La elección presidencial enfrenta a Lula da Silva y a Flávio Bolsonaro en una disputa que excede las fronteras del país. Con encuestas que preanuncian un balotaje, el próximo domingo se ponen en juego dos modelos: el alineamiento automático con Estados Unidos y la ultraderecha o la inclusión social, el multilateralismo y la independencia soberana. Efectos en Argentina.
Con más de 150 millones de personas habilitadas para votar, Brasil se prepara para una elección que tiene como protagonistas al presidente Luiz Inácio Lula Da Silva, y a Flávio Bolsonaro, hijo del expresidente Jair Bolsonaro. Pero la disputa de este próximo domingo no se limita a la continuidad del gobierno del Partido de los Trabajadores (PT) o al regreso del bolsonarismo al poder brasileño. La economía, la seguridad pública, el lugar que ocupa Brasil en América Latina y su relación con China y Estados Unidos, atraviesan la campaña y son temas clave por definir de cara al futuro.
Además de la elección del próximo presidente, también está en juego la composición del Congreso, ya que se elegirán diputados federales y estaduales, y se renovarán dos tercios del Senado. Esto puede condicionar la agenda del próximo gobierno y la relación con el Poder Judicial.
La campaña está siendo atravesada por encuestas ajustadas y una serie de controversias. Los últimos sondeos publicados antes de la elección muestran a Lula con una ventaja acotada en la primera vuelta, pero otras mediciones mantienen una disputa pareja con Bolsonaro, lo que derivaría en un escenario de balotaje, previsto para el domingo 25 de octubre.
A ese escenario se sumaron revelaciones periodísticas sobre presuntos vínculos de Flávio Bolsonaro con empresarios y autoridades judiciales, además de informaciones sobre encuentros privados con trabajadoras sexuales. Por otro lado, también cobró relevancia la dimensión religiosa: una controversia en redes sociales lo vinculó con una supuesta intención de quitarle a Nuestra Señora de Aparecida su condición de patrona de Brasil, algo que el candidato negó. En paralelo, el 25 de septiembre Lula firmó una medida provisoria que prohíbe las apuestas en línea, conocidas como bets, con el argumento de enfrentar sus efectos sobre el endeudamiento y la salud pública. La medida, anunciada a pocos días de la votación, también abrió una discusión sobre su impacto económico y político.
En ese contexto, Mario Vitor Santos, periodista brasileño con trayectoria desde la década de 1970 y director del portal Brasil 247, analiza la elección no solo como una disputa entre candidatos, sino también como una expresión de las transformaciones de la comunicación política. Con su experiencia como director de la corresponsalía en Brasilia y editor jefe de Folha de S.Paulo, además con su paso por la Universidad de Stanford como Knight Fellow, la Universidad de Exeter y la Universidad de São Paulo, Santos observa cómo las nuevas plataformas modificaron las formas de informar, construir liderazgos e intervenir en el debate público.“Las formas de movilización, organización y comunicación del siglo XX vencieron a las del siglo XXI”, planteó Santos al analizar las elecciones de 2022. Lo que da a entender es que las formas tradicionales de movilización lograron imponerse frente a las nuevas herramientas digitales, en un resultado que atribuye, en parte, a la figura de Lula.
Santos considera que una eventual victoria de Bolsonaro representaría una regresión institucional y podría fortalecer a la extrema derecha que se está imponiendo, más allá de Brasil: “Se daría una reversión que sería continental”, sostiene. Su análisis excede las fronteras brasileñas, porque entiende que el resultado puede tener consecuencias en el escenario político internacional y profundizar las tensiones con otros países como en el caso de Argentina.
El periodista considera que una victoria de Lula, supondría “una patada importante en Javier Milei” debido a su participación pública en la disputa electoral y a su manera de dirigirse con insultos al presidente brasileño en varias ocasiones. Sin embargo, remarca que las situaciones de Argentina y Brasil no son idénticas, porque “el bolsonarismo es un movimiento de masas”, y sostiene, en cambio, que el mileísmo no alcanzó una capacidad de adhesión y movilización popular equivalente a la que atribuye al movimiento brasileño.
Para Santos, entonces, la elección del próximo domingo es relevante porque puede mostrar los alcances y los límites de las derechas contemporáneas en la región.
Más allá de las formas de comunicación y movilización, la jornada electoral estará atravesada por problemas concretos que condicionan la discusión pública. Para Macarena Vilaplana, politóloga UBA especializada en política exterior latinoamericana, maestranda en Estudios Internacionales en la Universidad Torcuato Di Tella, Brasil llega a las urnas en un escenario de “alta polarización de la oferta electoral”. Entre las principales preocupaciones destaca la inseguridad y las distintas respuestas que proponen los candidatos para enfrentar el crimen organizado: “Tanto Lula como Bolsonaro construyeron buena parte de su campaña alrededor del combate al narcotráfico, aunque con recetas opuestas”, señala.
Otra de las diferencias entre el bolsonarismo y Lula es cómo conciben la relación de Brasil con el mundo. Mientras el actual presidente sostiene una estrategia basada en la autonomía internacional y el multilateralismo, Vilaplana identifica que “Flávio, así como hizo su padre, promete un alineamiento automático con Estados Unidos, lo cual consolidaría la tendencia de la región hacia gobiernos de derecha que responden a los intereses de Washington”.
En contraposición, la politóloga destaca la apuesta de Lula por preservar la autonomía brasileña. En ese sentido, retoma una frase de su discurso ante la Asamblea General de las Naciones Unidas: “Brasil no cabe en el patio trasero de nadie”. Para Vilaplana, la disputa expresa dos maneras diferentes de pensar el lugar del país en el mundo.
La relación con Argentina también forma parte de ese escenario. Aunque los vínculos entre el presidente brasileño y Milei atraviesan, hoy en día, tensiones diplomáticas, la interdependencia comercial entre ambos países mantiene abierto un canal de diálogo: “Ni siquiera la polarización ideológica más aguda logra, por ahora, romper vínculos estructurales”, advierte.
La disputa también moviliza a quienes viven fuera del país. En Argentina, el Núcleo del Partido de los Trabajadores (NPT) trabaja para promover la participación electoral de la comunidad brasileña residente y generar espacios de encuentro. Según explica Renata Codas, coordinadora del espacio, la campaña se sostiene con militantes voluntarios y sin financiamiento del exterior.“Nosotros hicimos un comité amplio de articulación con distintas organizaciones que quieren apoyar, distintos individuos de distintos grupos políticos, de personas brasileñas”, cuenta.
Para acercarse a distintos sectores organizaron actividades culturales, jornadas de “Fútbol, Cultura y Democracia” y encuentros sobre salud pública y salud de las mujeres. La intención es construir vínculos que puedan sostenerse más allá de la elección. “El gran desafío sigue siendo trabajar con la juventud”, señala Codas. Muchos jóvenes llegan a la Argentina para estudiar medicina u otras carreras universitarias, y su objetivo es lograr que se involucren en la vida política de su país.
Mayara Dos Santos, secretaria del NPT, vive en Argentina hace diez años y también participa de la organización de la campaña para estas elecciones. Desde esa experiencia, destaca las dificultades para mantener informada a la comunidad. “Mi esperanza es que las personas se acerquen y que quieran preservar algunos derechos”, plantea. Ambas referentes hablan desde su compromiso con el PT y su apoyo a Lula da Silva. “Miramos con preocupación las elecciones, pero por supuesto con esperanza de que Lula consiga su cuarto mandato”, afirma Dos Santos. Desde el espacio llaman a participar de manera pacífica y a organizarse con anticipación, para participar de la votación aún desde el exterior.
Más allá de las diferencias entre los proyectos de Luiz Inácio Lula da Silva y Flávio Bolsonaro, la elección brasileña pone en juego una discusión que excede las fronteras del país: el lugar que ocupará Brasil en la región, sus vínculos con Estados Unidos y China, y la relación con Argentina, en un contexto de tensiones diplomáticas. El resultado del domingo seguramente no arroje nuevo presidente y habrá que esperar al ballotage y comenzará a especularse sobre el futuro que se definirá en las urnas brasileñas. Sus efectos y debates también se seguirán de este lado de la frontera.