Por Lucrecia Roncoroni
Fotografía: Gentileza Fuerza Chunkana, Milagros Gonzalez / ARCHIVO ANCCOM

La mujer cordobesa condenada a prisión perpetua acusada de homicidio agravado por el vínculo tras la muerte de su bebé, logró revertir el fallo que la mantuvo durante 14 años en prisión.

El pasado martes el Tribunal Superior de Justicia de Córdoba puso un punto final a los padecimientos de Paola Verónica Ortiz, una mujer cordobesa que tuvo una emergencia obstétrica en octubre de 2012 y fue injustamente condenada a prisión perpetua acusada de homicidio agravado por el vínculo tras la muerte de su bebé.“La libertad de Paola no apareció de un día para otro. Fue posible porque hubo una mujer que resistió durante casi catorce años, una defensa jurídica que insistió y un movimiento feminista que se negó a aceptar que una sentencia firme significara una injusticia intocable”, cuenta a ANCCOM Eugenia Altamirano, psicóloga de Paola e integrante de Fuerza Chucana, la organización que la acompaña.

 Litigio feminista

 “La lucha feminista permitió volver a mirar el caso desde otros lugares: desde las desigualdades de género, las violencias que atravesaron su vida, la pobreza, las dificultades de acceso a la salud y la forma en que una emergencia obstétrica terminó siendo abordada exclusivamente desde el castigo penal”, explica Altamirano.

 El recurso de revisión presentado en abril de 2024 obtuvo su respuesta casi dos años y medio después. Paola llevaba presa, sin pruebas, 13 años, 9 meses y 26 días al momento de su liberación.

 “La libertad de Paola es el resultado de un proceso muy largo, que tuvo una dimensión jurídica fundamental, pero también una dimensión política, comunitaria y feminista que no puede desconocerse. Sus abogadas realizaron un trabajo enorme para revisar una causa que durante muchos años parecía cerrada. Pero, al mismo tiempo, se fue construyendo una red alrededor de Paola para que su historia deje de permanecer aislada dentro de una cárcel y de un expediente judicial”.

 Como el emblemático caso de Belén, la libertad de Paola se construyó artesanal y comunitariamente: “Fuerza Chuncana tuvo un papel muy importante en la construcción y el sostenimiento de esta red. Reuniendo saberes jurídicos, psicológicos, políticos, comunitarios y territoriales que expresa una manera de hacer feminismo desde nuestros territorios: construir redes, disputar sentidos y acompañar situaciones que muchas veces permanecen invisibilizadas por la distancia de los grandes centros urbanos y por las desigualdades estructurales”, describe la psicóloga.

´Libertad en plural

 A un mes del 39° Encuentro Plurinacional de  Mujeres, Lesbianas, Travestis, Trans, Bisexuales, Intersexuales y No Binaries, cuya sede será Córdoba, la lucha dio frutos: “El camino al Encuentro Plurinacional tuvo una importancia política y simbólica enorme. En ese trayecto empezó a circular con mucha fuerza una consigna: `Queremos a Paola libre y la queremos en el Encuentro´. Esa consigna permitió que su situación dejara de ser comprendida como un hecho individual y se transformara en una demanda del movimiento feminista y transfeminista. Se realizaron actividades culturales, encuentros, intervenciones y acciones de visibilización”, relata Altamirano.

            El nombre de Paola comenzó a circular en diferentes espacios y su historia fue reconocida como parte de una problemática mucho más amplia: la criminalización de mujeres por emergencias obstétricas. “Llegar al Encuentro Plurinacional con Paola en libertad tiene una fuerza enorme. Demuestra que la organización colectiva puede transformar situaciones que parecían inamovibles”, reflexiona.

 Paola Ortiz decidió hacer público su nombre para que su historia deje de ser contada por otros perpetuando su revictimización, el primer paso a la justicia fue recuperar su voz, ahora, explica su psicóloga el camino es recuperar su intimidad.

 

El camino a la reparación

 “Recuperar la libertad después de casi catorce años de encierro supone un proceso enorme. No se trata simplemente de atravesar la puerta de una cárcel y retomar la vida anterior. El mundo cambió, los vínculos cambiaron y también cambiaron muchas de las condiciones cotidianas de la existencia”, reflexiona la psicóloga de Paola Ortiz. Y señala: “Ahora comienza un proceso de adaptación a la vida en libertad, de recuperación de decisiones cotidianas, de reconstrucción de vínculos y de elaboración de proyectos propios. Ese proceso necesita tiempo, cuidado y respeto. No luchamos para decirle qué hacer con su libertad. Luchamos para que pudiera recuperarla y ejercerla”.

 Paola Ortiz tenía 29 años cuando fue criminalizada por tener un parto en avalancha sin asistencia médica

 

-¿Cómo repara el Estado una vida robada por el abandono y la injusticia?

 -La autonomía no depende únicamente de la voluntad individual. Para poder elegir necesitamos condiciones materiales y sociales concretas. Necesitamos vivienda, ingresos, acceso a la salud integral, posibilidades de estudiar o trabajar, redes afectivas, espacios comunitarios y condiciones de seguridad. Por eso sostenemos que la reparación debe ser integral. No alcanza con abrir la puerta de la cárcel después de casi catorce años y esperar que una persona reconstruya sola todo lo que el encierro afectó o destruyó.

 

Las otras Paolas

 “El caso de Paola abre una discusión muy importante. Nos obliga a revisar cómo actúan el sistema de salud, el sistema judicial y el sistema penitenciario frente a las emergencias obstétricas, especialmente cuando se trata de mujeres atravesadas por violencia, pobreza y desigualdad”, adelanta Eugenia Altamirano.

 La obtención de justicia para Paola es un caso modelo en Argentina que no solo resignifica su historia sino también sienta jurisprudencia. “También demuestra la importancia de revisar las decisiones judiciales desde una perspectiva de género, derechos humanos e interseccionalidad. Su historia puede abrir caminos y generar transformaciones colectivas, pero eso no significa que tenga la obligación de convertirse en vocera, referente o símbolo permanente de esta lucha. Paola tiene derecho a construir una identidad, una cotidianidad y un proyecto de vida que no estén definidos exclusivamente por aquello que le ocurrió”, concluye Altamirano.