La facultad de Ciencias Sociales recibió a Alejandro Dolina en un auditorio repleto de admiradores, para acompañarlo en el acto de entrega de su título Honoris Causa. Junto a su amigo y compañero Gabriel Rolón ofrecieron una charla que iluminó la sala de reflexiones, humor y creatividad. ANCCOM estuvo presente y conversó con el premiado antes de convertirse en Doctor.
La Universidad de Buenos Aires otorgó el 3 de septiembre el título Honoris Causa al escritor, músico, conductor de radio, de televisión, filósofo y actor argentino Alejandro Dolina en un auditorio de la Facultad de Ciencias Sociales repleto que estalló en aplausos al grito de “maestro, maestro”.
El artista fue acompañado en la mesa por el Rector de la Universidad de Buenos Aires, Ricardo Jorge Gelpi; Larisa Kejval, directora de la Carrera de Ciencias de la Comunicación de la Facultad de Ciencias Sociales, desde donde se impulsó el título; el vicedecano y decano electo de esa Facultad, Diego De Charras; Miguel De Luca, director de la carrera de Ciencias políticas y Felipe Delaterra director del Ciclo Básico Común (CBC) de la Universidad. Kejval, destacó esencialmente el impacto de su obra en la cultura popular, dando inició al sinfin de razones que llevaron a doctorar con el título honorífico a Dolina.
Dolina publicó obras como Crónicas del Ángel Gris, El libro del fantasma y las novelas Cartas marcadas y Notas al pie. Desde 1985 conduce programas de radio y es especialmente reconocido por La venganza será terrible, uno de los ciclos más importantes, longevos, y legendarios de la radio argentina.
Dolina tomó la palabra en el auditorio y agradeció en especial a sus compañeros, a quienes considera fundamentales en el camino del conocimiento y de la vida. En esta ocasión, quien subió al escenariol fue Gabriel Rolón, psicólogo, psicoanalista y escritor que participó hasta 2007 del exitosísimo programa radial La venganza será terrible; programa que consolidó lo que ellos reconocieron como “una larga y linda amistad”. Así ofrecieron al recinto una entrevista casi teatral, con risas y reflexiones que el público disfrutó entre carcajadas y aplausos. Rolón tomó el rol de evaluador de tesis buscando que Dolina argumentara la investigación de su doctorado. Pregunta a pregunta se pasó por todos los temas de la obra de Dolina: La poesía, el arte, la música, el amor, el deseo, la ciencia y el conocimiento; en las palabras del escritor “lo que a nadie le interesa”.
Antes de ese encuentro y en la previa de la ceremonia, ANCCOM pudo entrevistar en exclusiva a Dolina. Allí, el escritor habló sobre la distinción que estaba a punto de recibir, su trayectoria y su mirada sobre el conocimiento y la universidad pública en tiempos en que ambos se encuentran nuevamente en discusión.
¿Qué significa para vos que, después de tantos años y de hacer proyectos tan variados, que sea la UBA y especialmente la Facultad de Ciencias Sociales la que decida reconocer tu trayectoria?
Significa, antes que nada una sorpresa, un acontecimiento inesperado y venturoso, aunque es un suceso que desata una especie de tormenta de dudas. Uno se pregunta si realmente será merecedor de esto, si es legítimo que lo acepte. Bueno, todas esas prevenciones burguesas, si se quiere que uno las tiene acerca de lo que es un premio, lo que es el merecimiento, de lo que es la justicia, de lo que no lo es. En fin, de cualquier manera, en lo personal no deja de agradarme mucho, salvo con las dificultades que el tiempo acarrea. Cuando uno ha vivido lo suficiente como para haber perdido muchos seres queridos, estas alegrías, uno piensa que pudieron haber sido sentidas por otros mayores, que las hubieran disfrutado más que uno, y sin embargo no las pudieron disfrutar. Todas esas circunstancias y pensamientos de ida y vuelta, que diría que son menores, porque son casi inevitables, a cualquiera le pasaría por la cabeza. Quiero decir, no me pasan, no tengo sensaciones demasiado personales ni demasiado interesantes, sino demasiado previsibles para alguien que se ha dedicado toda la vida a estas cuestiones artísticas y que no ha hecho otra cosa que dudar acerca de la legitimidad de su obra. Esta es una ocasión más para dudar de eso.
Cuando mirás todo lo que hiciste, ¿hay algo que sientas especialmente propio o de lo que estés más orgulloso? ¿Y hubo algo que hayas disfrutado más hacer?
Posiblemente, pero también aparece en este mismo instante la sensación de que no es prudente contestar afirmativamente. Pero lo que sí puedo decir es que tampoco es correcto renegar la propia obra como si uno hubiera podido hacerla mejor, como si esas obras no fueran dignas de uno mismo, como si uno fuera mejor que sus obras. Uno dice, bueno, esta novela no está del todo bien, eso significa que uno se considera por encima de esa obra. Y creo que eso está mal. En todo caso, algunas páginas me han salido más o menos bien, y lo que sí puedo asegurar es que todas han sido lo mejor que yo podía hacer. Creo que sí, estoy orgulloso de algunas obras. He sido feliz haciendo algunas de ellas. Y he sufrido mucho para hacer otras. En general, yo prefiero las que se han hecho en grupo, como podrían ser La Opereta o incluso el programa de radio, si es que puede considerarse una obra. Desde luego, yo me he entrenado mucho más para escribir, y escribir se hace en solitario, pero se hace sufriendo, se hace en soledad, lleno de tribulaciones. En cambio, las obras que se hacen en forma colectiva tienen el disfrute de la amistad.
Las obras que se hacen en forma colectiva tienen el disfrute de la amistad.
Después de una trayectoria tan larga, ¿todavía hay algo que tengas ganas de hacer y que no hayas hecho?
Sí, claro. A mí me gustaría mucho hacer algo en el cine. Yo he hecho alguna pequeña cosa, muy mala realmente, y eso puedo decirlo porque no dependía exclusivamente de mí. No estoy renegando de mis obras, he trabajado pésimas películas. Hoy me gustaría mucho que alguna parte de las cosas que yo he escrito pudieran ser pasadas al cine, o que alguien me llamara para escribir para el cine, o incluso para actuar en el cine. No ha sucedido realmente.
¿Hay algo que en algún momento te ofrecieron, rechazaste y hoy pensás que quizás tendrías que haber aceptado?
No en ese sentido. Yo soy poco propenso al arrepentimiento. Casi por razones filosóficas. El arrepentimiento genera nuevas conductas con propósitos de enmienda, con modificaciones a la vida de uno, aunque sean teóricas. Yo soy supersticioso. Cuando uno no conoce algunas de las circunstancias del universo, “no fuerces las iniciales” como decía el Marqués de Sotomayor, significa que conociendo las posiciones de todas las partículas del universo en un momento dado, era posible conocer todas las posiciones anteriores y todas las posteriores. Quería decir que había un determinismo en la historia. Y según ese criterio, si uno cambia algún dato del pasado, inmediatamente se cambian todos. Entonces, cuando me preguntan, ¿no le hubiera gustado trabajar en el cine? Si en vez de trabajar como escritor de notas en la revista Humor, cambiara eso por una película. Y bueno, a lo mejor hubiera generado algún tipo de desastre, así que prefiero no arrepentirme.
A lo largo de tu carrera construiste muchos de tus propios espacios y formatos, compartidos y de forma autogestiva. ¿Qué te permitió esa independencia y qué dificultades te trajo?
La independencia es una consecuencia virtuosa. A mí nunca me llamaron para hacer nada, ni me ofrecieron lo que se llama una oportunidad. Y las cosas que pude hacer, las hice en virtud a esfuerzos propios, a veces con ayuda de personas de a pie, pero jamás ninguna institución, ni ninguna radio, ninguna emisora, ninguna marca, ningún mecenas, me ofreció absolutamente nada.
Las cosas que pude hacer, las he llevado adelante yo mismo, con mis propios recursos y mis propias amistades, que no eran gente poderosa. Así nació La venganza será terrible. No nació de una decisión de un empresario radial, sino que nació de una iniciativa de un grupo de muchachos, amigos, que fueron finalmente a conseguir, que le dieran un horario a la una de la mañana. Entonces, lo que generó es un permanente juego independiente, solo y principalmente porque no hubo nadie que se ofreciera y que pusiera en riesgo esa independencia.
Con Gabriel Rolón compartiste muchos años de radio, ¿cómo cambió tu relación desde esos primeros años de radio hasta hoy?
No ha cambiado, hemos sido siempre muy amigos y la nuestra es una relación llena de fe. Él ha tenido una evolución artística muy considerable, y lo ha hecho con mucha perseverancia, con mucho trabajo. Las personas que han estado en el programa de radio conmigo han sido bastante perseverantes y permanentes en su lugar. Y Rolón es uno de los que se ha ido por buenas razones, se fue para hacer su propio proyecto. Lo hizo de forma consciente, continua, trabajosa, estudió, aprendió, construyó. Y en cierto modo es un ejemplo, yo no trabajaría tanto como él, por ejemplo. Si uno trabaja mucho, logrará ser como Rolón.
Volviendo al Honoris Causa, y al momento que está pasando la universidad pública, siendo tan discutida y cuestionada en varios aspectos ¿Por qué creés que es importante defenderla? ¿Y qué cosas considerás que pierde una sociedad cuando empieza a preguntarse para qué sirve una universidad pública?
Podríamos decir lo siguiente: el ser humano, considerado un sistema en un entorno, tiene elementos que le sirven para enfrentar la incertidumbre del entorno. Lo vivo quiere seguir viviendo, y lo oculto quiere seguir pensando. A mí me parece que el pensamiento, la acumulación de conocimientos, el construir una representación de la realidad, el crear cosas entra en un universo artístico. No son contingencias casuales, sino que son tan decisivas en el momento en que un sistema se enfrenta al entorno. Tan decisivas como, por ejemplo, tener piernas para huir de los depredadores, tener ojos para ver la realidad y poder seguir vivos, tener elementos para incluso marcharse del entorno, y hasta para modificar el entorno. La parte culta, que va más allá de brazos, piernas y ojos, es tan importante como la otra. Para comprender cuál es la constitución de la realidad, pero más todavía, para construir, a partir de ese pensamiento, universos de creación ficticia que producen sensaciones a las que llamamos arte, a las que llamamos poesía, a las que llamamos música. Eso sirve para seguir vivos. Y la universidad sirve para adiestrar a las personas en el uso de esas bendiciones que la naturaleza nos confiere. Para ejercitar el pensamiento, para hacerlo florecer en conclusiones, pero también en creaciones, elementos artísticos. Para decirlo de una vez, el universo tiene pocas buenas noticias, podríamos notar, son el amor, el conocimiento, el arte. Si a uno lo privan, o si lo que llamados Estados nacionales, no fomentan aquellos foros en donde se adiestra el pensamiento, se adiestra la creatividad y la posibilidad de hacer relaciones y representaciones, dejamos a la población huérfana de posibilidades y le privamos de un bien legítimo. Es que uno debe tener derecho al bien cultural.
¿Qué otorga la cultura?
La cultura es un bien. Uno es más feliz, uno ama mejor, uno tiene más posibilidades de seguir viviendo y de vivir con calidad. Es que por distintas razones uno no puede acceder a la cultura, porque no tiene buena alimentación, porque no tiene buena salud, porque no hay escuelas, porque empieza todo a construirse en forma privada y entonces solamente algunos, los poderosos, tienen acceso a eso. Estamos construyendo una sociedad bastante peor, bastante más pobre, en el peor sentido. Ir a la universidad hace mejor la vida, uno es más feliz. O tiene más puertas abiertas para llegar a la felicidad. Es peor el mundo no yendo a la universidad.