Por Violeta Bulacio Areco
Fotografía: Vanina Alarcon

Los integrantes del Coro Nacional de Niños, junto a numerosos músicos profesionales y amaterus, ofrecieron su música en las escalinatas del ex CCK para protestar por el cierre de esa institución artística que lleva 60 años de vida.

Chicos y chicas del Coro Nacional de Niños, junto con antiguos integrantes, realizaron el pasado viernes por la tarde un ensayo-performance en las escalinatas del ex Centro Cultural Kirchner en rechazo a la disolución del Coro determinada por el Gobierno nacional y en defensa del patrimonio cultural. Familiares, músicos, integrantes de diversos coros de Buenos Aires y decenas de niños y adultos unieron sus voces profesionales y amateurs para exigir ante las oficinas del secretario de Cultura, Leonardo Cifelli, la derogación del Decreto 687/26.

El pasado 30 de julio, mediante esa normativa, el gobierno de Milei disolvió el Coro Nacional de Niños, una entidad creada por otro decreto en 1967 junto con el Coro Polifónico Nacional. Algunos de sus objetivos eran “la promoción de la actividad coral en los distintos puntos del país, la representación nacional en el extranjero y la interpretación de las grandes obras maestras para la población argentina, que no tendría acceso a escucharlas de otro modo”, comenta María Isabel Sanz, integrante del coro durante su niñez que volvió a incorporarse a él como maestra preparadora, pianista acompañante y desde 2010 se desempeñaba como directora.

Ese decreto, publicado la mañana siguiente al Día de la Cultura Nacional, determinó el cierre como parte de la reforma del Estado que busca optimizar los recursos públicos y prometió reemplazarlo por un “programa de formación artística”. Sin embargo, Vera Olano Lozano, cantante del coro de 18 años, sostuvo en diálogo con ANCCOM que no saben nada sobre este cambio: “Se dice que se nos invitó a participar, que se le propuso a la directora estar al frente del programa y que ella renunció. Nada de eso es cierto, nos enteramos leyendo el Boletín Oficial esa mañana como cualquier persona”. Por su parte, la directora afirmó que “parece una contradicción. Los gastos del coro figuraban en el presupuesto nacional a diferencia de los programas que se van a formar, que no sabemos qué gastos van a tener ni sus alcances”.

Esta noticia se enmarca en un contexto de vaciamiento más amplio. “Ya hace cuatro años que se impide por distintas excusas el ingreso de nuevos miembros, por lo que un plantel que por decreto era de 40 voces hoy tiene solamente 18 y eso los ponía muy tristes a los chicos, estaban como a media máquina”, comenta Graciela Tomassini, mamá de la coreuta Renée Lencina. “Este coro es un lugar de mucha referencia, es un semillero, pero más allá de su labor artística es un lugar importante para nuestros hijos, es una familia, una comunidad”, agrega.

Entre abrazos de reencuentro de las distintas generaciones que pasaron por el Coro Nacional de Niños, pañuelos blancos, banderas argentinas, un cartel en el que se leía “Si se calla al cantor calla la vida” y una dirección musical espontánea, que organizaba a los sopranos y barítonos en sus lugares mientras se repartían partituras y letras impresas, comenzaron a reunirse decenas de personas en las afueras del CCK mientras el sol comenzaba a bajar.

La diputada Lorena Pokoik, la legisladora porteña María Bielli y la cantora La Ferni fueron algunas de las personalidades que sumaron su voz en el ensayo dirigido por Javier Zentner, integrante de la Asociación de Directores de Coro de la República Argentina. Asimismo participaron integrantes del Espacio Cultural Nuestros Hijos, el Club Floreal, el Coro de Docentes y ATE, entre muchas otras organizaciones, ensambles y referentes culturales que enviaron sus adhesiones.

En relación a la cuestión económica, la explicación que pudieron reconstruir las familias hacía referencia a un problema legal por la beca que recibían los chicos que era considerada como trabajo infantil, pese a existir desde hace 59 años en el decreto de creación. Olano explicó que “los tutores legales recibían un monto menor a una jubilación mínima para cubrir los gastos como los traslados tres veces por semana a los ensayos, el uniforme e imprimir partituras de vez en cuando. Este monto pequeñísimo permitía que estar en el coro no sea solamente para gente de determinado poder adquisitivo”. Sin embargo, dejaron de recibir el dinero a partir de enero cuando, por un problema administrativo, no salieron las designaciones de los chicos que ya formaban parte del coro.

Luego de un breve ensayo y algunas correcciones, una guitarra criolla, un teclado y las palmas de los presentes acompañaron las interpretaciones de La canción es urgente de Teresa Parodi –quien escuchó la grabación del momento y envió un audio conmovida en apoyo a los adolescentes– y Para los demás de María Elena Walsh.

Con la aparición de las primeras estrellas en el cielo, un silencio invadió la calle y llegó el momento de que los integrantes actuales del Coro Nacional de Niños pasaran al frente para cantar a capella Alma llanera y el Salmo 121 del Elías de Mendelssohn. Al terminar, los chicos y chicas levantaron un cartel que rechazaba la disolución del espacio y los aplausos y gritos espontáneos de “no se cierra / el coro no se cierra” comenzaron a escucharse armoniosos y con más fuerza.

“Les agradecemos muchísimo por estar acá porque estamos destrozados, y los adultos del coro también. Nosotros queremos que el coro no se disuelva porque creemos que el país se lo merece”, sostuvo entre lágrimas una de las coreutas que decidió tomar la palabra sobre el final para difundir la petición virtual que impulsan desde sus redes sociales (@integrantes.conani_) exigiendo la continuidad.

Al finalizar el acto, cuando se apagaron los equipos de sonido y la gente comenzó a retirarse, alguien empezó a cantar el Himno Nacional. Los y las coreutas no tardaron en sumarse, junto a todas las personas que decidieron volver, para que suene bien fuerte el último canto colectivo de la jornada en defensa de la cultura.