Dos semanas después de que un conjunto de gandalfs se presentara en su mansión para decirle “you shall not pass”, y al día siguiente de que se realizara una audiencia informativa en el Congreso en torno a su llegada al país, un grupo de personas con máscaras, disfraces, gorros y carteles se concentró en la casa de Peter Thiel para pedir por su desalojo.
Este sábado, un grupo de personas marchó desde la Flor de Figueroa Alcorta hasta la mansión que Peter Thiel compró en Barrio Parque, sobre la calle Dardo Rocha. “Que dé explicaciones de qué está haciendo en nuestro país y qué va a hacer con nuestros recursos”, dice Paula (24 años), una de las manifestantes. La convocatoria había sido difundida bajo las consignas de “Desalojo express a Peter Thiel”, “Peter Thiel go home”, “No al Súper RIGI”, “La tierra y el agua no se venden”. Aunque embrionaria aún, parece empezar a aparecer una reacción a la llegada del fundador de Palantir, que estuvo tres meses en Argentina y se reunió con distintos funcionarios del gobierno. Los paquetes de reformas que la administración de Milei intenta promover son motivo de esta reacción, en tanto parecen estar hechas a medida para el arribo de este tipo de empresas tecnológicas a nuestro territorio. Los manifestantes, escoltados siempre por varios efectivos de policía, estuvieron unos minutos en la puerta de la mansión de Thiel, leyeron mensajes con sus megáfonos y volvieron hacia las escalinatas de la Facultad de Derecho, donde culminó la marcha.
“Hay cosas que no se pueden vender. El agua y la tierra no se pueden vender, y menos para que sean los recursos de los data centers que quieren implantar en la Patagonia. Se la pasan desalojando a las comunidades originarias en todas partes del país. Nosotros queremos desalojar a Thiel. Así como logramos frenar la extranjerización de tierras, tenemos que seguir movilizándonos, por los endeudados, por las comunidades originarias, por los que no llegan a fin de mes. Para frenar a este gobierno que quiere reprimarizar la economía y entregar el país a estos tecnofascistas para hacer negocios”, dice Paula. El reclamo sobre la soberanía del territorio y los recursos nacionales destaca en un contexto donde el gobierno nacional sigue intentando impulsar el Súper RIGI, un proyecto de régimen impositivo que otorgaría inéditos beneficios para empresas extranjeras y que busca especialmente seducir a empresas tecnológicas vinculadas al desarrollo de inteligencia artificial y a la explotación de minerales críticos. El Súper RIGI reduce la alícuota de Ganancias al 15 por ciento, permite acelerar la amortización de bienes y otorga créditos fiscales para saldar IVA y aportes patronales. El proyecto tiene media sanción en la Cámara de Diputados y busca su aprobación en el Senado, donde el oficialismo necesita acordar con otras fuerzas políticas: Patricia Bullrich, senadora de la Libertad Avanza, está negociando con el PRO, la UCR y otras fuerzas provinciales.
Fernando (67 años), otro asistente de la movilización, explica: “Esto es una mezcla de todo porque, por un lado, están intentando un extractivismo sobre nuestros recursos naturales como siempre en la historia lo quiso hacer el liberalismo. Tierras, minerales, hidrocarburos. Pero ahora viene lo nuevo: vienen estas empresas tecnológicas a expropiar esos recursos para solventar sus infraestructuras digitales, que son de un enorme riesgo para nuestra democracia. Con esas infraestructuras expropian otros recursos: los datos de la gente. Y andá a saber qué hacen con eso. Yo creo que lo peligroso es la colaboración con el Estado. Porque acá no es solo que te estudian para ponerte publicidad a tu medida. En Estados Unidos ya estuvieron usando la infraestructura de Palantir para deportar gente, por ejemplo”.
En síntesis, los riesgos que subrayan los detractores de la llegada de Thiel son tanto ambientales y económicos como políticos y culturales. Es decir, por un lado, el riesgo ecológico que supondría implantar sin límites centros de datos en el sur del país, ambiente que tiene los recursos hídricos y el clima idóneo para desarrollar este tipo de industrias. Por otro lado, los efectos que tendría sobre la democracia la vinculación de empresas como Palantir con el Estado Nacional, nexo del que la sociedad civil no sabe prácticamente nada, ya que todas las reuniones con actores del gobierno fueron privadas. En Estados Unidos, Palantir brinda sus servicios al gobierno nacional para colaborar con el ICE, el organismo dedicado a deportar inmigrantes del territorio, y con instituciones militares y de inteligencia como la CIA o el Pentágono. La Argentina, por sus condiciones climáticas, su ubicación geográfica y, contingentemente, por su gobierno libertario, se erige como una tierra fértil para la experimentación de tecnomagnates como Thiel: “No queremos que nuestro país se convierta en un laboratorio”, dice Paula.
Si bien el fundador de Palantir había llegado a la Argentina en abril de este año, recién durante las últimas semanas empezaron a aparecer reacciones políticas incipientes. Para dilucidar la opacidad que reviste la visita y estadía de Thiel a la Argentina, Juan Marino, diputado de Unión por la Patria, había convocado el día anterior a una audiencia informativa en el Congreso, a la que, a pesar de estar invitados para dar explicaciones, no asistieron ni Thiel ni ningún funcionario del gobierno. Además, dos semanas antes de la manifestación del sábado, se había congregado en la casa del empresario un grupo de personas disfrazadas de Gandalf, el mago de El señor de los anillos. Ese día, desplegaron un cartel que decía “You shall not pass / La concha de tu madre” y cantaron: “Peter, Peter, compadre / la concha de tu madre / Si querés palantires, para ver el futuro / Mirate en el espejo, vas a ver un boludo”.
Con aquel episodio se libra una guerra narrativa. “Los palantires son estas esferas de cristal circulares que sirven para la comunicación”, explica Justo (29 años), otro manifestante: “En El Señor de los Anillos, Saruman, que es un mago que fue corrompido por el poder de la oscuridad y del mal, las usa para comunicarse con Sauron, que es el líder de la maldad, básicamente. Y estas bolas pueden ser útiles, pero si son utilizadas de una manera oscura o caen las manos equivocadas, pueden tener fines muy malos. Es un medio para esparcir y comunicar maldad. Pero lo peor es que no sabés quién te puede estar mirando del otro lado cuando lo usás”. Metáfora de su omnipresencia y capacidad de vigilancia masiva, la utilización de la creación de Tolkien para denominar a su empresa sitúa a Palantir en una posición de imponente poder. Alex Karp, cofundador de Palantir junto con Thiel, escribe en su libro La República Tecnológica: “Palantir toma su nombre de El señor de los anillos, de J. R. R. Tolkien, y hay quien ha sugerido que las referencias a Tolkien son preferidas por la ‘extrema derecha’. El interés por arraigar los objetivos de una empresa corporativa en un contexto y una mitología más amplios debería festejarse, no desestimarse”. La elección del nombre describe también la frontalidad con que los fundadores de la empresa definen sus objetivos y sus intenciones de colaborar con el Estado norteamericano en actividades de vigilancia, de persecución de personas, e incluso en actividades bélicas.
“Es tan irónico que le hayan puesto Palantir a su empresa. Nosotros, por ejemplo, estamos todo el día hablando con la inteligencia artificial, y no sabemos qué se hace con esa información que le estamos cediendo. ¿Quién tiene la propiedad de esa información? ¿Quién está del otro lado viéndote? No hay mucha conciencia sobre eso todavía. Y eso que uno elige hablar con la IA. Pero ¿qué pasa con estas empresas que, en tándem con el gobierno, quieren imponer un sistema de vigilancia masiva, sin nuestro consentimiento?”, dice Justo. Y cierra con una reflexión: “En El señor de los anillos, Pippin, uno de los hobbits, agarra el palantir y ahí tiene una comunicación directa con Mordor y con Sauron, y eso hace que Sauron tenga más información sobre lo que está pasando en la Tierra Media. O sea, sobre lo que está pasando con su enemigo. Pero eso lo terminan usando a su favor, para confundirlo. Después Aragorn agarra el palantir y se muestra a propósito, para que Sauron desvíe su atención y mande sus fuerzas a Gondor. Y así, el camino de Frodo para destruir el anillo se hace más fácil. Quizás hoy podrían intentarse estrategias en ese sentido. Hay que engañar a estos sistemas de inteligencia artificial, confundirlos”.
La casa de Peter Thiel en Barrio Parque ya se convirtió en un escenario de protesta. Queda por ver cómo seguirá reaccionando la política y la sociedad civil ante los beneficios que quiere otorgar el gobierno a los gigantes tecnológicos, ante el extractivismo de recursos naturales y virtuales, y ante la intromisión de la vigilancia masiva digital en la vida cotidiana.