Victoria “La Maga” Crivelli es la armadora del primer equipo de handaball femenino que representará a la Argentina en una olimpíada. Pionera, recuerda su paso por Ciencias de la Comunicación.

Muy popular en los países del norte de Europa, el handball es deporte olímpico masculino desde Berlín 1936, pero en su rama femenina recién desde Munich 1972. En Río 2016 será la primera vez en la historia que la Argentina presente un equipo de mujeres en esta disciplina cuya última medalla dorada fue obtenida por las noruegas, en Londres 2012. Una de las jugadoras más destacadas de la Selección es Victoria “La Maga” Crivelli (25), quien, a días del debut contra Suecia, relata su historia, sus expectativas, la increíble clasificación para Río y su paso por la carrera de Ciencias de la Comunicación de la UBA.

¿Cuándo comenzaste con el handball?

Empecé jugando en Ferro a los siete años. Me invitó a jugar gente de la colonia del club y no dejé más. En la Selección arranqué en 2005, siendo cadeta. Tenía 14 años. Viajamos a un Panamericano en Brasil. Le ganamos la final a las locales a estadio lleno. A esa edad, después de ir perdiendo 7 a 1 y darlo vuelta, fue un partido increíble. No me olvido nunca más.

¿Por qué nunca jugaste en equipos del exterior?

Salieron oportunidades de ir a Brasil, España e Italia pero no me animé a dar el paso. Creo que es importante darlo. Todavía estoy a tiempo. Pero Ferro siempre me “tiró” mucho. Pusimos  objetivos nuevos a ganar con el club. Y como estas cosas ya se dieron, quizás ahora sí estoy pensando en dar el paso a Europa. Está abierta la posibilidad de charlar con algún club a fin de año. Los sueldos que se pagan afuera son bajos. Sirven para crecer en el deporte más que nada. Lo haría para vivir la experiencia. Tengo 25 años y no sé si voy a dedicarme 10 más a esto. Creo que es un buen momento, más allá de lo económico, para la experiencia de vivir en otro país.

Ahora estudiás publicidad pero antes estudiaste Ciencias de la Comunicación en la UBA, ¿cómo fue la experiencia?

Hice el CBC y diez materias más. Cursé en la sede de Ramos Mejía al principio y después en Santiago del Estero. Pero se me hizo muy difícil en la UBA ir paralelo a la carrera deportiva y entonces me alejé, pero ojalá vuelva, mi idea es retomar la carrera. Me acuerdo de un profesor de Taller (de Expresión) I que me marcó mucho lo bien que explicaba. Teníamos redacciones para todas las clases, eran tremendas las correcciones que nos hacía. Te cambiaba la forma de escribir. También me acuerdo de un profesor de Sociología del CBC. Los profesores de la UBA están muy formados. Mi problema no fue con los ellos sino con el sistema. Me complicaba. Pero algún día pienso en volver.

¿Qué opinás de la difusión del handball en Argentina?

Se está dando una vuelta interesante a partir de los logros que se van dando, en especial de los varones y de nosotras que nos vamos acercando. El marketing de la Selección Nacional está funcionando mucho mejor, tiene actividad en las redes sociales, eso es clave. Desde la Confederación Argentina de Handball, la Federación Metropolitana de Balonmano y el Comité Olímpico Argentino nos piden que tengamos actividad, eso acerca sponsors. Considero que acompaña el crecimiento deportivo de la Selección.

¿El Estado apoya al Seleccionado?

Recibimos dos tipos de becas: las de Secretaria de Deportes de la Nación y las del Ente Nacional de Alto Rendimiento (ENARD). Estas últimas son las que vienen del impuesto a los celulares. Con eso estamos mejor. Desde 2010  que se viene mejorando. El apoyo del ENARD es importante. Porque nos dan obra social, nos ayudan con las becas y con la preparación. Por ejemplo, nos pagan los viajes de partidos que jugamos en el exterior. En Argentina la competencia no es muy buena y necesitamos ese roce con otros equipos. Hace un tiempo que vamos a Hungría una vez al año durante 15 días, para competir. Ese viaje costoso lo banca el ENARD. La Confederación sola no podría hacerse cargo. Las becas del ENARD y de la Secretaría de Deportes se dividen por categorías. Nosotras en este momento somos de la categoría “Medalla Panamericana”. Luego de los Juegos pasamos a ser “Participación Olímpica”. Según cada categoría se modifica el monto que se recibe. Nosotras recibimos de Secretaria 8.000 pesos cada una  y del ENARD lo mismo.

¿Qué les exigen para acceder a las becas?

El cuerpo técnico se encarga de completar las planificaciones y los formularios. Nosotras entrenamos durante todo el año de lunes a jueves por la tarde y algunas veces doble turno. Pero hay otros deportes que lo hacen con otro ritmo, a veces más cercano al momento de la competición. Hay premios extras por alcanzar logros. En los Panamericanos de Toronto, por ser medalla de plata, tuvimos un premio económico de 20.000 pesos para cada una. En los deportes individuales el premio es más grande. Desde principio de año se viene hablando con el secretario de Deportes (Carlos McAllister) para que las becas aumenten. Se propuso que los deportistas estemos disponibles para hacer clínicas en colegios o clubes con chicos. Me parece muy buena idea.

¿El apoyo estatal se refleja en el desempeño?

Sí. Argentina está un paso atrás de Brasil. Estamos a la par de Cuba. Somos los tres mejores de América.  Las chicas de Uruguay, por ejemplo, no lo tienen. Entrenan, trabajan, estudian. No están ni cerca de la estructura que hay acá y nosotras ni cerca de la de Brasil. El apoyo es clave. México y Chile se han metido en mundiales solamente por el apoyo económico que tienen y Uruguay no.

¿Cómo fue la clasificación  a los Juegos de Río?

Fue un momento increíble. El año anterior lo habíamos vivido con mucha presión nosotras. De América solo clasifica un país a los Juegos. Y siempre es Brasil,  potencia mundial. En esta ocasión al estar ellos ya clasificados por ser organizadores, era nuestra única oportunidad de participar, por lo menos hasta el momento. Nosotras perdimos el partido definitivo con Cuba. Era el que teníamos que ganar. Y ahí se nos vino el mundo abajo. Estábamos en el vestuario, todas llorando, diciéndonos que “no jugábamos más al handball”. Pero el deporte tiene cosas increíbles. A los dos días Uruguay le ganó a Cuba, resultado que no imaginábamos y que nos favorecía. Ahí se nos abrió otra posibilidad para la clasificación. Nos tuvimos que sacar esas lágrimas de encima para ganar a Chile y no tropezar por segunda vez. Ganamos. Más tarde jugamos con México y ahí esa tristeza de Cuba, pasó a la felicidad total de la clasificación. Se te cruzan mil cosas por la cabeza: el club, la familia, todo lo que en la adolescencia dejaste de lado por jugar. En el instante de la clasificación es un “todo valió la pena”. Todo el distanciamiento de los meses previos que teníamos con nuestra familia, pensando solamente en el partido con Cuba. También eso nos jugó en contra. La presión que nos generamos durante el partido con Cuba nos hizo entrar muy nerviosas, y así nos fue. Pero por suerte se terminó dando a nuestro favor.

"Es mi vida. Porque todo lo que me viví me pasó con el handball", afirmaba Victoria Crivelli.
«Es mi vida. Porque todo lo que me viví me pasó con el handball», afirmaba Victoria Crivelli.

¿Cómo fue la noticia de que ibas a los Juegos?

Por lo general el plantel es el mismo. Las convocadas están dentro de 25 chicas que jugamos siempre. Lo complicado era ahora cuando se cerraba la lista de Rio, que es muy corta, somos 14 más 1 (se suma al plantel solo en caso de lesión de una jugadora que no le permita continuar el torneo). El martes 12 de julio nos dieron la lista definitiva. Por el rol que una ocupa en el equipo se va dando cuenta si vas a estar o no en la lista. Pero ese día es muy duro, de sensaciones encontradas. Alegría de viajar, pero la tristeza de que mi compañera, que hizo exactamente lo mismo que yo, se queda fuera. Y más si esa compañera es una amiga, es más difícil.

¿Qué objetivo se fijaron para la competencia?

Lo que más me gustaría es jugar bien todos los partidos. A diferencia de Toronto, en esta ocasión no tenemos presión. Todos los equipos que están, en los papeles, son superiores a nosotras. Así que deberíamos ir sin presión y jugar relajadas. Mi desafío personal es encontrar nuestro mejor juego. Después, esto es deporte, y todo puede pasar. Hay equipos que si los tenés “gol a gol”, y no están acostumbrados a tan corta diferencia, podés dar un batacazo. Nosotras le apuntamos a Corea que es nuestro último partido. Pero Corea es medalla Olímpica. Suecia, es el tercero de Europa y está en nuestra zona. Pasar de ronda sería la gloria. Es diploma olímpico ya.

¿Hiciste alguna promesa por si logran el objetivo?

Todavía no se habló en el grupo. Pero se va hablar. Siempre lo hacemos. En Toronto, tras la clasificación, nos prometimos tirarnos al lago, helado, y lo hicimos. Nos vinieron a filmar de algunos canales. Personalmente no pensé en nada. Desde que dieron la lista empezamos a pensar en Río. Antes era toda la tensión de no tener certeza de ir o no. Pienso que va a ser todo tan grande lo que va  a pasar que no me lo puedo imaginar. Cuando llegue a la Villa Olímpica y me cruce con (Roger) Federer y diga “bueno, mirá dónde estoy”, ahí pensaré alguna promesa.

¿Cómo imaginás la experiencia en la Villa olímpica?

La idea es vivir los Juegos y disfrutarlos.  A quien más deseo cruzarme es a Manu Ginóbili. Es el mejor deportista argentino. Ya ir con Luis Scola viéndolo llevar la bandera nacional, será “recontra groso”. Pero bueno, Federer, (Usain) Bolt, son gigantes…

Los Juegos son en Río de Janeiro, en medio de la crisis política que vive Brasil, ¿estás al tanto de la situación?

Sí, me interesa. No me gusta lo que está pasando en América en general con el tema político. Pero no nos afecta eso. No hablamos del tema. Yo sí pero porque a mí me interesa. Nos llegan mensajes o avisos con el tema de los atentados, que Río es objetivo terrorista, y esas cosas. Eso nos llega y una piensa en la familia que va ir a vernos. Pero no creo que sea tan grave. Los deportistas estamos súper cuidados. Ya me pasó en Medellín. Es una ciudad hermosa pero con mucha polarización social y nosotras íbamos rodeadas de hombres armados. Pero eso no te saca del juego. Una hace lo suyo, te abstraés.

¿Qué opinás de la polémica que desató que la antorcha olímpica fuera llevada por la actriz-DJ argentina Calu Rivero?

Te lo digo como deportista y como estudiante de publicidad. Lo de Calu Rivero fue una movida de prensa. Fue llamativo, porque no representa en nada al deportista olímpico, que en base es amateur. Por eso chocó. No me hace gracia que la lleve, pero entiendo porque lo hizo. Entiendo, y no como vidrio, que los Juegos están bancados por sponsors y Calu es auspiciada por  una marca de ropa deportiva. Sé que tuvo que ver con eso. Es más, después (Sebastián) Crismanich llevó la antorcha representando al país.

¿Qué disfrutaste más, ¿haber ganado el premio Jorge Newbery 2015 como deportista destacada de la Ciudad de Buenos Aires o ser parte del plantel olímpico?

Los Juegos, sin duda. El premio tiene de bueno que me lo dieron por los logros que obtuvimos con Ferro. Ganamos todo lo que jugamos. Y con la Selección logramos la clasificación. Es un premio “re” de equipo. Me lo dan a mí pero son por logros de conjunto. Te cambio todos los premios del mundo por  jugar en Río.

¿Te imaginás en los Juegos de Tokio 2020?

No sé. Falta bastante. Hace mucho que hago esto y ya tengo ganas de otras cosas. Desde chica siempre tuve la suerte de viajar a torneos de categorías más grandes. Ya viví todo y es difícil encontrar una motivación. Si decido irme a jugar fuera es una forma de motivarme de nuevo. Después de Río sigo y más adelante, no sé.

¿Qué es el handball para vos?

Es mi vida. Porque todo lo que me viví me pasó con el handball. Lo que logré tener, viajar, amigos, hasta mi novio. Lo que más me deja es la gente que conocí. Siendo deportista de alto rendimiento, se compite mucho con amigas, sin duda la gente y amigos son lo mejor que me dio el handball. Afectó lo bueno y lo malo de mi vida.

Actualizada 02/08/2016