Cómo se vivió el primer día de sol en el barrio Independencia, en La Matanza. La fila para recibir ayuda, la reconstrucción de los hogares y la sospecha de que esta inundación no fue la última.

El partido de La Matanza fue una de las zonas afectadas por las últimas inundaciones en la Provincia de Buenos Aires. Las localidades de Virrey del Pino y Laferrere fueron las más perjudicadas del distrito. Según información del mismo municipio, en esos barrios las instituciones educativas se prepararon como espacios de refugio para contener a los evacuados, que fueron, según fuentes oficiales, 1200. De todas formas, esta cifra no contempló a la gran mayoría de vecinos que no asistieron a los centros, y decidieron permanecer en sus casas inundadas, para proteger sus pertenencias y tratar de mantenerlas a resguardo del agua.

El barrio Independencia pertenece a González Catán, en el partido de La Matanza. Allí el domingo amaneció con sol, y bastante caluroso. Ya el viernes había dejado de llover, y el sábado había sido el primer día seco, después de una semana de agua. A la mañana, los vecinos se acercaron y formaron fila en la puerta de la ex escuela 199 -ahora 62- para que el personal de la Secretaría de Desarrollo Social del municipio les tomara sus datos y los inscribiera en el registro que les permitirá cobrar un aumento en las asignaciones que reciben, a modo de resarcimiento por las pérdidas. Maestros, porteras y personal de la escuela estuvieron en la organización y en la contención de los que se acercaron. También repartieron ropa y agua mineral que llegaron a través de anónimas donaciones. Marina, una de las maestras, cuenta que la escuela funcionó otras veces como refugio para los evacuados pero como el espacio es insuficiente, ahora tratan de ayudar de otra manera.

Las calles que rodean la escuela  están asfaltadas, pero esas cuatro calles de asfalto son las únicas del barrio. Muchos de los vecinos que forman fila comentan que, a pesar de todo, “esta no fue la peor inundación.” Silvina, que se considera dentro del grupo privilegiados que viven cerca del asfalto, cuenta: “Se me mojaron varias cosas pero no fue tanto. La otra vez, sí. Nos llegó hasta el pecho. Yo me tuve que ir de casa con los dos nenes y dejar todo. Cuando volví estaba no había nada que no se hubiera mojado,  esa vez perdí todo. Después, gracias a mi familia fui reconstruyendo de a poquito”. La inundación anterior fue en febrero de este año, y la mayoría de los vecinos coincide en que aquella vez las consecuencias fueron peores. Sin embargo, aunque más leve, la inundación volvió la semana pasada.

Barrio Independencia, González Catán.
Barrio Independencia, González Catán.

“Es difícil vivir con el agua, prácticamente nos quedamos todos arriba de la cama, subiendo con maderas o ladrillos”, dice Rosa, que vive con siete chicos en su casa. El traslado a un centro de evacuados, dice, es impensable por el miedo a los robos. Fátima tiene quince años y vive con sus padres y hermanos, casi al fondo del barrio, cerca del río. La semana pasada, su familia tuvo que permanecer en la casa de un tío, pero sus padres volvían constantemente para no dejar la casa a la deriva: “Porque si la dejás mucho tiempo sola, te roban las cosas”, advierte.

Lucía Acosta también vive cerca del asfalto, y junto a su esposo Américo se encargaron de llevar comida y agua potable a aquellos que se quedaron en sus casas inundadas, a la espera de que el agua baje. Acosta cuenta que muchas veces, cuando la situación es muy crítica, decide alojar algunos vecinos en su casa. La comida y ropa seca que les ofrece son producto de donaciones que consigue con ayuda de la escuela.

La impotencia que sienten en el barrio por el abandono es aún más grande que el dolor por las pérdidas. “Desde que empezó el agua, acá no vino nadie”, dice Fabiana Martínez. Ella y su marido, Enrique Gutierrez, viven en el barrio desde fines de la década del noventa: “Los bomberos entraron una sola vez a la mañana para sacar a una chica discapacitada que vive enfrente, y vinieron porque los llamaron. Dijeron que iban a volver a la tarde, pero no regresaron más.  Nosotros hablamos por teléfono con Defensa Civil y no nos dieron bola. Cuando llamamos siempre dicen que van a venir pero nunca aparecen.  ¿Qué quiere decir eso? ¿Qué vamos a vivir bajo el agua? Ni siquiera son capaces de ir allá al fondo, mojarse un poco y averiguar qué les pasó a esos vecinos donde el agua los tapó”, dice y agrega: “Es lamentable porque nadie quiere venir, nos tienen como olvidados”. Fabiana Martínez y Enrique Gutiérrez criaron siete hijos, ahora ya tienen nietos. En su casa el agua ya se ha ido y empezaron a limpiar: “Cuando baja el agua -describe- quedan el olor a podrido, los virus, las bacterias… A veces no tomamos conciencia y andamos descalzos en el agua que está contaminada. Acá la mayoría son pozos, no hay cloacas y cuando viene mucha agua todo eso rebalsa”.

Enrrique, vecino afectado por la inundación en el barrio Independencia, González Catán.
«Sabemos cómo es el tema agua, entonces tenemos algunas cosas levantadas dentro de la casa, todos los días. La mayoría de la gente que vive acá hace años ya sabe que cuando llueve, y se junta agua en las dos canchas de acá al lado, seguro nos inundamos” afirmó Enrique Gutiérrez, vecino afectado por la inundación en el barrio Independencia, González Catán.

“Las cosas más importantes que tenemos, como los colchones, la ropa y la heladera, lo levantamos todo. Y aunque esta vez la inundación no fue tan grande, igual el agua cubrió todo”, cuenta Gutiérrez y, con cierta resignación, subraya que  ya están “experimentados en el asunto”: “Sabemos cómo es el tema agua, entonces tenemos algunas cosas levantadas dentro de la casa, todos los días. La mayoría de la gente que vive acá hace años ya sabe que cuando llueve, y se junta agua en las dos canchas de acá al lado, seguro nos inundamos”.

La falta de obras hídricas en la Cuenca Matanza-Riachuelo, las escasas obras para la urbanización del barrio, la pavimentación nula, las cloacas nunca realizadas y las viviendas totalmente precarias: todos motivos que se mezclan y confluyen en las constantes inundaciones. “La realidad es que ningún gobiernos hace nada. Y nosotros, los que tenemos pocos recursos, somos los que pagamos el precio. Después, ellos siempre te la quieren arreglar con un colchón o una frazada”, concluye Gutiérrez.

Entre las casas y las calles casi no hay separación, por lo que el barro se esparce cómodamente dentro de las habitaciones. En algunas viviendas todavía hay algo de agua, en otras pueden verse puertas con cadenas y candados, son las que pertenecen a vecinos que aún están evacuados. En la casa de Laura, sus cuatro hijos se amontonan en una habitación seca, mientras el resto de las paredes y el piso aún está húmedo y el baño todavía inundado. Algunas frazadas y manteles no se han mojado pero el moho los ha alcanzado: “Hay cosas que estoy limpiando, pero otras ya no sirven y las tengo que tirar” dice Laura, con bronca.

Inundaciones: Barrio Independencia, González Catán.
Barrio Independencia, González Catán.

En medio de la inundación, Sandra Araujo y su esposo se quedaron en la casa llena de agua. A los chicos los llevaron con su tía, a la que “le habían prestado una casa en el asfalto”. Ella es ama de casa y él trabaja en una fábrica de estructuras metálicas. Los días que vivieron con la vivienda anegada, Sandra permanecía sobre la cama y su esposo se encargaba de hacer las compras y de cocinar para ambos: “Perdimos los colchones, la mayoría los tuve que tirar. Las camas de los chicos ya no dan para más después  de tantas veces que se mojaron. Pero uno nunca se acostumbra. Hace unos años, yo tenía una casilla y me tapaba el agua, tenía que irme con familiares o quedarme en los colegios. Ahora levanté mi casa con sacrificio, y al final estoy en la misma”, masculla Sandra, “No se puede acostumbrar uno a esto -completa-, yo no me puedo acostumbrar y lloro. Si están los medios necesarios para poder arreglar los brazos del río, ¿por qué no lo hacen?”

Cuando, los vecinos del Independencia no reciben respuesta, cortan la ruta 3, en el kilómetro 29: “Si no, no viene nadie”, comenta una vecina al pasar. “Los políticos nos tratan como a los chicos. Nos dicen: ´Hoy no tengo nada para darte, pero quedate tranquilo que te doy mañana´. Y con eso nos conformamos”, concluye Sandra.

Actualización 19/08/2015

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