Por Julián Lovrincevich
Fotografía: Catalina Chavez

El físico nuclear y exvicepresidente de la CNEA, Diego Hurtado, repasa la historia de la industria atómica argentina, analiza la paralización de proyectos estratégicos como el CAREM-25, la pérdida de autonomía tecnológica en la era Milei y advierte sobre la urgencia de discutir la gobernanza de las nuevas tecnologías frente al nuevo orden multipolar.

“A este gobierno no le interesa la industria nuclear. El Plan Nuclear Argentino es ficticio. Este gobierno responde de manera refleja a las presiones de Estados Unidos, al poder financiero y al Departamento de Estado”, explica Diego Hurtado, físico argentino, investigador principal del CONICET y especialista en historia de la ciencia. Ante la explosión de la inteligencia artificial y el apremio de la transición energética, la industria nuclear se vuelve a erigir como promesa tecnológica. “Cada vez que emerge una nueva tecnología aparece una retórica de panacea”, dice Hurtado. Entre anuncios grandilocuentes, acrobacias persuasivas y un desfinanciamiento que para el común de la gente pasa desapercibido, el gobierno de Milei montó un espectáculo celebratorio alrededor de la energía atómica que merece ser mirado con lupa. Mientras tanto, continúa paralizado el CAREM-25, único reactor modular pequeño de potencia diseñado e integrado totalmente en Argentina. ANCCOM habló con el científico para comprender el estado efectivo del sector nuclear argentino, su virtual potencia y su importancia en la coyuntura internacional.

 “Volvemos a estar hoy en una coyuntura muy semejante a la de la década de 1960, donde Estados Unidos tenía pretensión de generar todo un dispositivo geopolítico para dominar la comercialización de la industria nuclear. Hoy lo vuelve a hacer, pero ya teniendo a China y a Rusia dominando. Intenta recuperar parte del mercado con el que se quería quedar China: América Latina, por ejemplo. Hoy las exigencias son desconectarnos de China para que la industria nuclear estadounidense empiece a tener un mercado de demanda de tecnología”, explica el físico. Café en mano, recuerda en voz alta cómo una delegada norteamericana pedía crudamente a funcionarios argentinos, incluso al jefe de gabinete, dejar de comprar tecnología china. También relata cómo lo llamaban desde la embajada por la base china en Neuquén, cuando estaba en el Ministerio de Ciencia: “Yo no los atendía. Me hacía el boludo, no es que decía que no”. Más tarde, cuenta que la AmCham, la Cámara de Comercio de Empresas Norteamericanas en la Argentina -“un operador político importante”- se cansó de pedirle que diera una charla a la que siempre decidía, cortésmente, no asistir.

Vicepresidente de la CNEA (2021-2023) y presidente de la Autoridad Regulatoria Nuclear (2015), Hurtado fue testigo, además de las presiones norteamericanas, de las “redes neuronales” que en un tiempo se fueron tejiendo entre los mundos de la ciencia, la tecnología, la economía y la educación. La metáfora cerebral obedece a la naturaleza de ese desarrollo, que tiene efectos multiplicadores en diversos sectores de la sociedad: “El desarrollo nacional es como nodos que se van interconectando. ¿Quién participa, por ejemplo, en un reactor multipropósito? Participan más de 100 empresas nacionales. Hay una que lidera, pero la contratista principal no tiene todas las experticias, porque un reactor multipropósito es tecnología altamente compleja. Entonces subcontratás a empresas nacionales. La diversificación permite generar empleo, y la generación de empleo permite que las universidades creen las carreras que se demandan”.

Por ejemplo, en la UNSAM, universidad donde trabaja Hurtado, se crearon las carreras de Ingeniería en Telecomunicaciones (2010) e Ingeniería en Sistemas Espaciales (2015). El físico continúa: “Con soja, hidrocarburos, agro y minería, no ocurre eso. Viene una inversión extranjera que trae su conocimiento, planta un enclave que no se comunica con tus pymes, no les da trabajo, no permite que las universidades se sumen al tipo de conocimiento que demanda. Los tipos sacan el mineral, dejan un cráter, pagan las regalías al gobernador de turno y se van. Está bien, claro que las regalías son necesarias. Pero si vos empezás a vivir de tus recursos naturales, el día que se te acaben, fuiste”.

Lo importante es reconstruir el vínculo entre el conocimiento y la tecnología. Según explica el físico, “una paradoja de la Argentina es que rankea muy bien en la producción de conocimiento científico y rankea muy mal en tecnología. Ahí hay algo roto. El subdesarrollo es eso: tenés algunas cosas muy sofisticadas, desconectadas de lo que deberías haber logrado. Ahí es donde la geopolítica apunta a acordar. Los países desarrollados logran articular los procesos de aprendizaje, el conocimiento, la tecnología y el sector empresarial”. Esas articulaciones aparecieron en el período 2003-2015, época que el investigador describe como un gran proceso de reindustrialización: “Ahí empezaron a conformarse los nodos y las redes: la Ley de Desarrollo de la Industria Satelital, el relanzamiento del plan lunar, la producción pública de medicamentos. Logramos tener 35 laboratorios públicos”.

“[Mauricio] Macri lo primero que hizo fue venir a desmantelar los proyectos estratégicos. Fue contra el INTI, que venía reindustrializándose. Paralizó el ARSAT-3 e intentó que la empresa norteamericana Hughes se quedara con el satélite (no pudo porque la Constitución Nacional prohíbe que una empresa extranjera se quede con patrimonio público). Dejó de financiar la Agencia Nacional de Laboratorios Públicos, que Milei directamente clausuró con el DNU ilegal 70/23”, cuenta Hurtado.

El plan nuclear de la administración libertaria no existe. El CAREM-25, para fortuna de Estados Unidos, sigue frenado: “Le llueve encima. Se nos oxidan los componentes”, dice Hurtado. Y si bien la pantomima del impulso nuclear flaquea en muchos aspectos, a veces se torna difícil voltear la maquinaria comunicacional del gobierno: “[Demian] Reidel confunde uranio con combustible nuclear. En general, la audiencia no especializada no entiende la diferencia entre uranio y combustible. La retórica de Milei y Reidel te promete que van a venir las inversiones yanquis. Pero las inversiones yanquis se quedan allá. En enero de 2025 Trump lanzó Stargate y dijo ‘vamos a invertir 550.000 millones de dólares en data centers, para generar puestos de trabajo en Estados Unidos’. Es todo un tren fantasma que el tiempo fue dejando en evidencia. El presidente de la CNEA había paralizado el CAREM-25, y el gobierno anuncia que va a llenar la Patagonia de pequeños reactores modulares… ¿Cómo es eso? Claro, lo paralizaron porque van a llenar la Patagonia de pequeños reactores modulares no nacionales”, explica Hurtado, que en el último tiempo viene denunciando la “anunciomanía” del gobierno en El Cohete a la Luna, portal en el que escribe.

Una breve genealogía
“Cuando se habla del origen de la energía atómica, uno piensa en un episodio sombrío: Hiroshima y Nagasaki. La energía atómica aparece en escena con un episodio muy sombrío geopolíticamente. El último día de la Segunda Guerra Mundial fue el primer día de la Guerra Fría. Había que probar tecnologías: una de las bombas fue de uranio y la otra fue de plutonio, una cosa bastante siniestra. Esas bombas marcan el momento en que Estados Unidos emerge como una potencia. La energía nuclear pasa a ser para ellos una palanca comercial”, relata Hurtado. En 1953, Dwight D. Eisenhower, entonces presidente de los Estados Unidos, dio un discurso conocido como Átomos para la Paz. Hurtado resume así la intención de aquel mensaje: “Quienes colaboren y sean nuestros aliados van a tener nuestro apoyo en el uso de la energía atómica para fines pacíficos, y quienes no, recibirán las represalias, es decir, te vamos a bombardear. Con la excusa del riesgo de la proliferación nuclear, Estados Unidos no permite que los países tengan una política nuclear autónoma, para que todos compren tecnología norteamericana de empresas como Westinghouse o General Electric”.

En 1968 se firmó el Tratado de No Proliferación Nuclear, que entró en vigencia en 1970 y 25 años más tarde se prorrogó indefinidamente. Por mucho tiempo, Argentina y Brasil se negaron a firmarlo. “¿Porque quieren hacer bombas atómicas?”, bromea Hurtado. “¡No! Porque tienen programas nucleares pacíficos, con pretensiones de autonomía. El concepto clave lo dio Jorge Sábato: la autonomía. La autonomía nuclear está vista como proliferadora. Hoy es el caso de Irán que viene reclamando autonomía nuclear para fines pacíficos y nunca lo dejaron en paz”. En algún momento, Argentina esbozó un intento de autonomía: “Estados Unidos llegó a vender más de 40 reactores de investigación a los países que se iniciaban. Argentina fue el único país del mundo en desarrollo que no le compró a Estados Unidos y decidió hacer su propio reactor”, cuenta Hurtado. Y sigue: “En 1957 Estados Unidos sale a vender sus reactores de investigación. El presidente de la Comisión Nacional de Energía Atómica -CNEA- (el ingeniero y capitán de fragata Oscar Armando Quihillalt) viaja a Chicago, lo llevan a visitar un reactor. Cuando sale de la reunión, llama a Buenos Aires y dice: ‘esto no hay que comprarlo, lo podemos hacer nosotros’. Y así fue. En 1967 ya se está poniendo en marcha el RA-3, reactor 100% nacional de cinco megavatios de potencia para producir radioisótopos y Argentina es el país de América Latina que tiene su medicina más avanzada”.

La llegada de Carlos Menem al gobierno argentino marca la interrupción de ese proceso de autonomía. Viraje político celebrado, lógicamente, por los Estados Unidos. Termómetro de aquello, cuenta Hurtado, la revista Bulletin of the Atomic Scientists -“una de las revistas más prestigiosas sobre energía atómica”, según el investigador- felicitó la política nuclear del presidente riojano con un artículo cuyo título reza: U.S. endorses Menem’s nuclear plans: “Estados Unidos apoya los planes nucleares de Menem”. Hurtado esclarece: “Desde que en 1945 empezó a publicarse, para esta revista Argentina era una especie de demonio parecido a Irán en la década de 1980. Nunca tuvimos proyectos de bombas, pero nos acusaron de proliferadores. Éramos la bestia negra hasta que Menem se alineó. Ahí empezó por primera vez, desde que Perón creó la CNEA en 1945, un programa de desmantelamiento de nuestras capacidades nucleares. Y ahí nos aplauden. Hoy vuelve a pasar exactamente lo mismo”.

Hacia un sendero de desarrollo
A contramano de lo que buscan Milei y su equipo, un horizonte de independencia tecnológica debe ser construido, sobre todo en un contexto internacional en el que la transición energética por un lado, y el crecimiento exponencial de la IA por otro, demandan exigentes cantidades de energía renovable. “Con energía eólica y solar fotovoltaica no llegás a cubrir, ni aproximadamente, la demanda de una transición hacia energías limpias y renovables”, explica Hurtado. Y sigue: “China viene elaborando un plan de transición energética que puso a la energía nuclear como una de las energías limpias y se impuso como una locomotora. Estados Unidos no suelta los hidrocarburos, porque hacerlo implica reconocerle el liderazgo de la transición energética a China. En el escenario energético proyectado para la próxima década, la energía nuclear aparece como una pieza clave”.

En cuanto al desarrollo de inteligencias artificiales, el gigante asiático emerge también como una maquinaria a la cual, según Hurtado, hay que mirar con atención: “¿Qué hacemos con las tecnologías digitales? Primero decidir un enraizamiento socioeconómico. China está poniendo educación desde la primaria y está obligando a las grandes tecnológicas de IA a alinearse a regulaciones muy exigentes. Además, lanza código abierto y les destruye el modelo de negocio a los magnates yanquis, que están desesperados”. Algo de ese modelo debe aprender la Argentina, según el físico, que confía en una colaboración sistémica con China: “Esto no quiere decir que China sea el hada madrina, pero la política del patio trasero ya la conocemos hace 60 años. Esto tampoco significa tomar una posición antinorteamericana, sino ver cómo te parás en un escenario de la novedad que plantea la emergencia de un orden multipolar”.

¿Cómo se construye un sendero de desarrollo nacional? El investigador encuentra para aquello una clave en la política exterior de Cristina Kirchner, “de alineamiento a los BRICS, de una colaboración sistémica con China en sectores estratégicos para la Argentina. Ahora aparece un sector del peronismo que quiere mostrarse como novedoso y progresista, que canta nuevas canciones y que tiene como objetivo separarse de la bestia negra que venimos a ser el “kukismo” cristinista. Lo que tenemos para ofrecer nosotros es la maravilla que hicimos hasta el 2015, con enormes errores pero en un contexto de enormes dificultades. Y esto no es mirar para atrás. Si fuera una mirada nostálgica, Cristina no estaría proscripta, no estarían tratando de liquidarla políticamente. Al lawfare lo tenemos que desarmar políticamente. A Clarín, con una ley de medios. Y en términos de tecnologías digitales, alinearnos a la estructura de gobernanza que China está experimentando y empezar a aprender de eso”.