Raúl Eugenio Zaffaroni, exmiembro de la Corte Suprema de Justicia de la Nación, le abrió las puertas de su casa a ANCCOM para reflexionar sobre el estado del Poder Judicial, la política internacional, el gobierno de Milei y las denuncias de racismo en Argentina.
El jurista Raúl Eugenio Zaffaroni recibió a ANCCOM en su casa de Flores, en la Ciudad de Buenos Aires, con sus dos gatos y el fino humo de tabaco que acompaña sus charlas. Rodeado por una imponente biblioteca que bordea casi todas las paredes y repasan su trayectoria de intelectual afamado, los estantes se convierten en escenario de múltiples objetos que cuentan historias. De allí cuelga una enorme whipala, que hace frente al escritorio del exmiembro de la Corte.
En el encuentro Zaffaroni abordó diversos temas, entre ellos, la eficacia y funcionalidad de la justicia en nuestro país. El reconocido abogado, sostuvo que el principal problema es la inexistencia de la casación – un recurso planteado ante cualquiera de las salas del Tribunal Supremo, según su especialidad, para que cese e invalide las sentencias dictadas por tribunales inferiores, pero acá, dice Zaffaroni “cada juez hace lo que quiere”.
También reflexionó sobre la campaña mediática “anti argentina” que tuvo lugar las últimas semanas por el accionar de la Selección Argentina frente a Inglaterra y aseguró: “Es una campaña que podría haber estado orquestada por los ingleses y algunos sectores norteamericanos. Todo va en pos de las apuestas”. Y recalcó: “Ya no hay que preguntarse por qué, sino a quién beneficia el hecho de forma monetaria”.
El contexto político-jurídico internacional no quedó fuera, y relacionó el avance de la derecha con el cambio en el discurso social.
En una entrevista dijo que en Argentina no existía el Poder Judicial. ¿A qué se debe esa afirmación?
Tenemos una magistratura que tiene una estructura institucional defectuosa. Cualquier Poder Judicial cumple tres funciones: control de constitucionalidad, casación y la resolución de casos elevados. El problema es que en nuestro país la primera y la segunda fallan; la segunda no la tenemos directamente, y la primera es inútil. Nosotros copiamos el sistema de control difuso de los Estados Unidos hace 170 años, y en el control difuso norteamericano la jurisprudencia constitucional de la Suprema Corte es obligatoria para todos los jueces. Acá no, cada juez sigue haciendo lo que se le da la gana. La casación directamente no funciona, no hay. Cada código puede tener 25 representaciones diferentes, uno por cada provincia, más la federal, más la Ciudad de Buenos Aires, y no hay nadie que las unifique. Esas dos cosas naturalmente repercuten en el servicio, que es la tercera función. Somos la única magistratura en el mundo que no cumple acabadamente sus funciones. Y no hace falta mirar a los mejores sistemas del mundo para darse cuenta. A veces se lo explico a colegas brasileños y te preguntan “¿pero cómo se arreglan sin casación?”. Y uno responde “qué sé yo”.
¿Cuántos miembros deberían componer la Corte Suprema y qué mecanismos deberían utilizarse para asignarlos?
Si queremos tener un Poder Judicial que cumpla esas dos funciones (sin reformar la Constitución, porque eso es un despelote, se requiere un acuerdo político muy grande, del que hoy estamos totalmente lejos), hay que ampliar los miembros de la Corte. Creo que podemos corregir los efectos graves que tienen las eficiencias del Poder Judicial sin tocar la Carta Magna.Tendríamos que tener un ministro por provincia, hacer una Corte de 25 ó 30 jueces. No estoy proponiendo una locura: Costa Rica, que tiene 4 millones de habitantes, tiene 21 jueces en la Corte; Colombia creo que anda por los 30. Me dirán :“Estados Unidos tiene 9 jueces”. Sí, pero la Suprema Corte norteamericana no hace casación, porque los códigos son provinciales, entonces no necesitan la casación. La Corte Suprema de Estados Unidos emite unas 80 sentencias por año. Los tres tipos que componen nuestra Corte están resolviendo 20.000 causas por año. Imaginate que eso te requiere una sentencia cada 20 minutos, sábado y domingo, sin dormir, todo el día, feriados también. Es imposible. A lo cual hay que sumarle que, por arbitrariedad, entra cualquier cosa: derecho administrativo, derecho civil, familia, impuestos, qué sé yo. Tres tipos que son capaces de hacer eso están hechos de kriptonita, no sé. Es una ficción, no es cierto. Ponen el gancho, sin saber lo que están firmando. Te traen unas carpetitas y te dicen “estos son 280” (n.d.r: el artículo que permite a la Corte sentenciar que no va a tratar ese tema). En realidad hoy ni siquiera hacés eso, porque tocas un botón con la firma electrónica. Esa es la última instancia judicial del país. No hay ninguna Corte Suprema o Tribunal Constitucional en el mundo que tenga tres jueces.
¿Facilita esto los procesos del lawfare en nuestro país?
Claro. Hoy si le preguntás a la gente en la calle, el nivel de prestigio judicial está en el suelo. Ahora bien, seamos sinceros, en el país debe haber unos dos mil y pico de jueces provinciales y nacionales. La gran mayoría de esta gente son hombres y mujeres normales, que no están haciendo cosas raras. Y con un cierto nivel técnico que no es malo. Los que sí están en esto, como Comodoro Py, la Justicia Federal Penal de la Ciudad de Buenos Aires, la Justicia Federal Contencioso Administrativa de la Ciudad de Buenos Aires, serán cincuenta tipos, no son más. Llegan a esa posición clave en razón de esos defectos estructurales. De modo que no es imposible resolver esto. Nombrar un juez de la Corte conforme a la Constitución requiere un acuerdo de los dos tercios del Senado. Un partido que tenga los dos tercios del Senado tiene que haber ganado todos los distritos, lo cual es imposible. Entonces se necesita un acuerdo. Pero hoy, ¿con quién vas a acordar? Tenés un demente de presidente de la república y, por otro lado, una oposición cuyos miembros se están matando entre ellos.
La incidencia de menores de entre 14 y 16 años en asesinatos es despreciable. En la Ciudad de Buenos Aires entre los 100 homicidios que más o menos hay por año, puede haber uno cometido por un pibe, a veces no hay ninguno. Pero la prevención no se hace de esa manera (con punitivismo). La ley penal siempre llega tarde, cuando ya estamos recogiendo el cadáver.
¿Cómo concebís las políticas punitivistas que está implementando este gobierno? ¿Por qué pensás que el punitivismo en general tiene tanta ascendencia en la sociedad?
Por los medios de comunicación. Vos encendés el televisor y creés que salís a la calle y te matan en la esquina… ¿Alguien puede ser tan tarado de creer que un psicópata degenerado que le va a dar un hachazo a la cabeza a la mujer, un rato antes abre el Código Penal para ver si le va a costar cinco años más o menos? Solo un idiota puede pensar eso. La prevención se hace de otra manera. Sin contar con que en la realidad el homicidio en la Argentina viene bajando desde hace 12 ó 13 años. De a poco, no bajó de golpe. Pero sí, en la Ciudad de Buenos Aires, bajó un 50%. La impresión que tiene el público es que todos los homicidios son una ocasión de robo. Hay solo un 6% en ocasión de robo. El resto son intrafamiliares, despelote entre vecinos, venganza, no tengo la menor idea, pero son conflictos. La incidencia de menores de entre 14 y 16 años, por otro lado, es despreciable. En la Ciudad de Buenos Aires, a veces, entre los 100 homicidios que más o menos hay por año, puede haber uno cometido por un pibe, a veces no hay ninguno. Pero la prevención no se hace de esa manera. La ley penal siempre llega tarde, cuando ya estamos recogiendo el cadáver.
Apareció en los últimos días en la prensa internacional y las redes sociales una oleada de críticas hacia la Argentina acusada de un país “racista”. ¿Cómo evaluás esta construcción mediática de la imagen del país? ¿Argentina es el país más racista del mundo?
Sí es cierto que en nuestra historia nuestra tenemos el genocidio de Roca en la Patagonia, pero no fue exclusivamente nuestro y no fue a los negros. En Chile, Venezuela y Perú pasó lo mismo después de la independencia europea. Fuimos racistas con el indio, el mestizo, y el gaucho; y después con el gringo degenerado, terrorista, socialista, anarquista, etc. No voy a decir que Argentina no es un país racista porque sería una estupidez. En mi experiencia en el INADI, la discriminación, rara vez, era por melanina. Se daba más por género, edad, discriminación etaria a los viejos, de clase. Las denuncias no eran de discriminación fundamentalmente racista. Pero no somos un país particularmente racista. Es irónico porque después de haber presenciado un fenómeno absolutamente anticolonialista, como es levantar esa bandera en ese partido de fútbol…
Fuiste parte de la Corte Interamericana de Derechos Humanos que nos citó tanto en 2024 como en 2025 a declarar por todas las denuncias sobre la violación del derecho a la libertad de expresión y/o retrocesos en derechos humanos. ¿Qué derechos humanos vos crees que hoy están más vulnerados?
Fundamentalmente los que están más vulnerados son los derechos sociales porque el Estado se retira, lo cual no significa que no se vulneren los derechos individuales. Si vos das derechos individuales y no das derechos sociales, la gente va a tener un saldo en sus derechos individuales para pedir pan, y le vas a tener que dar pan o sacar los derechos individuales. Y viceversa, si repartís pan sin derechos individuales el que reparte se va a quedar con todo en algún momento. De modo que esa separación es algo del siglo pasado. Y lo que estamos viviendo es una situación… Yo no sé si no nos damos cuenta que estamos todos en libertad condicional, ¿no? Si no nos meten en cana es porque no importamos mucho.
Nos gustaría llevarte un poquito al contexto internacional. ¿Cuál es el estado del derecho internacional ahora?
El derecho internacional siempre fue un pequeño problema, porque falta un organismo de gobierno de planeta. Si bien se había logrado un cierto nivel de respeto recíproco, no se llegó a eso porque estuvieran todos convencidos de que lo mejor era la paz. Creamos en el ámbito internacional una especie de derecho internacional humanitario, como la Cruz Roja, no para evitar la guerra, sino para tratar de neutralizar los aspectos más crueles. Pero las guerras son por guita, por la fabricación de armas. Mirá a partir de la última posguerra del 45, cuantas más hubo. El poder punitivo y la guerra son dos hechos políticos. El que tiene el poder lo hace. Además, hubo un cambio en el discurso: antes se hacía la paz y ahora te responden: “Y si soy nazi, ¿qué? Trump es una especie de Hitler de esta época, alguien al que le falla algo en la cabeza también, con el mismo discurso.
¿Y cómo analizas que Milei quiera alinearse con Trump?
Milei es un vendepatria. Él quiere ser el líder de todas las derechas de América Latina, pero está tan loco que no lo va a lograr. Discutir si la guerra es justa o la guerra es injusta, es una boludez. Lo único que podés intentar, es hacer un derecho que contenga ese tipo de fenómeno. Tanto lo internacional como lo nacional. Como decía Perón, la política es internacional.