Ezequiel Saferstein habla de El libro negro de la nueva derecha, una investigación sobre la disputa libertaria por la hegemonía cultural desde las redes sociales y la producción editorial. El rechazo al progresismo y al feminismo, plantea, dio paso a una identidad política basada en el individualismo, el mercado y la jerarquía social.
Sostiene el sociólogo Ezequiel Saferstein que la nueva derecha busca disputar uno de los terrenos que históricamente identificó como dominados por la izquierda: la producción de sentido y la construcción de hegemonía cultural. La estrategia, plantea, no se limita a ganar elecciones ni a ocupar cargos institucionales: también busca formar intelectuales, ingresar a las universidades, producir libros, instalar discursos en redes sociales y disputar espacios culturales. “Si la izquierda hizo bien los deberes de conquistar la academia, los medios, las artes y la cultura en general, la derecha tiene que hacer lo mismo”, explica.
Saferstein, que es investigador del Conicet, desarrolla esta idea en El libro negro de la nueva derecha, un volumen que acaba de publicar Siglo XXI. Según plantea, esta estrategia de disputa no es percibida por sus protagonistas como una paradoja, sino que constituye una tarea militante. De allí el interés por espacios como las universidades y los centros de estudiantes, considerados lugares estratégicos para comenzar a formar nuevas generaciones de militantes e intelectuales que difundan un nuevo sentido común.
“La pregunta es qué significa esa rebeldía cuando convive con un programa que reivindica las desigualdades y las jerarquías sociales”, dice Saferstein.
La rebeldía
La llamada “batalla cultural» no se libra solamente en las instituciones. También se disputa en el terreno de las identidades, especialmente, entre jóvenes. Durante su investigación, Saferstein observó que en eventos como la Derecha Fest del 2024 la mayoría de los asistentes eran varones, y que muchos de ellos llevaban los libros para firmar del escritor, politólogo y divulgador de ideas de la nueva derecha Agustín Laje. El investigador advierte que no toda la estrategia de la nueva derecha depende de las plataformas digitales. Los libros y las editoriales cumplen una función central.
En aquel plano, el libro puede operar más allá de su lectura. Tenerlo, exhibirlo o incorporarlo a una biblioteca puede convertirse en una forma de identificación política. “Es un artefacto cultural que es significativo: hay que mostrarlo en la biblioteca, tenerlo”, explica.
Según el autor, en aquellos espacios de reunión, la incomodidad frente al feminismo funcionó inicialmente como un elemento de identificación y aglutinamiento. Señala que muchos de aquellos jóvenes encontraron una fuente de legitimación para poder propagar aquellas ideas en redes sociales, surgiendo como influencers políticos, luego escribiendo sus propios libros y alcanzando cargos en el gobierno.
Con el ascenso político de Milei, aquellos espacios se fueron transversalizando, alcanzando nuevos públicos, hasta generar la construcción de una identidad política. “Para mí termina siendo más fuerte la construcción de un ‘nosotros’ de derecha, separados del resto de la sociedad, que no es solamente una pura reacción”, sostiene Saferstein.
Ese “nosotros” incorpora también reivindicaciones de la idea de libertad y la desigualdad entendida como un motor del progreso individual. “Tiene un trasfondo de rechazo, pero también tiene una propuesta política y un horizonte de futuro, aunque no guste la idea”, señala.
Como lo plantea el autor, uno de los elementos centrales de esa identidad es la reivindicación de la rebeldía. La nueva derecha se presenta como una fuerza de confrontación contra el statu quo y con los consensos progresistas, se identifica antisistema y políticamente incorrecta. La pregunta es qué significa esa rebeldía cuando convive con un programa que, según Saferstein, reivindica las desigualdades y las jerarquías sociales. Para el autor, los proyectos económicos asociados a estas derechas favorecen a determinados factores de poder.
Según su interpretación, detrás de la disputa cultural existe también una concepción económica y social basada en el individualismo y el mercado. Por eso, la batalla cultural no aparece como un recurso utilizado únicamente para compensar las dificultades de un programa económico, sino que son parte de un mismo proyecto. La cultura, en este esquema, es una herramienta para disputar las ideas desde las cuales se interpreta la realidad económica y social.
¿Legitimidad o plagio?
La producción autoral de Javier Milei también forma parte de esta discusión. Consultado por las acusaciones de plagio que rodearon algunos de sus libros, como El camino del libertario, Saferstein señaló que las acusaciones no se limitan a sus publicaciones más recientes y recordó que también alcanzaron sus primeros libros, cuando todavía no ocupaba un lugar central en la política argentina.
Para Saferstein “la posición autoral de Javier Milei fue marginal en la academia económica”, pero encontró un contexto político favorable para expandirse hasta alcanzar la Presidencia.
El nombre del libro juega con el de El libro negro de la izquierda, de Nicolás Márquez y Agustín Laje. Consultado por el título, el autor aclaró: “No es un libro acusatorio, sino que se trata de un juego editorial, no aspira a ser ni una contestación ni a hacer lo mismo”.