El conflicto entre los recuperadores urbanos y el jefe de Gobierno de la Ciudad Jorge Macri, que busca desplazar a las cooperativas del sistema, reinstaló en la agenda pública el debate sobre la importancia del reciclaje y la necesidad de una mayor conciencia ambiental.
Mientras los trabajadores urbanos defienden su lugar dentro del sistema de reciclado porteño, la discusión vuelve a poner en primer plano una pregunta que atraviesa a toda la sociedad: ¿qué hacemos con aquello que descartamos?
El pasado 19 de agosto, la ciudad de Buenos Aires fue escenario de un reclamo que tiene como protagonistas a quienes hace más de dos décadas recorren los barrios separando materiales y recuperando aquello que para otros ya no tiene utilidad. Cartoneros, recuperadores urbanos y cooperativas se movilizaron para preservar la continuidad de su trabajo frente al proyecto privatizador de Jorge Macri. Este mes se vencen los contratos con las cooperativas de reciclaje urbano y los nuevos requisitos que impone el Gobierno solo estarían en condiciones de cumplirlos empresas privadas.
Los cartoneros emergieron masivamente durante la crisis del 2001 y su agrupamiento en cooperativas constituyó un ejemplo virtuoso de política de inclusión social, convirtiéndolos en trabajadores formales y con derechos, además de constituirse en protagonistas de campañas ambientales de concientización.
La protesta, convocada por la Federación Argentina de Cartoneros, Carreros y Recicladores (FACEyR-UTEP), tuvo como eje el rechazo al nuevo esquema de recolección, traslado y procesamiento de material reciclable. Según las organizaciones, la modificación pone en riesgo miles de puestos de trabajo.
La diputada Natalia Zaracho (Patria Grande), primera legisladora de origen cartonero y referente de “El Amanecer de los Cartoneros”, se pronunció en defensa de los trabajadores y de la continuidad de políticas que fortalezcan la actividad. “Los cartoneros no son de Grabois –afirmó, en respuesta a la estigmatización–, son los laburantes que limpian la ciudad”, y remarcó que el desfinanciamiento del transporte y la apertura a la importación del cartón hacen peligrar el trabajo de miles de familias junto con todo el sistema de reciclado porteño.
La movilización, no solo pone en discusión una cuestión laboral, sino que también trae nuevamente el foco sobre quienes realizan una tarea fundamental para la recuperación de residuos y cual es el lugar que ocupan, en donde las políticas ambientales, del gobierno actual de la ciudad, no parecen tener demasiado interés en las agendas públicas del gobierno. A través de la recolección, clasificación y recuperación de materiales reciclables, contribuyen a disminuir la cantidad de desechos que llegan de forma diaria a los rellenos sanitarios, favoreciendo la economía circular y generando oportunidades laborales para una gran cantidad de familias.
“Que el Gobierno deje de querer desalentar el programa, ya que es un sistema robusto que contiene a siete mil familias, que dependen de esta actividad, así como la preservación de sus fuentes laborales”, reclamó el legislador de Unión por la Patria Alejandro Grillo, quien agregó: “Hay que fomentar la economía circular, el residuo sólido urbano es regenerado gracias al programa de recuperadores, que además fomenta el cooperativismo. La Ley 992 [de recuperadores] nació en una época donde la Argentina atravesaba su peor crisis económica allá en 2001, donde los valores de la economía caían en porcentajes parecidos a los de hoy, cuando parece repetirse esa misma situación caótica”.
Detrás de cada lata, cartón y botella de plástico existe una cadena de trabajo y uno de sus principales eslabones son los recuperadores urbanos, justo en el momento en que la basura deja de serlo. En diálogo con ANCCOM, Grillo recordó el inicio del programa, cuando cartoneros y cartoneras llegaban a CABA de distintas partes del conurbano para ganarse el mango, que hoy da trabajo a unas 15 cooperativas. “El Estado debe fortalecer este sistema de trabajo, no quitarle recursos. Cuando nos llegó a la comisión ambiental [de la Legislatura] el anteproyecto que busca debilitar el sistema y correr a las cooperativas, presentamos un pedido al Ejecutivo para tomar conocimiento en detalle y la letra chica sobre los cambios que quieren hacer. Buscamos visibilizar las virtudes que este sistema de reciclado brinda y trabajar en conjunto con las cooperativas, priorizando la fuente laboral de las familias. Hay que fomentar políticas públicas que favorezcan el trabajo de quienes forman parte del circuito del reciclaje”, expresó.
Cruzando la General Paz, organizaciones sociales y culturales también luchan para que los vecinos entiendan la necesidad de un cambio. Daniela Bruno,coordinadora y tallerista del espacio de escucha de los adolescentes y de taller de madres del Centro Comunitario “Engranaje”, en la localidad de Boulogne, sostuvo: “Hace falta una gran concientización sobre la importancia del reciclaje. Hace unos años realizamos en ‘el Engranaje’ una campaña de sachets de leches, juntamos una gran cantidad y los enviamos a centros de reciclajes para la confección de capas de lluvias. Días atrás realizamos toda una semana de concientización. Enseñamos a los vecinos a separar los residuos inorgánicos y orgánicos, pero al rato venía el camión de recolección de basura y se llevaba todo junto. Los vecinos se desalentaban porque veían que su sacrificio y su tiempo habían sido en vano. Tampoco se sabe por dónde o en qué lugares pasan los camiones que juntan solo material de reciclado”.
“¿Cómo hacemos para reeducar con las pocas herramientas que tenemos? –se preguntó Bruno–.Podemos educar desde casa, pero no tenemos los recursos suficientes si las autoridades no le dan el lugar y la importancia que merece el tema. Habría que impulsar campañas fuertes de concientización, poner disponibles camiones o personas que junten material reciclable. Aún así, debemos seguir manteniendo y construyendo hábitos sostenibles y generar conciencia social sobre laimportancia del reciclaje en la vida cotidiana y el impacto que puede tener en el trabajo de los recuperadores urbanos”.
Hace más de una década, CABA implementó en las aulas el programa “Escuelas verdes”, creado para fomentar el desarrollo sustentable mediante la separación en origen, y de allí surgieron concursos como “Guardianes de la Tierra”, visitas al Centro de Reciclaje de la Ciudad en Villa Soldati y las campañas de “Botellas de Amor” –para aprovechar los plásticos de un solo uso y convertirlos en “madera» plástica”–. En 2025, 726 escuelas fueron reconocidas en el marco del programa y más de 10.000 docentes recibieron capacitación. Sin embargo, en 2026, vecinos y referentes barriales coinciden en que estas campañas han perdido visibilidad, cuando lo que más se necesita es que el hábito se instale desde temprana edad.
La problemática del reciclaje excede el reclamo de un sector e involucra políticas públicas y compromiso ciudadano. Residuos que a menudo identificamos como basura pueden convertirse en insumo para nuevos productos: el papel, los plásticos, metales como bronce y aluminio. Este proceso constituye lo que se conoce como economía circular, un modelo que busca prolongar la vida útil de los materiales y reducir la cantidad de residuos que terminan en los grandes predios de basura. Sólo una sociedad más consciente del destino de sus desechos puede avanzar hacia un modelo más sostenible, en el que la inclusión de los trabajadores debería ser una prioridadde la política pública.