Ciudadanos y sindicatos se solidarizan con la distribución gratuita de alimentos para los jubilados que se manifiestan frente al Congreso, ante las dificultades que se viven para satisfacer la canasta básica.
A las dos en punto de la tarde inicia un semaforazo sobre la intersección de las calles Callao y Corrientes. Aproximadamente dos decenas de personas de la tercera edad pertenecientes al grupo Jubilado/as Insurgentes se coordinan al ritmo del semáforo para aprovechar los escasos cuarenta segundos que hay entre luz verde y luz roja para plantarse frente a coches y transeúntes y gritar: ¡Trabajador, te estamos avisando que tu jubilación te la están afanando!
La señora Alicia, que volantea las demandas e inconformidades de los jubilados, relata: “Nosotros ya nos podemos caracterizar como que somos indigentes porque cobramos un tercio de la canasta [básica] del adulto mayor. Tendríamos que estar ganando alrededor de dos millones de pesos para cubrir todos los gastos, de alquiler, de medicamentos… No me alcanza para nada, no llego ni a que me alcance para la comida. La carne es incomparable, entonces preparo comida que me rinda. Ya estoy harta de comer guiso, quisiera comer mejor”. El guiso es simple: arroz, papas, arvejas y cualquier otra cosa que se le pueda sumar. Aunque Alicia relata que nunca pudo “tirar manteca al techo”, también dice que antes podía comprar cosas que ahora no, por ejemplo, un libro.
Faltando diez minutos para las tres de la tarde, el contingente de jubilados deja atrás Callao y Corrientes que durante una hora fue epicentro de cantos, gritos, cacerolazos y muestras de apoyo por parte de automovilistas y motociclistas que sonaban las bocinas en señal de respaldo y solidaridad. Emprenden su camino hacia el Congreso donde centenas de jubilados están listos para iniciar la ya tradicional marcha de los miércoles.
Sobre Av. Rivadavia hay una mesita con siete cajas de cartón y tres enormes termos color rojo. En el aire un letrero se suspende sujetado por delgados mecates y dice: “Tortas fritas y mate cocido gratis. Para todos menos para los que les pegan a los jubilados”. Alrededor de 15 personas, en su mayoría jóvenes, esperan la llegada de los manifestantes. De buena gana saludan a todo aquel que se acerque y le proporcionan dos empanadas fritas y un vaso de la tradicional bebida caliente.
Pablo Estanislao, perteneciente al grupo causa popular, es uno de los organizadores para la producción y repartición de estos alimentos. Dice que llevan varios meses dando comida cada miércoles y que para muchas personas, lo que reciben en esa mesita, es la única comida que tienen a lo largo del día. “Todos los días está pasando que un jubilado pierde la vida por cuestiones como que no se puede pagar los medicamentos, no puede pagar el alquiler o directamente decide quitarse la vida porque así no le gusta vivir y eso es terrible… Los jubilados, hoy más que nunca, están pasando una situación de desesperación y de depresión. Entonces nosotros pensando en que tenemos abuelos, abuelas (que en algún momento nos acompañaron, nos criaron) pensamos que venir acá es como darles una caricia, un mimo a nuestro propio abuelo”.
Pablo cuenta que cada miércoles, desde las ocho de la mañana, las personas que colaboran en esta actividad se ponen a amasar con las manos la harina, luego la fríen y empacan las empanadas para traerlas desde la comuna 8. El grupo está integrado por personas de varias zonas de dicha comuna: Villa Lugano, Villa Soldati, Villa Riachuelo. Vienen de la zona sur de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, esa que alberga a los barrios más populares de la capital Argentina. La recaudación para la materia prima de los alimentos es simple: cada persona aporta lo que tiene, lo que quiere. Un kilo de harina, un poco de mate, una botella de aceite.
Más adelante, en el lugar donde había iniciado el recorrido de la marcha, aguarda otra mesita con platos plásticos que contienen un guiso de carne con puré de papa. Bajo una carpa de color verde se entrevé una olla de aluminio de la que sale la humeante comida. Esta mesita pertenece al Sindicato de Obreros de Maestranza (SOMBRA) que tiene por agremiados a trabajadores de tareas de limpieza y mantenimiento. Uno de sus integrantes, Leandro Rojas, explica que desde el área de obra social del sindicato se tomó la decisión de apoyar a los jubilados con la entrega de alimentos, por una cuestión de solidaridad ante las dificultades que atraviesa este sector.
Entradas las cinco de la tarde, la manifestación comienza a disolverse. Los colectivos empiezan a circular nuevamente sobre las calles que durante un par de horas estuvieron cerradas. Frente al Congreso se mantiene el ritmo al son de una banda de trompetistas que portan camisetas rojinegras con los rostros del Indio Solari, Maradona y el Che Guevara. Algunos jubilados aún recargan energía con los alimentos solidarios que, les ayudarán para seguir resistiendo para regresar el próximo miércoles.