La campaña de cara al 22 de noviembre comenzó esta semana, una vez terminado el escrutinio definitivo. Los sociólogos Luis Alberto Quevedo y Ricardo Rouvier analizan esta segunda vuelta electoral de estreno.

La segunda vuelta electoral se implementará por primera vez en la democracia argentina entre los candidatos del Frente para la Victoria y Cambiemos. No es la primera vez que Daniel Scioli se encuentra en esta situación. Durante las elecciones presidenciales de 2003, la fórmula del Frente para la Victoria, Néstor Kirchner – Daniel Scioli, debería haber competido contra el binomio de la alianza Frente por la Lealtad – Ucedé, Carlos Menem – Juan Carlos Romero. Cuatro días antes del balotaje, Menem declinó su candidatura. Kirchner asumió la presidencia con el 22.24% de los votos el 25 de mayo de ese año.

Los antecedentes más recientes del balotaje en el país se remontan a 1987, cuando la Unión Cívica Radical preparó un proyecto de reforma constitucional que contemplaba la reelección del presidente, la figura del Primer Ministro, la reglamentación de los decretos-ley y la inclusión de los derechos humanos de tercera y cuarta generación, entre otros puntos. Hiper-inflación y cambio de gobierno mediante, el 22 de octubre de 1993 el presidente Menem sancionó el decreto 2181/93 convocando a una consulta popular voluntaria sobre la reforma constitucional que iba a realizarse el 21 de noviembre. La UCR no logró unificar una posición y el primer expresidente constitucional luego del llamado «Proceso de Re-organización Nacional», Raúl Alfonsín, decidió buscar un acuerdo con Menem. Pasaría a la historia como el “Pacto de Olivos”. El 15 de diciembre de 1994, se sancionó una amplia reforma constitucional con la participación de 19 partidos políticos que estableció la segunda vuelta electoral  cuando la fórmula  más votada en la primera vuelta tuviera menos del cuarenta por ciento por lo menos de los votos afirmativos emitidos y, además, con una diferencia mayor de diez puntos porcentuales respecto del total de los votos sobre la fórmula que le sigue. En 1995, esto le permitió a Menem ser elegido por segunda vez como presidente con el 49,4% de los votos.

En el escenario actual, hay un poco más de 600.000 votos de diferencia y restan 23 días para la definición final. “La campaña de las próximas cuatro semanas va a ser más áspera y más fuerte”, opinó el titular de Rouvier & Asociados, Ricardo Rouvier, en diálogo con ANCCOM. “Desde lo comunicacional, Macri va a continuar haciendo lo mismo que hace. En el caso de Scioli, [va a] tratar de ganar espacios, mostrarse más centralmente como el protagonista de la campaña y presentar propuestas más concretas”, agregó.

Entre las PASO y las elecciones del 25 de octubre hubo un cambio bastante grande de definiciones de campaña por el lado de Macri. Creo que ese cambio le dio resultado y realmente lo corrió de un posicionamiento donde los otros candidatos lo habían puesto. A él lo habían puesto más bien como la opción conservadora del ajuste de la derecha liberal, y él había elegido otro posicionamiento: “Yo soy el más distinto del kirchnerismo para ganarle al kirchnerismo. Creo que él se va a mantener en esta idea de que no viene a destruir lo hecho por el kirchnerismo, va a tratar de salir de ese posicionamiento de ser alguien que prioriza el ajuste, la devaluación, la reducción del sector público, el desmantelamiento de los planes sociales, sino que creo que se va a poner en el lugar del futuro, del diálogo, del cambio de ciclo, de un modelo distinto de hacer política en Argentina. Y va a tratar de evitar lo que justamente otros candidatos tomaron. Scioli, por ejemplo, tomó agendas fuertes, tomó la agenda económica, definió gabinete, definió algunos temas sensibles como el impuesto a las Ganancias para los trabajadores. Creo Macri que va a evitar todos esos temas”, opinó el sociólogo Luis Alberto Quevedo, director de Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales Argentina.  

“Scioli va a tener que empezar a ser más fuerte en sus definiciones respecto de Macri, algo que él había evitado. Va a tener que enunciar que `estamos frente a dos modelos de país`. Yo creo que él va a tomar esta agenda y va a decir `los objetivos de Macri en economía, educación, salud, desarrollo, posicionamiento internacional, son muy distintos que los míos`. Esto lo va a poner en otro lugar. Un lugar más confrontativo, más de debate, más agresivo, y creo que también, en algún sentido, más peronista. Una agenda que yo creo que va a tomar, una hipotesis mia, es la agenda de seguridad. Un tema del cual Macri no habló demasiado y el candidato del Frente para la Victoria tampoco, del que sí habló Massa. Como a Massa le dio resultado, los dos creo que van a tener que vérselas con eso”, explicitó Quevedo.  

Desde lo político-territorial, Rouvier afirmó que Scioli deberá basarse “en los gobernadores y en el Partido Justicialista”. “Son los que le pueden dar los votos en el interior del país”, estimó. Desde otra lectura, Quevedo advirtió: “Lo territorial presidencial es muy distinto a lo territorial de gobernador o intendente». «Los dos candidatos van a hablar al distrito único: le van a hablar a los argentinos, no a los cordobeses, los santacruceños o a los jujeños, por más que van a tener que hacer campañas particulares en esos lugares”, continuó. 

“Creo que van a hacer una apelación en los dos casos, más del futuro del país y no del futuro de la Ciudad ni de la provincia. En el caso de Macri va a ser en continuidad con lo que ya viene haciendo, pero en el caso de Scioli yo creo que ahí viene otro desafío: yo creo que él va a tomar algunas agendas regionales. Por ejemplo, es muy claro que le fue adversa la Pampa húmeda, Córdoba, Santa Fe, provincia de Buenos Aires. Él va a tener que tener un discurso para ese mundo. Macri no lo necesita, ya lo apoyan. Macri va a continuar con un discurso genérico como lo ha tenido hasta ahora, es mi hipótesis, y Scioli va a tener un discurso más específico, que no lo ha tenido hasta ahora”, sostuvo el director de la FLACSO.