En la Villa 31 de Retiro, 70 chicas de distintas edades forman parte de “Las Aliadas” un equipo de fútbol que trabaja por la inclusión social y contra la violencia de género.

“Andá a lavar los platos”, “no tenés fuerza para patear, sos muy débil”, “que te hacés la cholito, mejor jugá a otra cosa”, son algunas de las frases que alguna vez les han dedicado a todas las mujeres que expresaron su gusto y pasión por el fútbol. Este deporte, siempre se dijo, es una pasión de multitudes y eso trasciende la división de géneros.  Por eso, algunas pioneras en este patriarcal mundo de la pelota no bajaron los brazos ni agacharon la cabeza y crearon Las Aliadas, el equipo de fútbol femenino de la Villa 31.

Una de sus impulsoras es Mónica Santino, ex jugadora de fútbol  en los torneos organizados por la  AFA,  periodista deportiva y actual entrenadora de fútbol femenino, además de una ferviente militante en favor de los derechos de la mujer. La historia comenzó allá por el 2007, cuando un grupo de entrenadoras norteamericanas (donde el fútbol tiene igual o quizás mayor importancia que para los hombres) vino al país a realizar clínicas de fútbol femenino y tareas de ayuda social. Se encontraron con Mónica y su equipo y formaron juntos el programa “Goles y metas”, con el fin de promover el deporte y otras actividades sociales, educativas y culturales dentro de la Villa 31, situada en el barrio porteño de Retiro.

El programa fue creciendo y las chicas de la primera camada decidieron bautizar a su grupo bajo el nombre de “Aliadas de la 31”. Luego, con la ayuda de algunos programas sociales, las chicas dividieron las actividades en dos: la parte de entrenamiento futbolístico por un lado, y la de un espacio grupal por el otro, donde tratan temas internos sobre  prevención en salud, derechos de la mujer, asistencia a víctimas de violencia de género y organización de viajes, entre otros. Así, en 2011, con la idea de que el proyecto siguiera creciendo crearon una asociación civil que fue bautizada con el nombre de “La Nuestra Fútbol Femenino”, desde entonces el sostén legal de “Las Aliadas de la 31”.

“La barrera cultural que existe para la aceptación de que una mujer pueda jugar al fútbol es aún grande, pero siento que hubo avances.”, afirma Mónica.

 

“La barrera cultural que existe para la aceptación de que una mujer pueda jugar al fútbol es aún grande, pero siento que hubo avances. No es lo mismo que hace unos años. Hoy, en la ciudad hay muchos grupos de mujeres que salen de laburar y se alquilan una cancha para jugar entre ellas. Otros ejemplos de los avances que veo, ya dentro de la Villa, es que las nenas más chiquitas ya vienen a entrenar con ropa de fútbol; también algunas parejas, o familiares hombres de las chicas más grandes vienen a ver las prácticas mientras cuidan de los hijos más chiquitos al costado de la cancha. Eso es un cambiazo. Es una forma de pasar la barrera cultural de la que estamos hablando”, dice Mónica.

En “La Nuestra” participan grupos de niñas de 6 a 12 años, y también otro grupo de chicas más grandes, sin límites de edad. En total suman 70 mujeres. Todas viven en la Villa 31 y entrenan bajo las órdenes de un equipo de cinco entrenadoras en la hermosa cancha de fútbol 9 del Barrio Güemes, la que a fines de 2010 se le reacondicionó con césped sintético.

Actualmente, las chicas cuentan con el apoyo de un colectivo feminista compuesto por trabajadoras sociales, sociólogas y psicólogas que también las ayudan a registrar la historia de todo lo que viven en el día a día.

La Nuestra, fútbol femenino de la Villa 31, CABA. 20 de Octubre 2015. Foto: Laura Pasotti
” A mí el fútbol siempre me gustó pero mi familia no aceptaba que lo jugara por esas cosas del machismo y del prejuicio. Hasta mis amigos me decían “la cholito”, “la marimacho” y esas cosas”, admite Constanza Rojas.

Una de las valientes jugadoras del grupo es Constanza Rojas. “El fútbol fue como una liberación para mí, me abrió la cabeza para muchas cosas -cuenta-. A mí el fútbol siempre me gustó pero mi familia no aceptaba que lo jugara por esas cosas del machismo y del prejuicio. Hasta mis amigos me decían “la cholito”, “la marimacho” y esas cosas. También hubo un tiempo en que me desvié del buen camino y me metí en el mundo de la droga y la delincuencia. Hasta que un día estaba al costado de la cancha y le pedí de jugar a Monica. Y acá estoy, fui saliendo de a poco de ese mundo, me fui enganchando con el grupo, me fue gustando y me quedé. Por suerte pude terminar el secundario, también conseguí trabajo. Tuve mucho apoyo de todas las chicas”.  “Conti”, como le dicen, tiene 24 años y, además de jugar, entrena un grupo de varones desde hace algunos años y está haciendo el curso de entrenadora.

Otra de las chicas del equipo es la simpática y divertida Karen Marín. Tiene 19 años y le dicen con mucho cariño “Pollo”: “El fútbol me ayudó mucho en la vida. Yo era muy tímida, no salía de mi casa. No tenía amigas y ahora tengo un montón. Además, lo mismo que a otras chicas, en mi casa no gustaba mucho que jugara al fútbol, no lo aceptaban. Hasta que un día estaba viendo una práctica porque tenía una amiga ahí  y ‘Conti’ me invitó a jugar. Y de ahí no largué más, nunca falté. Ahora pienso que soy más sociable … hasta tuve la suerte de conocer Alemania gracias a las chicas y eso es algo que voy a estar siempre agradecida”.

A mediados de este año, algunas chicas del grupo fueron a un torneo de fútbol femenino que se hizo en Berlín, Alemania. Además de jugar, las futbolistas participaron de actividades donde se abordaron temas como los derechos de las mujeres y la diversidad sexual. Asistieron chicas de muchos países  y la idea era jugar en equipos que mezclaran diferentes nacionalidades. El encuentro se llamó “Sin fronteras” y se organizó para analizar la problemática actual que vive Europa por la crisis migratoria.

El equipo de “La Nuestra” con Mónica Santino en el centro de la formación.

“Fue muy linda experiencia. Era mi primer viaje al exterior, las chicas eran muy cariñosas. A pesar de no hablar el mismo idioma, te entendías solo con mirarte y por los gestos. Todo era un clima muy amable. En mi equipo había chicas griegas, de Israel, de Egipto, africanas. A mí me decían “Chicken”. Como acá en el barrio me dicen ‘Pollo’, lo tradujeron al inglés, era muy gracioso”, dice Karen.

El viaje duró 10 días, entre junio y julio de este año. “Berlín es otro mundo, la ciudad, la comida, las calles. Había muy pocos policías, no veías robos y eso que la gente de ahí toma cerveza de lunes a lunes, jaja”, agrega Constanza.  Además del fútbol hubo talleres comunitarios, espacios de debate y conciertos musicales. Hasta hicieron un álbum de figuritas con las caras de las jugadoras, como los que suelen coleccionar los chicos con imágenes de futbolistas profesionales. Ahora piensan en replicar ese mismo evento el año que viene aquí en Argentina, pero solo para países de Latinoamérica.

La Nuestra, fútbol femenino de la Villa 31, CABA. 20 de Octubre 2015. Foto: Laura Pasotti
“El fútbol actúa también como una herramienta para combatir la violencia de género. Apropiarte de un juego que históricamente fue de los hombres, que puedas crear un grupo de pertenencia y que puedas entrar a una cancha, parar la pelota, levantar la cabeza y dar un pase hace que tu autoestima crezca”, resalta Mónica Santino.

Mónica tiene en claro la importancia del fútbol para generar nuevos vínculos y puentes que puedan ayudar a muchas chicas a tener una vida mejor: “El fútbol actúa también como una herramienta para combatir la violencia de género. Apropiarte de un juego que históricamente fue de los hombres, que puedas crear un grupo de pertenencia y que puedas entrar a una cancha, parar la pelota, levantar la cabeza y dar un pase hace que tu autoestima crezca. Y esto es aún más complicado cuando vivís en una situación de exclusión social, por eso es más meritorio lo de las chicas.  Cuando ellas se dan cuenta  de que jugando al fútbol, rompieron todos los prejuicios; luego es muy difícil que te conviertas en una víctima de la violencia.  Como entrenadoras, y a través de nuestra experiencia, podemos decir que las mujeres que pasan por aquí es muy difícil luego que se conviertan en víctimas de violencia de género”. Y  agrega:  “Cuando están jugando en la cancha, uno de los espacios públicos más importantes del barrio,  se apropian del lugar, es como que están rompiendo un paradigma y eso da mucho orgullo de poderlo contemplar”.

Poder ganarse su espacio en la mejor cancha del barrio no era una tarea sencilla para las mujeres. Tuvieron que pasar algunos momentos feos, pero con perseverancia y firmeza hicieron valer sus derechos y se ganaron el espacio para poder entrenar. “Siento que nos ganamos un reconocimiento y un respeto de los chicos del barrio; ahora nos preguntan cuando entrenamos, cuando jugamos torneos, cómo salimos, algunos hasta nos alientan desde afuera, eso es muy lindo” dice Conti. Y hasta se dieron el lujo de ser unas de las protagonistas de una película que habla del proyecto de las chicas y que fue exhibida en el festival BAFICI 2014: “Mujeres con pelotas

La Nuestra, fútbol femenino de la Villa 31, CABA. 20 de Octubre 2015. Foto: Laura Pasotti
“Tampoco nos gusta que nos utilicen políticamente y hubo algunas situaciones donde percibimos esa intención y nos corrimos a un lado”, afirma Santino.

 

En los últimos años,  la agrupación participó de algunos programas de inclusión social y de becas, algunos otorgados por parte del Gobierno de la Ciudad y otros del Gobierno Nacional. Pero según Mónica, varios de estos programas no cumplieron completamente con sus deseos y expectativas: “Tampoco nos gusta que nos utilicen políticamente y hubo algunas situaciones donde percibimos esa intención y nos corrimos a un lado” . Para ella, si bien se ha crecido bastante en los últimos años respecto al comienzo, hay una falla por parte de los distintos Gobiernos en la concepción de lo que ella llama “Deporte Social”.  “Ojalá las diferentes ayudas que nos dan se puedan mantener en algo estable en el tiempo -dice-, allí es donde digo que quizás al Estado le falta una vuelta de tuerca. Deporte social no es venir un día, hacer un torneo, regalar pelotas, camisetas, te sacas la foto con los pibes alrededor y después te vas.  Pienso que para hacer algo interesante y más organizado tampoco se requiere de mucha inversión”.  Ya pensando en proyectos e ideas a futuro, Conti agrega: “Nos gustaría que nos den la posibilidad de tener una salida laboral y también que nos otorguen un terreno para fundar nuestro propio club, que se llamaría  La Nuestra, claro”.

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