Por Micaela Barale
Fotografía: Lucia De Marco

Convocados por la Fundación Protestante Hora de Obrar, religiosos evangélicos, especialistas, académicos y funcionarios bonaerenses debatieron sobre los aportes de la Ley de Educación Sexual Integral, sancionada hace dos décadas, en un contexto de severo desfinanciamiento del Gobierno Nacional.

Hace veinte años, hablar de educación sexual en las escuelas implicaba abrir una discusión que generaba incomodidad y resistencias. En la actualidad, las preguntas son otras. Con ese escenario de fondo, la Fundación Protestante Hora de Obrar realizó un encuentro abierto a la comunidad dividido en dos paneles.

El primer conversatorio trató sobre desafíos y oportunidades a 20 años de la sanción de la Ley ESI y fue encabezado por Mirta Marina (directora provincial del Área de ESI de la provincia de Buenos Aires), Graciela Morgade (vicedecana y docente de la Facultad de Filosofía y Letras), Iván Vivas (pastor vicepresidente de la Iglesia Evangélica Luterana Unida) y Leonardo Schindler (pastor presidente de la Iglesia Evangélica del Río de la Plata y presidente de la Federación Argentina de Iglesias Evangélicas). Frente a la idea de que la religión y la ESI son incompatibles, desde la iglesia se reafirmó otra mirada: “La fe no es incompatible con el cuidado del cuerpo, con el respeto por las personas y la diversidad”, afirmó el pastor Schindler.

En diálogo con ANCCOM, Marina aseguró que todavía hay dificultades para implementar la ESI en algunas escuelas e instituciones: “Las resistencias también tienen que ver con una actitud generalizada desde el Gobierno nacional en relación a los temas que la ESI trabaja y defiende. La desfinanciación además es muy importante, ya que ha ocurrido en la mayoría de las provincias argentinas y ha hecho que desaparecieran o que quedaran limitados al voluntarismo de las y los docentes proyectos, programas, recursos. Eso nos hace retroceder, es la puesta en duda de algunas cosas que considerábamos ya garantizadas”.

El debate también demostró la posibilidad de construir acuerdos mínimos entre actores con diversos bagajes para proteger a la ESI. Para Marina, “estos acuerdos no implican eliminar las diferencias, sino encontrar puntos comunes alrededor de cuestiones como el cuidado, el respeto y los derechos humanos”.

«Estos acuerdos no implican eliminar las diferencias, sino encontrar puntos comunes alrededor de cuestiones como el cuidado, el respeto y los derechos humanos”, dijo Mirta Marina.

Haciendo un balance de los 20 años de la ley, el panel coincidió en que la batalla ganada fue la conciencia que han ganado los niños y las niñas en las familias en cuestiones como poder poner límites, reconocer su propio cuerpo, cuestionar comentarios discriminatorios y no aceptar determinadas situaciones que antes estaban naturalizadas.

En cuanto a la implementación de la ley también se habló de tener en cuenta que con la cantidad de años que pasaron desde que fue promulgada se fueron modificando las preguntas a las que la ESI debe responder puesto que a los debates que acompañaron su sanción se sumaron nuevas problemáticas.

El segundo panel del encuentro, que se desarrolló el viernes pasado, contó con charlas sobre Masculinidades, adolescentes, varones y dinámicas violentas, expuesta por Marcelo Zelarrallán (miembro del Programa Provincial de ESI de la Provincia de Buenos Aires); Violencia en entornos digitales y retrocesos en los derechos de las mujeres y disidencias, expuesta por María Paula García (coordinadora de Igualdad y Diversidad en Amnistía Internacional Argentina) y por último, la Situación de las adolescencias en Argentina: cómo abordar sus principales problemáticas y necesidades, expuesta por Nayla Procopio (miembro del Fondo de Población de las Naciones Unidas).

Zelarrallán abrió el panel poniendo el foco en cómo la ESI debe actualizarse frente a las nuevas formas de vincularse desde las redes sociales. Planteó que “la violencia no aparece de golpe, sino que puede aprenderse y legitimarse a través de determinadas formas de masculinidad históricas, basadas en el control, la competencia y la dificultad para expresar sus emociones”. Siguiendo esa línea, destacó la importancia de diferenciar cuidado de control, trabajar el consentimiento y ofrecer a los varones otras formas de construir vínculos, pertenencia y reconocimiento.

García centró su exposición en cómo la violencia y las desigualdades de género también se reproducen y amplifican en los entornos digitales. Señaló que “los derechos conquistados no avanzan de manera lineal y que los retrocesos pueden aparecer por diversos factores”. Frente a esta problemática, destacó que “la respuesta debe involucrar al mundo adulto y a las instituciones, que se tienen que encargar de escuchar a los adolescentes sin culpabilizarlos, evitar reproducir el daño, trabajar con quienes ejercen y quienes presencian la violencia y generar herramientas preventivas”. En ese sentido, planteó que “la ESI sigue siendo fundamental para que niñas, niños y adolescentes puedan reconocer situaciones de violencia y saber dónde pedir ayuda”.

Por su parte, Procopio cerró el panel destacando que “las adolescencias no deben ser pensadas únicamente desde sus dificultades, sino también como protagonistas capaces de participar y proponer soluciones”. A partir de consultas con jóvenes, señaló que “uno de sus principales reclamos es contar con espacios seguros donde puedan ser escuchados y contenidos sin ser juzgados, que sus problemas sean tomados en serio y que puedan construir vínculos y participar en espacios comunitarios. En este marco, la ESI puede funcionar como una herramienta de escucha, detección y protección de derechos, ya que puede garantizar que haya un adulto que escuche, acompañe y ayude a activar los recursos necesarios”.

En línea con el debate sobre redes sociales, Manuel Curia (miembro de la Dirección de Programas de Fundación Huésped) comentó a ANCCOM que con el crecimiento de interacciones en entornos digitales “se genera una pérdida de espacios de encuentro, que produce que después volver a habitar espacios de intercambio y volver a tener compromiso con ciertas cuestiones sea más difícil por la dificultad justamente de ir a encuentros presenciales con distintas personas”.

En cuanto a cómo reciben hoy los jóvenes a la ESI declaró que “un gran porcentaje la considera importante, son muy pocos los que consideran que no lo es y menos los que declararon no haber recibido ningún tipo de contenido con respecto a la ESI. Sin embargo, lo que sí hay que hacer es desglosar e intentar profundizar un poco más, está este llamado entre los adolescentes de que quizás necesitan recibir los contenidos de otra manera o abordando otras temáticas”.

El aniversario no fue presentado solamente como una celebración. Al finalizar también apareció la advertencia de que los avances conquistados no están garantizados de manera definitiva. La frase “nada está escrito en piedra”, se planteó durante el encuentro, en referencia a la necesidad de sostener y defender los consensos construidos durante estas dos décadas.