Por Renzo Vila
Fotografía: ARCHIVO Pamela Duran

La Fundación Bunge y Born desarrolló una índice que permite determinar las condiciones de desarrollo de los niños en cada localidad argentina. Una herramienta para desarrollar políticas que mitiguen la desigualdad.

Durante los primeros 5 años de la vida, el cerebro de un niño se desarrolla hasta el 90% del tamaño que alcanza en la adultez. En un país desigual como la Argentina en el que más de 5 millones de niños se encuentran en situación de pobreza, las condiciones en la que ellos pasan sus primeros años determina profundamente las posibilidades de su desarrollo a lo largo de toda su existencia. Con la intención de abarcar esta problemática, desde la Fundación Bunge y Born lanzaron el Índice NIDO, una herramienta de código abierto diseñada para identificar las localidades más propicias para el desarrollo infantil, en un trabajo en conjunto entre su programa de primera infancia y su laboratorio de datos, Fractal.

Bajo la premisa de que el punto de partida no debería definir el acceso a las oportunidades, el índice define la idoneidad para el desarrollo infantil de cada localidad a partir de la dificultad de acceso de sus habitantes a cuatro dimensiones críticas: salud, educación, espacios verdes y el nivel socioeconómico. “Buscamos acompañar al sector público, educadores, centros de primera infancia, aportando soluciones novedosas y herramientas para que todos estos actores puedan estimular y empujar el desarrollo infantil temprano”, afirma Julio Ichazo, coordinado rsenior del programa NIDO. La cercanía a parques y espacios verdes, gozar del más alto nivel de salud, poseer estimulación educativa temprana y crecer en un entorno material favorable durante los primeros años de vida son condicionantes de la trayectoria personal cuyos efectos se muestran en el corto, mediano y largo plazo.

Una de las principales singularidades de esta herramienta es la granularidad de su análisis, que le otorga al informe un nivel de detalle que permite comprender el contexto para las infancias en cada punto de nuestro país con mayor especificidad, demostrando las diferencias y similitudes que existen de un distrito, de un barrio o de una manzana a otra con precisión. A partir de fuentes públicas el índice abarca la situación desde una perspectiva integral y minuciosa, poco frecuente en nuestro país, caracterizado por su endeble historia de análisis de datos, donde las fuentes rara vez son de fácil acceso, y la periodicidad de las mismas dista de ser la ideal. En palabras de Anahí Pissinis, especialista en evaluación de programas sociales y participante del proyecto: “La escasez de métricas de alta granularidad territorial dificulta a los tomadores de decisiones visualizar con precisión dónde se concentran las mayores privaciones. Herramientas de evaluación y medición como el Índice NIDO buscan precisamente subsanar esta vacancia, ofreciendo una base empírica sólida para diseñar políticas públicas más equitativas”.

A partir de la ponderación del impacto de cada dimensión en el desarrollo de la infancia, el potencial de intervención en el área y la urgencia contextual de cada arista del análisis, el Índice NIDO concluye que las localidades más aptas para las infancias son la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, seguida por Vicente López, Rafaela y Olavarría. Aun así, la herramienta no impone su perspectiva, sino que ofrece a la comunidad la posibilidad de que cada persona pueda reordenar las dimensiones según su propio criterio de importancia: “La situación de las infancias no es una cuestión puramente estadística sino también teórica. El mapa interactivo te permite armar tu propio índice (NIDO) desde las mismas fuentes de datos”, explicó Ichazo. El rol de NIDO no es solamente la visibilización del estado de la situación alrededor de este problema, sino también la puesta en marcha de un debate público urgente desde una herramienta colectiva.

Desde Fractal, el laboratorio de datos de la Fundación Bunge y Born, el objetivo a conseguir es el de poner datos en acción. A través de sus diversas herramientas, como su índice de vulnerabilidad sanitaria o su índice de prevalencia potencial de Chagas, entre otros, trabajan en distintas áreas de interés social desarrollando bienes públicos pensados para ampliar el alcance de la discusión pública.

En consonancia con sus anteriores desarrollos, el índice NIDO propone a la vez una mirada positiva y un llamado a la acción para cada punto de nuestro país: “Para nosotros es una fortaleza que este índice tenga una mirada multidimensional porque rompe con esta idea de leer la pobreza infantil por una sola variable, sino que entendemos que la realidad de cualquier niño se explica por un montón de dimensiones”, explicó a ANCCOM Brenda Walter, gerenta de desarrollo humano de la Fundación Bunge y Born.

En este contexto, el índice NIDO sirve como un primer acercamiento preciso al estado concreto de cada localidad, disponible para las distintas jurisdicciones de nuestro país. A partir de aquí, está en las manos de quienes diseñan las políticas públicas decidir si el lugar de nacimiento de los niños de nuestro país va a seguir condicionando sus trayectorias de vida, o si podemos empezar a soñar una Argentina más equitativa para todos.