En la película «Barreda», la actriz Maite Lanata -también estudiante de Ciencias de la Comunicación- interpreta a Cecilia, una de las hijas asesinada por el odóntologo que conmocionó al país con su cuádruple crimen en 1992. La responsabilidad de aportar perspectiva de género a un relato construido por una sociedad patriarcal.
Actriz y estudiante de Ciencias de la Comunicación en la UBA, Maite Lanata, conocida mayormente por sus interpretaciones en El Marginal y 100 días para enamorarse interpreta a Cecilia en la película Barreda, estrenada el pasado veintiocho de agosto y disponible en Amazon Prime Video. En diálogo con ANCCOM, reconstruye el proceso de creación del personaje y reflexiona sobre la representación mediática del femicida y el cambio de mirada social que implica pensar el caso desde esa perspectiva.
Antes de convertirse en Cecilia, Lanata tuvo que reconstruir quién era Barreda a partir de lo poco que había quedado en el imaginario colectivo: representaciones ficcionadas, entrevistas viejas del propio Barreda y la investigación judicial que hay detrás del guion.
“Lo fui conociendo a medida que hacíamos la película. La verdad que lo poco que sabía de él, era a través de ficciones que se habían hecho del caso de «Conchita». Una de ellas fue en «El Marginal», que trajeron el caso un poco satirizado. Y también después otra relación que vi fue en una novela llamada «Viudas e hijos del Rock & Roll», en donde a Luis Machín, el mismo que hace ahora de Barreda, en algunos episodios su mujer le decía «Conchita». Pero la realidad es que había visto muy poco de él y empecé a leer muchas entrevistas, a ver cómo él se refería a ellas con una frialdad muy tremenda. Con eso y también con el guion, empezó la construcción de esas escenas, con mucha investigación de fondo, no solo de lo mediático, sino también de los testimonios que hubo en el juicio de amigas y demás personas”, recuerda la actriz.
Correr el eje hacia las víctimas
—La película elige no continuar el relato de víctima que Barreda construyó junto a su abogado y que en su momento convalidaron la Justicia y los medios.
—Era muy directa la mirada que quería tener la directora, Daniela Goggi, acerca de la película. Entonces ya había una bajada muy marcada de cuál era la perspectiva que le querían dar. Era una perspectiva enfocada en las víctimas, no en el relato en donde Barreda es una víctima. La idea era construir esa verdad, que en la ficción se construye contando desde otro eje, algo que también parte mucho del imaginario, porque se sabe muy poco de las víctimas. Hay algo muy marcado de cómo los medios, al principio, dicen que es un asesino, pero después cuando el caso se mediatiza, empieza a garpar mucho más la idea de él como víctima, atrae mucho más a la sociedad, es más amarillista, es más atrapante, ya lo ven como algo más mediático y se popularizó mucho más. Era un cuádruple asesinato y no parecía tener ningún enganche para la sociedad y de repente, por estrategia de los abogados y por cómo los medios agarraron eso y se dieron cuenta de que llamaba la atención, empiezan a construir a la víctima, al humillado, a la persona alejada de la familia, que mata por venganza, que pudo matar a la suegra, algo que “todo hombre quiere”. Todos discursos que llevan a dar vuelta la perspectiva que se podía llegar a tener del caso. Una perspectiva que podía ser mucho más neutral pasó a ser algo completamente para el otro lado.
—¿Qué hiciste para conocer mejor a Cecilia, tu personaje?
—A mí se me empezó a visualizar a Cecilia como una persona real a partir de que pude comunicarme con una amiga de ella. Me animé y le escribí por Instagram y ahí fue cuando se me materializó mucho más una vida real detrás, donde la amiga me contaba que la buscaba por su casa para ir al colegio y que tenía todos sus rulos sueltos al aire pero que odiaba sus rulos y demás. Me contó ciertas cosas que, más allá de si las llevamos o no a la película, me servían a mí para crear un poco más ese mundo interno del personaje. Pero previo a eso sí, sentía que era un personaje completamente construido desde la ficción como cualquier otro personaje que no tiene un paralelo con la realidad. Porque realmente cuando uno buscaba a Cecilia Barreda en internet, había muy poco, había que rascar muchísimo para poder encontrar un poco de ella.
—¿Algo de lo que le contaron esas amigas modificó la idea que tenía construida del personaje?
—No tenía idea previa en realidad. La verdad es que no la teníamos por la poca información que había. Entonces creí que podría haber hecho un personaje a partir del imaginario y sin embargo, pude dar con un testimonio que me pudo contar algo más real de ella. Amazon quizás da una bajada y quiere qué tal o cuál personaje tenga tales o cuáles condimentos para que sea más atrapante, más allá de los hechos verídicos o no. Entonces, uno está avalado por la ficción y me parece también que se resguardan con la primera frase que aparece en la película de «si el asesino mató a todos, ¿quién cuenta la historia?», eso te lleva a que todo lo que estamos contando puede o no ser real. Estamos contando una perspectiva en la que tenemos que inventar mucho porque el asesino mató a todas las personas que podrían haber tenido voz para poder contar otra historia. Entonces, más allá de si hay testimonios de amigas, las amigas no saben qué pasaba en esa familia en lo privado.
Lo que enseña estudiar Comunicación
Lanata también cursa Ciencias de la Comunicación en la UBA —la facultad a la que pertenece esta agencia de noticias— y ese recorrido académico terminó siendo una herramienta extra para pensar cómo se sostienen los relatos mediáticos a través del tiempo.
—La verdad es que la facultad me sirvió muchísimo para darme cuenta de cómo se puede sostener un relato por tantos años, que los medios lo hayan sostenido y que la sociedad lo siga sosteniendo hasta hoy. Hasta lo siguen sosteniendo personas que tienen perspectiva de género y no están de acuerdo con eso. Lo veo en mí, lo veo en Margarita Páez que interpreta a Andrea, mi hermana que tiene veintidós años, en un montón de personas más que no fueron contemporáneas de la mediatización de ese caso y, sin embargo, no tendrían una lectura clara si no hubiésemos hecho la película. Nosotros no teníamos una lectura con perspectiva de género del caso, porque fue mediatizado en una época y contexto distinto. Si lo vemos con el prisma de hoy, ahí nos damos cuenta la cantidad de cambios culturales que hubo. Yo creo que tranquilamente lo primero que pude haber dicho fue: “Ah, el tipo humillado que mató a su familia». En el recuerdo lo hubiese relatado de esa forma sin pararme a pensar: ‘Estoy diciendo algo raro, ¿no?.`
—¿Hay algo de los contenidos de tu carrera que te dio una perspectiva particular?
—Me acuerdo que en las primeras materias de la cursada, como Teorías y Prácticas de la Comunicación, cuando hablábamos de “la teoría de la aguja hipodérmica» que era un modelo de comunicación que afirma que los medios de masas inyectan mensajes directamente en la mente de un público pasivo y sin capacidad de resistencia una pensaba «¡Qué tontada esto!». Sin embargo, pasados los años, siento que hay que volver a retomar esa teoría. ¿Por qué? Por los algoritmos que estamos teniendo cada uno de nosotros, tan personalizados en las pantallas, por la hipermediatización que tenemos y demás. Me doy cuenta con esta película cómo la información que me llega, hasta el orden de los comentarios de un posteo, es distinta a la que pueda tener, mi compañero «facho», el que dice «aguante Barreda». Esa persona, seguramente en los comentarios que tiene debajo de un posteo de Barreda, encuentra sus pares, encuentra a personas que le van a brindar información que es la que él quiere leer en base a sus gustos, en base a sus limitaciones, a sus sesgos y yo, con los míos. Entonces dije, “¡qué locura! Terminamos retomando ciertas teorías que creíamos ya muertas”.
—¿El concepto de femicidio te aportó para pensar el caso?
—A partir de que aparece la palabra femicidio empiezan a reconocerse casos a través de las víctimas. Si este caso sucediese en el 2026, no lo conocerías tanto por el nombre de la persona que mata a estas cuatro mujeres, sino por el de las mujeres. Y creo que se divulgaría muchísimo más las vidas de estas mujeres. Esa poca o casi nula información de la vida de estas cuatro mujeres hizo que también se deshumanice a esas personas. Por suerte nos queda muchísimo más por crecer, por cambiar, en cuanto a perspectiva de género, pero a través del cambio que ya hubo, cuando se cuentan las historias de estas mujeres en el 2026 en la televisión, vemos fotos de estas mujeres, audios de sus amigas, entrevistas a ellas… tanto los medios como los periodistas van a otro lado, no van al femicida. Obvio que existen ciertos entrevistadores amarillistas pero ya son los menos. Incluso hoy las preguntas que hacen los propios periodistas acerca de esta película también son atravesadas por perspectiva de género. Al humanizar a las víctimas, la sociedad también empatiza mucho más con ellas. Antes era casi imposible que la sociedad empatice con estas cuatro mujeres que ni se conocían los nombres. Por ejemplo con Cecilia y Adriana Barreda no diferenciaban quién era la más grande, quién era la más chica. No tenían entidad, identidad, ninguna de estas cuatro mujeres.
Nunca se había puesto en duda el término Conchita, sino que siempre se sostuvo. Entonces ahí me doy cuenta de que la ficción a veces puede hacer justicia.
—¿Esta película aporta a un nuevo cierre del caso, a una reparación?
—Para mí se repara muchísimo algo que el periodismo y la Justicia no pudieron hacer en su momento. Por ejemplo Inés Kraimman, la amiga de Cecilia que me ayudó a construir el personaje, estaba muy contenta con la película que se filmó y hasta me dijo que, si bien hay cosas en las que Cecilia no era tan así, ella estaba orgullosa de que por lo menos se haya puesto en duda el término «Conchita». Eso es un avance enorme porque nunca se había puesto en duda, sino que siempre se sostuvo. Entonces ahí me doy cuenta de que la ficción a veces puede hacer justicia. La ficción, los documentales, los proyectos culturales y demás, pueden dar un mensaje con otro prisma, con otros ojos.
—¿Qué te gustaría que quedara de Cecilia en la memoria de quienes hasta ahora, solo conocían a Barreda?
—Me gustaría que se recuerde a todas las mujeres de esa casa. Quiero que se queden con sus nombres, con el hecho de saber que tenían una identidad, con las risas de ellas, que eran chicas alegres, inocentes, me quedaría más con eso, con esa frescura que tenían estas mujeres. Con proyectos, con sueños, con toda una vida por delante. Escribí un poema para el estreno en primera persona, como Cecilia, que dice: “Cuando pienses en mi, no me recuerdes en esa foto congelada en blanco y negro de las noticias. No me busques en el morbo de los diarios que durante tantos años repitieron la versión de mi papá. Recordame con mis rulos indomables, acordate de cuando íbamos al cole juntas, de cuando escuchábamos música a todo volumen, de lo orgullosa que estaba con haberme recibido. Acordate de mi risa… lista para comerme el mundo.”