La Banda Sinfónica Nacional de Ciegos “Pascual Grisolía” es única en su tipo en todo el mundo. Bajo el marco del Programa Infancias, el elenco va a presentarse en el Museo Nacional de Arte Decorativo, después de un show sensacional que ofreció en el ex Centro Cultural Kirchner. Un orgullo argentino que también sufre el impacto del ajuste.
“En el escenario la discapacidad pasa a segundo plano”, dice el clarinetista Federico Kruszyn, integrante de la Banda Sinfónica Nacional de Ciegos Pascual Grisolía desde hace más de diez años. Aproximadamente el 80% de los cincuenta y cinco músicos que forman parte del elenco tienen la misma discapacidad que Kruszyn. Desde su debut en 1947, la primera y única orquesta de su tipo en el mundo, que depende de la Dirección Nacional de los Elencos Estables de la Secretaría de Cultura de la Presidencia de la Nación, agiganta en cada concierto una hazaña artística sin precedentes.
Con motivo del receso invernal, el elenco nacional preparó un show para los más pequeños de la familia. La Sala de Conciertos Ballena Azul del Palacio de la Libertad (ex Centro Cultural Kirchner) recibió a un público que no podía contener sus emociones: las canciones que escuchan todos los días, aquellas que aprendieron con la maestra en el jardín de infantes y que los introduce en el mundo musical, ahora eran interpretadas por una de las bandas sinfónicas más emblemáticas del país.
Acompañados por la cantante invitada Karina Antonelli, la orquesta dio inicio a su presentación con tres clásicos de María Elena Walsh, seguido por dos canciones de Ruben Rada. Después de un preámbulo donde se destacó que “lo esencial es invisible a los ojos”, los músicos tocaron la poesía sinfónica de Ferrer Ferran basada en El Principito, de unos sorprendentes diecisiete minutos de duración. Como se trató de una función especial, la banda contó con la participación de la Escuela de Formación Nacional en Danza (EFNED), dirigida por Margarita Fernández.
La preparación de un concierto
Los músicos entran por concurso o audiciones y ensayan tres veces por semana. Pero los días que se quedan en casa son incluso más importantes que los ensayos grupales, dado que es allí donde leen las partituras en braille y se encargan de memorizar piezas de una altísima complejidad. Son los únicos que, cuando tocan en vivo, no utilizan atriles. Julieta López forma parte de la fila de percusión, que cuenta con la particularidad de no encasillar a los músicos en un solo instrumento, sino que rotan entre el redoblante, el gran cassa y diversos accesorios rítmicos. La percusionista cuenta que formar parte de la banda se siente como “cerrar un ciclo después de tantos años de dedicarse a la música”. Oriunda de Mendoza, desde chica tuvo una fascinación por las bandas de Rock, donde predominan las guitarras y baterías. Cuando surgió la oportunidad de mudarse a Buenos Aires para audicionar en la sinfónica, no lo dudó: sus quince años de experiencia en bandas y proyectos mendocinos, sumado a su título en el profesorado de música y una preparación con un profesor particular, hicieron que finalmente Julieta pueda vivir de lo que ama.
Una característica de la banda es que cuenta con un sistema de directores invitados que van rotando. Para este ciclo de shows, que seguirá el viernes 31 de julio en el Museo de Arte Decorativo y culminará el sábado 1 de agosto en el Ciclo Florida Cultura, el elegido fue el Maestro Esteban Fernández, quien se enorgullece de haber sido reclutado por los propios músicos y no por algún administrativo. Sucede que el director cordobés había dirigido a la banda durante una semana en el 2015, y eso bastó para haber entablado una gran relación con algunos de los solistas. En diálogo con ANCCOM, el director destaca cuales son los aspectos a los que tuvo que adaptarse en este nuevo modo de dirección, el cual hace de la gestualidad corporal algo obsoleto: “Modifiqué la técnica al incorporar golpes en el atril, y cambié por completo la forma de administrar el ensayo. Por ejemplo, trabajamos con cuarenta compases por día, y lo que a una banda sin discapacidad visual le tarda una semana, a ellos les lleva dos meses”. En oposición a visiones verticalistas, Fernández se presenta como un “conductor del equipo”, donde el objetivo es tratar de capitalizar la virtud de los músicos: “Mientras más dudas les deje, mejor –dice el director–. Tienen una forma diferente de apreciar las cosas pero, sin menospreciarlos, noto que entre ellos hay cierto conformismo cuando intuitivamente pueden dar mucho más. Pero una vez que terminen estos tres shows, se vence el contrato: el horizonte dura dos meses, no hay margen de crecimiento. Las obras son esporádicas y no hay un programa artístico en función de lo que los músicos necesitan”.
Abundan los recortes
La banda, que toca habitualmente en el ex Centro Cultural Kirchner, depende del ex Ministerio de Cultura, transformado en Secretaría. Esto trajo consigo consecuencias que hasta el momento eran desconocidas para los músicos. La banda iba a presentarse en el Festival Nacional de Tango de La Falda, pero su participación fue cancelada a último momento. En su larga trayectoria, Federico Kruszyn ha recorrido distintos puntos del país, pero menciona que en la situación actual “la cuestión económica se delega a las provincias”, dando como resultado que no se realicen giras nacionales: “Hasta último momento estuvimos viendo cómo se resolvía el hospedaje y el transporte. Es un gobierno que llegó al poder levantando la bandera del mérito, y no entiendo por qué se maneja así con gente que llegó donde está de la misma forma. Nadie entró porque golpeó la puerta, vio luz, y subió. Todos nos formamos y tenemos credenciales y un currículum que nos avala para estar donde estamos”, dice Kruszyn, quien también es docente de musicografía braille en dos conservatorios. Julieta López agrega que quienes trabajan para Cultura han sentido el impacto en muchísimos ámbitos, como en los espacios de ensayo y en los recursos con los que cuentan: “Hay otro tipo de inversión, ya que la Secretaría no tiene presupuesto propio. Ahora mismo estamos a la expectativa de lo que parece ser un contrato que no nos favorece para nada, todo consecuencia de esta nueva forma de gobernar. Se está tratando de ver la manera para sostener el contrato actual, y mientras atravesamos estas noticias, venimos a ensayos generales, memorizamos, y convocamos a gente a los conciertos”.
Naturalmente, el director asignado debería tener en cuenta las circunstancias ajenas a la música per se para poder trabajar en armonía con la banda. Sobre este tema, Esteban Fernández opina: Ccon esta clase de músicos trabajás hasta donde la mente puede. Con los recortes contractuales y otras complicaciones que atraviesan, tengo que ser cuidadoso: ¿hasta qué punto se les puede exigir? Cuando se logre concretar el tiempo y la previsibilidad necesaria para diagramar un programa a corto y largo plazo, también se van a terminar los desmanejos para con ellos”.
En definitiva, la Banda Sinfónica Nacional de Ciegos es otro patrimonio nacional que debe resistir los embates del gobierno. Para Kruszyn, la mejor manera que tienen los músicos para hacer visible su reclamo es no dejar de tocar: “Quizá sea algo romántico, y muchos compañeros probablemente estén en desacuerdo conmigo; pero llenar salas y demostrar que nos necesitan, y que somos relevantes, es la forma indicada de decir ‘acá estamos’”.