Por Delfina Rojo
Fotografía: Ana Laura Martín Rodríguez, ARCHIVO Valentina Gómez

El gobierno decidió no renovar cuatrocientas becas posdoctorales.

El gobierno de Javier Milei dejó en la calle a 400 investigadores e investigadoras que días atrás habían exigido, frente al Polo Científico, la continuidad de sus becas postdoctorales, en un reclamo que sumó el apoyo de otros organismos estatales y de referentes políticos. ANCCOM dialogó con Juan Devida, uno de los becarios despedidos.

El 31 de julio venció el plazo de las becas posdoctorales de casi 400 profesionales que llevaban años de formación en el CONICET. No hubo una comunicación oficial del organismo: la desvinculación se dio, simplemente, por el cumplimiento del plazo original de cada beca, sin que el directorio aprobara la prórroga que los propios becarios y becarias habían reclamado semanas antes en una movilización frente al Polo Científico y en una carta enviada a la Jefatura de Gabinete del Gobierno nacional.. Entre esos 400 nombres está el de Juan Devida, platense de 36 años, que después de casi una década en el sistema científico nacional se quedó, de un día para el otro, sin trabajo.

Los despidos de becarios posdoctorales se dan en el marco de un fuerte recorte en la ciencia nacional que se profundizó desde la asunción de Javier Milei en diciembre de 2023. Según denunció el investigador y delegado de ATE, Gabriel Fabricius, el organismo científico ya perdió 2.800 trabajadores desde la asunción del gobierno, una cifra que -de acuerdo al conteo del propio CONICET, que emplea a cerca de 26.000 personas entre investigadores, becarios, personal de apoyo y administrativos- representa una pérdida de casi el 12% de su planta total en tres años del gobierno ultraderechista. El retroceso no se limita al CONICET: forma parte de un ajuste más amplio sobre el empleo público que, según el propio Ministerio de Desregulación, ya había despedido a 61.729 personas del Estado hacia comienzos de 2026, cifra que según datos del INDEC treparía a unos 70 mil hacia mediados de año.

El reclamo por las becas no fue una excepción aislada dentro del organismo, sino la última expresión visible de un conflicto que se arrastra desde hace meses. En la conferencia de prensa realizada frente al Polo Científico, Federico Lindenboim, doctor en Ciencias Sociales de la UBA, apuntó directamente contra la conducción del CONICET y del gabinete nacional: «El jefe de Gabinete, Diego Santilli, el director de CONICET Daniel Salamone y todos los miembros del directorio son los que nos están echando a la calle el 31 de julio». Según explicó, no se trata solo de una cuestión de puestos de trabajo sino de continuidad de conocimiento: «400 líneas de investigación están siendo detenidas en este momento por el jefe de Gabinete, por Salamone y por el directorio del CONICET». Al reclamo se sumaron ese día trabajadores de otros organismos científicos como la CNEA, el INTA y el INTI, además de la decana de la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA, Ana Arias, y los diputados del Frente de Izquierda Néstor Pitrola y Christian Castillo, quien calificó las políticas del Gobierno hacia la ciencia como parte de un proceso de «entrega, colonización y destrucción» de recursos públicos.

Proyectos truncados

Devida es uno de esos 400 despedidos. Hacía su posdoctorado entre el Instituto de Nanosistemas (INS) de la UNSAM y el Instituto de Investigaciones Fisicoquímicas Teóricas y Aplicadas (INIFTA) de la UNLP. Su línea de investigación consistía en desarrollar y caracterizar nanomateriales para dispositivos portátiles y confiables para el diagnóstico temprano de enfermedades como ciertos tipos de cáncer o el Alzheimer, que hoy requieren herramientas de diagnóstico mucho más costosas y sofisticadas.

Su recorrido en el CONICET empezó con la beca doctoral, en un cambio disciplinar desde su formación de grado en biotecnología hacia la ciencia y caracterización de materiales. «El recorrido de la etapa de la tesis doctoral fue muy acompañada por mis compañeros de grupo de trabajo, y eso nos permitió formar redes, que para la práctica científica es fundamental», cuenta. Fue en medio de la escritura de esa tesis, al postularse para la beca posdoctoral, que la continuidad en el sistema científico se consolidó como proyecto profesional. «Siempre una de las opciones, al menos en la disciplina en la que trabajo, es irse al exterior a trabajar en mejores condiciones respecto a los recursos. No fue mi primera opción, por motivos personales, pero en términos profesionales creo que quedarse en el país es también una forma de sostener la importancia del desarrollo científico nacional, y lo que eso implica para el desarrollo de un país», explica.

«En realidad, nos enteramos de que no se iban a prorrogar las becas por cumplirse el plazo inicial de nuestra beca posdoctoral», relata Devida. «No hubo ninguna comunicación oficial por parte del CONICET, independientemente de que muchos de nosotros ya intuíamos qué era lo que iba a pasar.» Días antes, algunos integrantes del directorio habían adelantado en un comunicado que no existían las partidas presupuestarias para garantizar las prórrogas.

Su último día como becario coincidió con una salida familiar. «Mi último día lo pasé en familia, tengo un hijo de dos años, y fuimos al teatro justo el último día de mi beca, 31 de julio. Fue una buena excusa para no pensar demasiado en lo que implicaba quedarme sin mi sustento económico principal, a pesar de tener relativamente resuelto qué hacer hacia adelante», cuenta. Su investigación no se interrumpe del todo: podrá continuarla gracias a un programa de retención de recursos humanos de la Facultad de Ciencias Exactas de la UNLP, donde es docente, que le permitirá concursar una dedicación exclusiva. «Lamentablemente no es algo que exista en todos lados, y mucho menos en este contexto en el que el Gobierno nacional también asfixia presupuestariamente a las universidades nacionales», aclara.

A la incertidumbre laboral se suma otra: Devida se había presentado este año al concurso para ingresar a la Carrera del Investigador, un proceso que no se abría desde 2023 —en 2024 el gobierno decidió directamente omitir la convocatoria— y que este año debió absorber a dos cohortes posdoctorales juntas. El anuncio de que las entrevistas se realizarían recién entre septiembre y diciembre llegó el mismo día, o al día siguiente de la convocatoria a la movilización frente al Polo Científico. «Esa, si se quiere, fue la respuesta de las autoridades del CONICET y del Gobierno al pedido de prórrogas», sostiene.

De cara a los próximos meses, Devida no descarta buscar trabajo por fuera del ámbito científico. «Mi posición dentro de la Universidad, con el cargo exclusivo, es muy inestable para esperar los resultados de la convocatoria solo con eso. Mi idea es buscar otras alternativas, dentro del ámbito académico, pero también expandir mi búsqueda al sector privado, aunque sin demasiada expectativa por estar sobrecalificado para muchas posiciones», dice. Y advierte sobre el efecto de fondo de estas políticas: «Este problema de discontinuar cohortes de investigadores altamente formados va a tener muchas consecuencias en la sostenibilidad de los grupos de investigación, en las líneas de trabajo y en el sistema científico en general. No es una decisión aislada, es algo que viven todos los organismos de ciencia del país, lo que demuestra una planificación en estas medidas». Y concluye: «Esto deja ver a las claras que el proyecto de país que quiere imponer este gobierno prescinde de la ciencia, pero sobre todo pretende prescindir de todo lo que nos distingue como país y que a muchos de nosotros nos genera orgullo: de la ciencia nacional en particular, pero también de la educación y salud públicas».