Este sábado se estrena en el Gaumont «Soy ella», un documental sobre La Kalo. La película retrata a una persona trans, mucho más allá de su transformación hormonal: el mundo laboral, el familiar, el drag arman un rompecabezas que rompe estereotipos y prejuicios.
Éste sábado llega al Cine Gaumont Soy ella, la ópera prima de Cecilia Pinotti en coproducción con María Fernández Aramburu. El documental acompaña durante varios años a Milena Kalo Navun, conocida como La Kalo, y construye desde la intimidad un retrato sobre la identidad, la transformación y los vínculos. La película tiene 85 minutos y fue presentada este 2026.
Nada es menor ni azaroso en la selección de escenas de esta película. En sus primeros minutos se presenta el momento exacto en donde Milena decide hacer pública su identidad femenina en Facebook, a sus 27 años luego de atravesar ideas de suicidio. Y si bien podría entenderse como el puntapié para adentrarse en una vida transgénero, la decisión política es otra, observar un proceso de transformación a lo largo del tiempo sin pretensiones y con una mirada interseccional.
El documental logra con una destreza dinámica intercalar los muchos mundos que conforman a La Kalo. Su paso por el drag, su terapia de hormonización en Fundación Huésped, sus procedimientos médicos y estéticos, pero también su lado más íntimo y cercano al de cualquiera. Los conflictos familiares, las redes de contención, el pluriempleo, los problemas económicos, habitacionales y el amor.
Milena Kalo Navun es la protagonista de Soy ella, ópera prima de Cecilia Pinotti.
Pinotti logra acercarse en cada toma sin invadir y esto surge porque el proyecto responde a un vínculo desarrollado durante años con la protagonista, se llega a percibir en cada escena esa comodidad y confianza mutua. El documental logra una cercanía amable y respetuosa, conformada por más de cincuenta jornadas de filmación, que traspasa la pantalla.
“Tuve que luchar contra el perfeccionismo técnico; hay una escena que hicimos en la cocina de mi casa que ella me empezó a contar cosas y era mucho más rico lo que transmitía ahí que la perfección de los planos”, comentó la directora en la avant premiere.
La película acompaña la transición de Milena sin ser su tema central. Su rol como niñera, o su trabajo en una tienda de productos capilares, logran retratar su lugar como trabajadora, como cualquier otra que día a día busca solventarse y subsistir y que en el imaginario popular muchas veces no está contemplado para las personas trans.
“Me pone como una ciudadana más, y es como necesitamos que la sociedad nos vea -reflexiona-. Hubo un momento en el progresismo en donde lo que diga ‘la trava’ era palabra sagrada y no, si hay algo que demostró el tiempo es que ser trans no te saca lo facho, ser puto no te saca lo facho y ser cis tampoco te hace malo directamente. El feminismo vino a sacudirnos toda la estructura, y nos dejó abiertos todos estos debates que está bueno que encaremos”.
El documental se corre del relato del cliché, deja las luces y los shows como un complemento, de una vida mucho más rica y compleja, que supo encontrar en el sobrevivir lugares amorosos. La depiladora, que luego es invitada a su cumpleaños, la médica que acompañó su terapia hormonal, su “madre” y amiga del drag, su familia, su pareja. Pero también nos muestra las contradicciones y conflictos de su propia existencia frente a cámara. En una escena espontánea, Milena y su madre hablan de la denuncia que le hizo poco después de irse de su casa. Sin filtros ni cortes, la película nos hace testigos de una conversación pendiente, de una herida abierta entre madre e hija.
Su acercamiento al drag se presenta como un relato donde La Kalo cuenta sus primeros pasos de la mano de Elektra Trash y su escuela drag “Quiero ser un bicho, no solo una persona”, enuncia rodeada de vestuarios surrealistas y brochas de maquillaje. “Lo más cercano a la libertad que uno puede experimentar es esto”, dice.
La narrativa fluye entre las calles de tierra de General Rodríguez y el microcentro porteño. Los viajes “montada” en el transporte público, los shows, sus preparativos, y los mates en familia.
La explosión de sonido y color llega con el registro de las presentaciones de La Kalo en Trabestia, Diva, Deseo, Draga Paliza, La Rosada, Club Cultural Matienzo y la comedia “Develadas, En el hotel Las Lunas”, primera obra de teatro Drag Queen de Argentina en la que La Kalo mostró su perfil de actriz. Según la directora, “un poco buscaba ver qué pasaba con esa contracultura, con la noche, con aquella escena que era más de los 2000 y que se murió un poco”
Soy ella es un relato profundo y sensible que invita a caminar al lado de Milena y de La Kalo, que aunque habitan un mismo cuerpo tienen límites muy definidos y así quedó claro en la elección de su nombre, la Kalo es su trabajo, su perfo, su segundo nombre. Ser trans, artista, activista, laburante, hermana e hija, habitar el conurbano, ser amiga, novia y una diva en el escenario que, al dejar de estar “montada”, busca la calma sin la presión de la perfección. En constante metamorfosis y con una enorme creatividad y versatilidad logra transformar la basura en vestuarios extravagantes así como el dolor en aprendizaje.
«Vi la peli y me vi, sin verme a mí. Yo veo el recorrido de una persona que con todo en contra, aun así, busca el surco, la brecha dentro de un sistema que te quiere muerta y, a la vez, usar eso para sobrevivir. Encontré en mi recorrido un montón de gente increíble, encontré a Ceci, encontré ganas de seguir, me veo y digo ¡guau! Por esto también estoy viva y sigo»,-reflexionó La Kalo en la avant premier. Y agregó: «Dentro de la hostilidad, el acto político más revolucionario que podemos hacer es generar esas burbujas de contención, de amor y eso es contracultural».
Luego de su reconocimiento WIP en el Festival Cine de las Alturas, Soy ella participó del FICPBA ( Festival Internacional de Cine de la Provincia de Buenos Aires ) , tuvo dos proyecciones a sala llena en General Rodríguez y en el Centro Cultural Doña Ana de Matos de Luján y cerró con el Premio Género DAC a Mejor Directora de Largometraje de todo el festival a Cecilia Pinotti. Producción sumó el premio GUIAR a mejor guion documental.