en diálogo con ANCCOM: “Hay drogas que se dan con concepto médico”. Desde el punto de vista médico, hay tres categorías de caballos: el que puede correr sin nada, el que no puede correr, y el que necesita un tratamiento determinado para correr. Esta última categoría, siempre decidida bajo criterio médico, debe ser defendida.

Según publicó el Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria (SENASA), la Argentina se ha posicionado como tercer productor de caballos de carrera y primer productor de caballos de polo del mundo, permitiendo no sólo una influencia mundial como país, sino también brindando innumerables puestos de trabajo en los hipódromos y haras. “Yo, como de esto”, explica Rubén, cuidador. “No soy veterinario, ni polero, ni nada. Yo cuido al caballo, si me sacan el caballo, no tengo trabajo.”

El conflicto comenzó hace unos meses, a raíz de una serie de detecciones no del todo clarificadas en los aspectos de límites permitidos y sustancias prohibidas. Si bien las disposiciones varían, siendo diferentes las formas de sancionar y de exigir el doping entre el hipódromo de Palermo, de San Isidro y La Plata, como explica el médico veterinario Dante Valenti, presidente de la Asociación Argentina de Veterinaria Equina (AAVE): “Existe un reglamento de carreras, pero dicho reglamento no vale más que la Ley Nacional de Antidopaje. Hay que regirse por ello”.

Un cuidador bañando a un caballo
“No soy veterinario, ni polero, ni nada. Yo cuido al caballo, si me sacan el caballo, no tengo trabajo”, explica Rubén, cuidador.

La iniciativa doping cero, que propone niveles de tolerancia cero en todas las sustancias, sean con concepto terapéutico o no, es promovida y ponderada por Francia, un país cuya industria hípica se ha ubicado siempre en las más altas categorías, junto con Argentina. Louis Romanet, quien fue presidente de la International Federation of Horseracing Authorities (IFHA) y cuya familia ha trabajado en la industria hípica durante generaciones, es uno de sus promotores, defendiendo una industria ecuestre francesa “elitista”, aclara Federico Pont Lezica. Como explica el médico veterinario, ellos se basan en un caballo que no necesita tratamiento terapéutico para correr. Esto no solo es una idealización médica -ya que el ejercicio intenso, al igual que un jugador de fútbol, conlleva sí o sí a lesiones-, sino que además una masa equina de alto valor genético y costo de crianza es descartada al matadero, lo que se hace insostenible para una industria productiva sustentable de alto hándicap.

La lucha es política -aclaran- los criadores. Los veterinarios expresan por unanimidad que ellos no tienen peso en la decisiones, que se toman por influencias y poder económico. “La lesión del animal es algo real, hay que tratarla”, explica Valenti. “Hay que defender la vida del animal.”

Los veterinarios que hoy trabajan en el Hipódromo de San Isidro comenzaron a elaborar una iniciativa para fijar los límites aceptables de las drogas de tratamiento necesarias y cuidar la salud del equino. Además de insistir en que el médico veterinario puede y debe realizar receta médica y tratamiento. Esta nota será elevada a las autoridades para poder comenzar a discutir con basamentos científicos.

Los médicos veterinarios aseguran que darán batalla porque la industria hípica Argentina va más allá del deporte de alcurnia, de las clases altas, o de las apuestas. Es una industria de calidad, que ha estado al resguardo de un cuerpo médico veterinario de excelencia, y que ha impuesto a la Argentina como un país de referencia.

Un jockey montando un caballo
Según publicó el Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria (SENASA), la Argentina se ha posicionado como tercer productor de caballos de carrera y primer productor de caballos de polo del mundo.

Actualizada 18/07/2017

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