Correpi presentó su nuevo informe sobre violencia institucional. En los primeros dos años del gobierno de Milei hubo más de un millar de asesinatos cometidos por agentes de las fuerzas policiales. Se relevaron 42 casos de gatillo fácil por mes. La referente de la organización, María del Carmen Verdú, analiza la cuestión.
María del Carmen Verdú, abogada y referente de la Coordinadora contra la Represión Institucional y Policial (CORREPI), analizó junto a ANCCOM el cambio de las políticas de represión estatal en el gobierno de Milei y sus implicaciones para la sociedad argentina en su conjunto.
El punto de partida del diálogo fue el último informe presentado por la organización. Allí se detalla que en los primeros dos años de la gestión del presidente Milei se han registrado más de un millar de asesinatos cometidos por agentes de las fuerzas policiales y que el actual gobierno es el que más ha reprimido desde el retorno de la democracia en la Argentina. Según los datos provistos por la organización, actualmente tienen lugar 42 casos de gatillo fácil por mes. El informe además denuncia una serie de reformas judiciales que debilitan las garantías constitucionales de los ciudadanos, especialmente las dirigidas a limitar la actividad de organizaciones políticas y sociales en el marco de manifestaciones. CORREPI plantea que si estos porcentajes se mantienen el número de muertes superará notoriamente a los registrados durante las gestiones de Mauricio Macri y Alberto Fernandez.
—¿Cual es la coyuntura actual respecto a la violencia institucional?
—En el gobierno actual se ha producido un incremento sustancial de todas las formas represivas pero con una característica que lo diferencia: no se limita a la práctica represiva sino que hay una transformación normativa profunda, tanto en las leyes orgánicas de las fuerzas como en los códigos penales procesales y dictado de leyes específicas en este campo. Esto nos llevó a plantearnos una definición distinta y establecer que el objetivo es destruir derechos y garantías. Te privan de la posibilidad de defenderte una vez perjudicados esos derechos. Es una situación nunca antes vista en democracia. Incluso en sectores donde esto no era percibido como una posibilidad. Solo en la ciudad de Buenos Aires hubo más de 400 detenidos en el marco de manifestaciones.
—Mencionaste que había sectores que no lo percibían como un problema.
—El tema de las detenciones arbitrarias y las averiguaciones de antecedentes es algo con lo que CORREPI viene luchando desde hace años. Lo que pasa es que hasta ahora era una problemática que se daba en sectores vulnerabilizados y que no era percibido por un pibe bien vestido, de clase media perteneciente por ejemplo a un ámbito universitario.
Frente a un enemigo de semejante calaña como lo que enfrentamos hoy, aprendí a dejar de lado esas discusiones que tanto nos gustan a los zurditos y zurditas, donde podemos llegar a estar 14 horas matándonos para caracterizar la huelga de mineros de Chechenia en vez de ir a trabajar sobre los acuerdos y buscando dar las respuestas concretas que necesitamos en cada momento. No hay una organización que pueda asumir sola la lucha frente a la represión estatal. ¿Qué importa si el que tengo que defender es trotskista o peronista?
—¿Cuáles han sido los cambios legislativos más relevantes en esta materia?
—Lo primero obviamente es el protocolo antipiquetes con efecto inmediato en la represión en manifestaciones. Se amplió el conjunto de facultades de las fuerzas de seguridad, se repuso uno central que es el uso de arma de fuego, que había sido derogado en la gestión anterior y que habilita a usarlas contra personas en cualquier circunstancia sin que necesariamente la persona plantee una amenaza. Esto es contrario a los convenios internacionales a los que Argentina está adscripta, como el Código de Conducta para Funcionarios de la Ley de Naciones Unidas, entre otros. Han creado un montón de mecanismos de coordinación entre fuerzas federales y locales, como lo vemos en la práctica miércoles a miércoles en el Congreso, cuando reprimen con uniformes de catorce colores distintos, hasta el Servicio Penitenciario está con un camión en la calle. Se ampliaron también las facultades de la SIDE, se la habilitó a realizar detenciones sin intervención ni supervisión judicial de ningún tipo. Eso por el lado de decretos y resoluciones. Por el lado legislativo, se modificó el sistema de reincidencia, con lo cual es mucho más difícil obtener una salida alternativa a la prisión preventiva frente a un delito leve si hay una causa previa con condena. Pero además inventaron la reiterancia, que es lo mismo que la reincidencia, solo que no requiere que haya una condena previa, sino una causa previa. Te detienen en una marcha, salís en libertad, el proceso continúa, nunca te vuelven a citar o incluso quizá archivan la causa. Sin embargo, la detención quedó registrada. Si te detienen una segunda vez, podés no salir en libertad, si el juez lo plantea. Hubo un caso en Mendoza donde un dirigente del PO (Partido Obrero) fue detenido en dos manifestaciones con meses de diferencia y debió aceptar un juicio abreviado por una condena mínima“
—Hay también un cambio en la retórica, más radicalizada.
—Te pongo un ejemplo bien concreto: Aníbal Fernandez, un personaje contra el que hemos batallado durante años, cada vez que estuvo a cargo del área de seguridad, cuando era ministro, la policía provincial en Arroyito, en Neuquén, fusila al docente Carlos Fuentealba yéndose de la movilización, ¿Qué dijo Aníbal Fernández en ese momento? “Vamos a investigar hasta las últimas consecuencias”. ¿Qué hicieron Patricia Bullrich, Milei, Monteoliva, la vicepresidenta, desde el Gobierno nacional y desde el Gobierno de la Ciudad cuando pasó lo de Pablo Grillo? Salieron a decir que fue un tiro perfecto. Lo salieron a matar, diciendo que se lo merecía por ser un militante kirchnerista, como si eso fuese un delito.
—¿Tu experiencia personal también influye en cómo analizas estos sucesos?
—Sí, sí. Yo ingresé a la facultad en marzo del 76 y me recibí en el 83, así que me comí la dictadura completa en la Universidad. Me permitió aprender un montón de cuestiones de seguridad de la vida cotidiana, de cuidados personales, que son útiles al día de hoy. Por sobre todas las cosas, lo que me enseñó fue la necesidad de, frente a situaciones tan extraordinarias de un enemigo de semejante calaña como lo que enfrentamos hoy, aprender a dejar de lado esas discusiones que tanto nos gustan a los zurditos y zurditas, donde podemos llegar a estar catorce horas matándonos para caracterizar con precisión la huelga de mineros de Chechenia en vez de ir a trabajar sobre los acuerdos y buscando dar las respuestas concretas que necesitamos en cada momento. No hay una organización que pueda asumir sola la lucha frente a la represión estatal. ¿Qué importa si el que tengo que defender es trotskista o peronista? Es imprescindible, por un lado, sostener la pelea cotidiana, las calles, la movilización, no largar en absoluto la presencia y la protesta, pero por el otro lado también que se deje todo el mundo de discutir cuestiones sin importancia con la coyuntura actual. Vos fijate con el tema que te mencionaba antes de la enorme cantidad de detenciones en marchas y movilizaciones. No hay organización que pueda bancar sola, asumir todas esas defensas por sí sola.