Alicia Beltrami y Fernanda Nicolini hablan de su exhaustiva investigación sobre el autor de El Eternauta, sus hijas y sus yernos desaparecidos durante la dictadura.

“Mi nombre es Elsa Sánchez de Oesterheld y soy la mujer de Héctor Germán Oesterheld, famoso en el mundo por haber escrito la historieta El Eternauta. En la época trágica de este país desaparecieron a mis cuatro hijas, mi marido, mis dos yernos, otro yerno que no conocí, y dos nietitos que estaban en la panza. Diez personas desaparecidas en mi familia. Pero prefiero recordar los años en los que fui feliz”. Así se identifica Elsa, en primera persona, en el libro biográfico Los Oesterheld (Sudamericana) de las periodistas Fernanda Nicolini y Alicia Beltrami, publicado a mediados de este mes.

Los Oesterheld es una investigación periodística profunda que llevó cinco años de producción. Como resultado las autoras lograron una biografía coral nunca antes contada sobre la familia Oesterheld que, si bien se centra en la década del 70, da cuenta a su vez de décadas anteriores que fueron determinantes en la conformación familiar: la biografía de Héctor y Elsa, la casa de Beccar, las biografías de cada una de sus hijas y sus yernos, y también el origen de la militancia, la identidad peronista, la incorporación a Montoneros, los verticalismos y las disidencias, la clandestinidad, la diferencias familiares, la lucha armada, la represión, las desapariciones, la muerte y la tragedia, y después de todo eso, la vida de Elsa y sus nietos, Martín y Fernando.

Tanto El Eternauta como la familia Oesterheld se convirtieron en un símbolo. “Y lo que pasa con los símbolos –explica Nicolini- es que quedan vaciados. De algún modo, el libro viene a llenar ese símbolo. Los Oesterheld representan la tragedia y si te quedás sólo en eso no tiene mucho sentido. Lo mismo pasó con El Eternauta: qué significó, cómo era el Héctor que hizo El Eternauta y El Eternauta II, por qué trasciende generaciones, años, y lo leés hoy y te parece una obra magnífica. Si empezás a leer sobre su historia, de dónde venía y que a él le interesaba la historieta, entendés cuál es la esencia de eso que se convirtió en un símbolo”.

Los Oesterheld es una investigación periodística profunda que llevó cinco años de producción. Como resultado las autoras lograron una biografía coral nunca antes contada sobre esa familia.

Una de las características notables del libro es que consigue representar la complejidad y multiplicidad de personalidades de los protagonistas basándose en más de doscientos testimonios que recogieron las periodistas y en documentos aportados por Elsa, Martín y Fernando. “Las cartas –señala Beltrami- fueron muy importantes como fuente y, en el relato, definen a los personajes que nosotras describimos previamente con acciones y testimonios”. “Desde un principio accedimos a todo el material –completa Nicolini-. Las cartas son importantísimas porque de ahí sacamos información sobre ellos que complementa lo que nos decían los testimonios o que a veces ponían en jaque, o cuestionaban a los mismos testimonios. Las cartas son el único lugar donde encontramos la voz real, cómo se expresaban. Porque si no siempre está mediado por testimonios de otros”.

Uno de los obstáculos más grandes que tuvieron que sortear las escritoras para realizar la investigación fue el sistema utilizado por Montoneros por seguridad: si alguno caía no tenía la información para después delatar a los otros. Señala Beltrami: “Uno de los ejes de la investigación era la vida de chicas que eran jovencitas cuando desaparecieron y que se definieron o terminaron de crecer durante la militancia. Enfocamos mucho en eso y durante la militancia el sistema de Montoneros era el tabicamiento: por seguridad en cada uno de los grupos en general no sabía casi nada de la vida privada de los integrantes, es decir, no sabían el nombre real, el apellido. Eso nos complicó un poco la investigación porque de cada uno de los entrevistados sabíamos muy poquito”.

“De Héctor Oesterheld –puntualiza Nicolini- sólo sabíamos todo lo que había sobre su obra, pero al haber tan poco publicado sobre su vida familiar y militante, nuestra principal fuente de información fueron los testimonios. Pero, al estar tabicados, muchos de los compañeros entre sí no sabían quién era el otro. Todos se conocían por nombre de guerra. Entonces, armar esa red y empezar a unir el nombre de guerra con el nombre real y que cada entrevistado además nos habilitara por ahí otros contactos a personas a las cuales ni siquiera había vuelto a ver quizás después de la militancia. Nos decían: ‘Mirá, me acuerdo de un tal Raúl López que militaba en Sur y me lo encontré en el ’85 que estaba trabajando en una librería’. Y entonces nos convertimos en sabuesos de esas personas que nunca habían hablado, y que por ahí era un testimonio clave que nos llevaba hasta dos meses contactar. Y, consecutivamente, esa persona te habilitaba otras”.

Al principio, describen las autoras, muchos tenían miedo de hablar demasiado de la época de la militancia, pero gracias a una red que se fue armando esa situación cedió. “Y además, el clima de época ayudó, porque el gobierno anterior había revalorizado la militancia y las políticas de memoria, verdad, justicia. Se sentían más amparados por una política pública que ya no los veía a ellos como sospechosos, como los había visto la Teoría de los Dos Demonios. La militancia era algo a valorar y no algo por lo que tener culpa, miedo o vergüenza”.

Elsa falleció el 20 de junio de 2015 a los noventa años y no alcanzó a leer el libro. “Siempre fue muy accesible para hablar de su propia historia –señala Nicolini-. Hay muchas Elsas también: no era la misma que hablaba hace 30 años, que todavía estaba muy dolida, muy enojada, tenía mucho miedo, a la que accedimos por entrevistas que habían hecho otros, también por un documental y testimonios de ella que fue dando durante todo este tiempo, que cuando nosotras la entrevistamos. Habían pasado muchísimos años de la tragedia y también había hecho un cambio ella, estaba mucho más permeable a hablar de esas cosas desde otro lugar, menos enojada, más contenida”. “Además, Elsa formaba parte de Abuelas -dice Beltrami- y por primera vez el Estado apoyaba con políticas públicas al organismo. Entonces al cambiar el relato de época ella estaba situada en otro contexto”.

“Con Elsa –cuenta Nicolini- nos pasaba que era muy potente y era como el contraste entre la historia de la militancia y ella como la voz que siempre advertía qué podía llegar a pasar, a dónde iban. Además, era la única que estaba viva, la única que podíamos entrevistar y que nos podía decir lo que realmente pensaba ella, lo que realmente le había pasado. Entonces nos parecía tan potente eso que ni siquiera ameritaba que nosotras mediáramos su voz, su sola voz oficia como una columna vertebral que va recorriendo todo el libro. Y, además, al poner su propia voz, permitimos que aparezcan todas las complejidades. Es ella misma la que te demuestra que era una persona muy lúcida y que veía todo lo que pasaba”.

“Al principio, muchos tenían miedo de hablar demasiado de la época de la militancia, pero gracias a una red que se fue armando esa situación cedió”.

LA HERRAMIENTA HISTORIETA

El 23 de julio Héctor Oesterheld, hito de la historieta argentina y mundial como guionista, hubiera cumplido noventa y siete años. Tenía veinticuatro cuando conoció a Elsa. A esa edad ya le decían Sócrates, porque sabía de todo y tenía una cultura general impresionante. Primero se dedicó a la Geología, pero abandonó para dedicarse a escribir. Se casó con Elsa y tuvieron cuatro hijas. El éxito de El Eternauta, su propio sello editorial Frontera (que tras ser un boom se fundió), las deudas, el interés por la juventud, las relaciones sociales, sus conversaciones con Borges, su talento para la ciencia ficción, su trato con los dibujantes, su casa, gustos, ideas, su personalidad, los viajes a Europa para vender los materiales que producía, la inestabilidad económica, su forma de demostrarle amor a las hijas, su forma de crianza, los momentos conyugales felices y difíciles con Elsa y el creciente interés por la política y por lo que sucedía en su tiempo, son tan sólo algunos aspectos que el libro Los Oesterheld aborda de Héctor, ofreciendo per se una múltiple y compleja interpretación del Oesterheld hijo, padre, esposo, hermano, tío, amigo y compañero.

Si bien Héctor era el más expuesto por ser mundialmente reconocido por sus guiones, fue el que mejor se camuflaba cuando militaba en la clandestinidad…

Fernanda Nicolini: Claro, él era grande.

Alicia Beltrami: Era grande en una organización juvenil.

FN: Héctor entra a militar en Montoneros pero sigue produciendo -con sus recursos- historietas. No es que cambia completamente y se vuelca a hacer otra cosa. Él seguía pensando en la historieta como una herramienta. Al principio, cuando no militaba, en los años ‘50 y ’60, pensaba en las historietas como una herramienta educativa porque pensaba que “si los chicos no leen libros, pero leen historietas por lo menos que aprendan algo”. A él le interesaba que fuera un género popular, hacer popular la literatura a través de la historieta. Decía que no leía historietas, que sólo leía literatura y sobre política, y sin embargo pensaba que la historieta era el arma más potente para hacer popular un género.

AB: A él le interesaba la cultura popular y educar.

FN: Después, cuando entra en Montoneros, en Prensa, -haciendo el recorrido que está en el libro-: en el diario Noticias, en El Descamisado, en Evita Montonera, y hasta el último día, cuando dice que quiere hacer una historieta con los documentos de Montoneros que no se entienden nada y son aburridísimos, sigue pensando en el valor de su herramienta, de la historieta como una herramienta política. En un momento en el cual la potencia para Montoneros pasaba por otro lado, sin embargo él tenía esa convicción.

Hector Oesterheld en el departamento de Guillermo Saccomanno durante la entrevista que él y Carlos Trillo le realizaron en 1975. Lucía Capozzo tomó la imagen.
Hector Oesterheld en el departamento de Guillermo Saccomanno durante la entrevista que él y Carlos Trillo le realizaron en 1975. Lucía Capozzo tomó la imagen.

También en plena clandestinidad, cuando le comunican que lo querían premiar en Italia y él se preguntaba si ir o no ir, ustedes cuentan que él pensaba en ir a Italia porque podía servir para difundir lo que estaba pasando…

AB: Sí, y además desde la información, desde lo cultural, continuó con la misma línea de cuando les mandaba esas cartitas a sus hijas desde Londres en las que les decía, en otras palabras, que tenían que estudiar,  que tenían que tener empatía con los desposeídos.

LOS CAMINOS DE LA MILITANCIA

“Nosotras en el libro –afirma Nicolini- sacamos a Estela, Diana, Marina y Beatriz (las hijas de Oesterheld y Elsa) del arquetipo ‘Montonero’, pero también del arquetipo de las cuatro chicas lindas de las fotos. Son las dos puntas: por un lado, esa foto idílica de la casa de Beccar donde todo era maravilloso, y por otro, la postal final de la tragedia con la familia devastada. Nuestras preguntas estaban en el medio, quiénes fueron, qué sentían, por qué se largaron a militar, cómo era cada una, cómo era cada una dentro de Montoneros, cómo se vinculaban entre ellas cuando militaban”.

¿Cómo lograron superar las visiones positivas y negativas preconcebidas sobre la organización Montoneros y sus militantes? ¿Con qué disyuntivas históricas se encontraron para caracterizar a esa organización en la que militaba la familia Oesterheld en el libro y a los propios protagonistas de esta historia?

FN: Nuestra premisa inicial es que no había un montonero modelo. A partir de la bibliografía militante que existe, la de Galimberti, o la de Firmenich, la historia de Montoneros siempre fue contada desde el mismo lugar, el de la Conducción Nacional, con personajes mucho más rígidos; vimos que lo que se decía y cómo estaba narrada la historia era casi monolítico. Entrevistamos a casi doscientas personas que militaron en diferentes momentos de Montoneros, con cada particularidad y en diferentes regiones geográficas: una cosa era militar en zona norte, que era un cruce entre las villas con los chicos de clase media que venían de las iglesias católicas, otra cosa era militar en la zona sur, que tenías el cruce con la clase más obrera, las fábricas y la Resistencia peronista como antecedente. Y después, estaba cada uno de ellos. Cuando fue el pase a la clandestinidad no todo el mundo se quedó en Montoneros, algunos se fueron. Cuando Montoneros empezó a exigir la militarización, algunos no estaban de acuerdo, otros sí y cada uno tenía su argumento válido.

AB: Eso estuvo bueno, porque al haber hecho tantas entrevistas nos encontramos con aquellos que seguían reivindicando algunos principios y otros que habían hecho una autocrítica muy profunda. Entonces tuvimos todas esas miradas y la idea principal del libro fue ponerlos a ellos en todas esas versiones sin juzgarlos. En otras palabras, mostrar todas las miradas posibles de la historia. También nos permitió complejizar la visión sobre Montoneros. Todos los miembros de la familia Oesterheld (excepto Elsa) y las parejas de las chicas integraban diferentes espacios dentro de la organización: una militó en la Unión de Estudiantes Secundarios, otra en el Movimiento Villero Peronistas, otra en el Movimiento de Inquilinos Peronistas, otro en Prensa (Héctor), en la zona sur y en la zona norte donde había características distintas. La pregunta básica fue: ¿Por qué las hijas de Oesterheld empezaron a militar? ¿Qué hacían?

FN: Y cada uno dio una respuesta diferente. ¿Por qué tienen hijos si era peligroso? Y cada uno tiene su respuesta. Uno nos dijo: “Estábamos en el ’76, sabíamos que se iba todo a la mierda, no sabíamos si tener un hijo o no y en un momento mi mujer me dice ‘¿y si sale bien? ¿A quién le vamos a dejar este nuevo mundo?’. Y… tengamos un hijo”. Cada uno tenía su respuesta de por qué seguir y por qué no. En ese punto se te derriban todos los preconceptos. Cualquier teoría, partiendo de la Teoría de los dos Demonios hasta las que siguen ahora de revisión histórica, se desarma.

AB: Además era una época de mucha vitalidad, militaban con mucha necesidad de ‘lo vital’. Buscaban eso en medio de la noche  que se venía en el ’76 buscaban encontrar un poco de amor y llenarse de vitalidad en medio de esa oscuridad.

FN: Sí, se enamoraban, formaban parejas, tenían sexo, iban al cine, se juntaban a comer algo rico…

A las hermanas Oesterheld les pasaba, por su belleza pero sobre todo por su inteligencia, formación y compromiso ante la vida y para con las personas, tuvieron pretendientes y relaciones a pesar de su corta edad. En su último tiempo de vida -antes de que las secuestraran- tres de las cuatro estaban en pareja: Estela con Raúl “el Vasco” Mórtola, Diana con Raúl Araldi, Marina con Alberto Seindlis y Beatriz con Miguel Hurst, pero al tiempo se separó.

Estela y “el Vasco” tuvieron a Martín Miguel Mórtola Oesterheld que, tras la desaparición de sus padres, se crió desde muy chico con su abuela materna, Elsa. Diana y Raúl Araldi tuvieron a Fernando Araldi Oesterheld, que se crió, también desde pequeño, con sus abuelos paternos.

“Cuando escribimos el libro –relata Nicolini- nos parecía que tenían mil años, pero ninguno había llegado a los 30, se casaban a los 20, tenían sus hijos a los 21. Todo pasaba en un tiempo muy compacto”.

Permanecen desaparecidos Diana, Marina (embarazadas ambas), Estela y Héctor Oesterheld, y tres yernos: “el Vasco”, Seindlis, y Rodolfo Bourdieu (que había sido una primer pareja de Diana). Sólo el cuerpo de Beatriz fue devuelto por el Ejército a la madre y pudo ser velado y enterrado. Mucho tiempo después, en 2010, el Equipo Argentino de Antropología Forense halló el cuerpo de Raúl Araldi.

“Lo que pasó con los propios militantes –concluye Nicolini- también le pasó a Elsa, no porque ella cambiara su pensamiento en relación a la cúpula Montonera o de la lucha armada de la cual ella siempre fue súper crítica, pero al ver que públicamente la militancia comenzaba a ser revalorizada, sus propias hijas empezaron a ser revalorizadas. Entonces esa tragedia, todo lo que había pasado, empezaba a tener un sentido social; es decir, dejaba de ser una tragedia personal y solitaria y empezaba a estar dentro de una trama colectiva”.

Una de las últimas fotos familiares de Elsa, con sus cuatro hijas y sus dos nietos. Diana con Martín, Miguelito en brazos, Marina y Elsa, de pie. Debajo, Beatriz y Estal con Fernando, de meses, en enero de 1976.
Una de las últimas fotos familiares de Elsa, con sus cuatro hijas y sus dos nietos. Diana con Martín, Miguelito en brazos, Marina y Elsa, de pie. Debajo, Beatriz y Estela con Fernando, de meses, en enero de 1976.

LAS PIEZAS DE UNA HISTORIA

Los Oesterheld es el primer libro que las autoras realizan juntas y, si bien tienen una vasta experiencia en el campo periodístico, es notable la precisión, constancia y profundidad con la que llevaron a cabo la investigación durante cinco años y cómo, en el libro, ponen en valor la recolección de información, documentos y testimonios difíciles de hallar, haciendo que el lector se compenetre con la trama de la historia de una forma novedosa, con el recurso de cartas, voces en primera persona que interpelan e incluyendo datos valiosos que no se conocían.

En esta línea Nicolini, embarazada de cinco meses, y Beltrami, embarcada ya en otros proyectos profesionales, cuentan cómo se transformaron ellas en el proceso de producción de Los Oesterheld: “El libro nos atravesó –afirma Beltrami- y también nos pasaron un montón de cosas en estos cinco años. Profesionalmente, crecimos un montón entendiendo, complejizando la historia, tratando de abordar los personajes desde un lado más profundo y complejo. También, el cuarto año hacíamos entrevistas mucho más rápido de las que hacíamos en el primero. A su vez, hicimos una comparación leyendo a Héctor en sus historietas e historias: había algo que siempre resonaba que era su capacidad de síntesis creativa, muy emotiva“.

Por otro lado, Nicolini explica: “Aprendimos a lo largo de estos cinco años que uno avanza muy seguro de sus propias hipótesis haciendo asociaciones que después todo el tiempo los testimonios, las cartas y las pruebas nos refutaban. Entonces aprendimos a desconfiar de nuestras propias hipótesis y nuestra propia lógica y a estar mucho más atentas a escuchar a los demás y a lo que te ofrecen los recursos y fuentes que tenés. Es un ejercicio a toda fuerza de humildad”.

En la última etapa de la producción del libro las autoras trabajaron con los nietos: Martín y Fernando. Ellos leyeron todo lo que estaba escrito y trabajaron juntos algunas partes. Cuenta Nicolini: “Martín, que se crió con Elsa, nos ayudaba mucho a entender cierta lógica de por qué Elsa reaccionaba de determinado modo o por qué tenía determinada mirada. Esto de marcar el origen social de Elsa, que no es un detalle que ella viniera de una familia de inmigrantes, de clase más laburante”.

También, las periodistas subrayan que para Martín y Fernando fue muy fuerte ver muchas piezas juntas: “Ellos sabían algunas cosas, pero muy aisladas, y otras directamente no las sabían. Por ejemplo, Fernando no sabía que tenía una madrina que apareció a partir de la investigación, hay compañeros de militancia de los padres de Martín que él no sabía que lo habían sido pero los conocía por otro lado y empezó a relacionar cosas. Él nos dijo que la historia de la familia eran millones de piezas desparramadas y con este libro por primera vez las puede ver juntas”.

 

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La presentación de Los Oesterheld (Sudamericana) será el 2 de agosto a las 18 en el Centro Cultural de la Cooperación, Av. Corrientes 1543.

Participarán: Estela de Carlotto, presidenta de la Asociación Abuelas de Plaza de Mayo, a la que perteneció Elsa Sánchez Oesterheld; el dibujante y humorista gráfico Miguel Rep, que conoció Héctor Oesterheld de joven; y el historiador y ex militante montonero Ernesto Salas.

Actualizada 25/07/2016

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