Esta semana se estrena «Diciembre», un documental realizado con imágenes de archivo televisivo sobre la crisis del 2001 que terminó con la renuncia de Fernando de la Rúa. Del «corralito» de Cavallo al «que se vayan todos».
Cacerolazos, saqueos, represión y una consigna que se repetía en las calles de todo el país: «Que se vayan todos». A casi veinticinco años de aquellos acontecimientos, el documental Diciembre, dirigido por Lucas Gallo, que se estrena el 24 en el MALBA, propone regresar a esas jornadas utilizando exclusivamente material de archivo televisivo, principalmente de Crónica TV, para reconstruir en tiempo real uno de los episodios más decisivos de la democracia argentina.
La película, presentada en una función especial para prensa en la FUC, universidad del cine ubicada en el Barrio de San Telmo en la Ciudad de Buenos Aires, no busca explicar el 2001 desde el presente ni apoyarse en entrevistas retrospectivas, ya que en todo el documental no se escuchan las voces de los periodistas sino solo las voces de los protagonistas, los trabajadores. El filme sumerge al espectador en el clima de incertidumbre, caos y efervescencia política que se vivía entre el anuncio del corralito, el 1 de diciembre de 2001, y la asunción de Eduardo Duhalde en enero de 2002.
«Quería que la película funcionara como un universo autónomo. Si incorporaba entrevistas actuales o miradas del presente sentía que rompía con eso», explicó Gallo durante la conferencia posterior a la proyección.
Uno de los aspectos más destacados del documental es la enorme cantidad de imágenes recuperadas para la reconstrucción de aquellos días. El director contó que pasó entre cuatro y cinco meses trabajando dentro de los archivos de Crónica TV, revisando cintas y registros de la cobertura periodística.
«Yo no quería televisión ni periodismo, quería más calle. Fantaseaba con encontrar el material en bruto, el crudo de lo que estaba pasando, aunque después descubrí que ese material no era tan crudo como imaginaba», recordó.
La decepción inicial se transformó rápidamente en una decisión estética y narrativa: construir ese material «crudo» mediante el montaje. El equipo reencuadró imágenes, eliminó cronistas y periodistas del cuadro y buscó que el espectador se sintiera inmerso en medio de las manifestaciones, las corridas y las discusiones políticas de aquellos días.
Alrededor del 70% del material utilizado proviene de Crónica TV, aunque también se incorporaron imágenes de Radio y Televisión Argentina y de medios del interior del país. La edición del documental se extendió durante dos años y se realizó inicialmente sobre copias de baja calidad y con marcas de agua, hasta la adquisición definitiva del archivo original.
Lejos de proponer una tesis cerrada sobre los hechos, Gallo aseguró que prefirió dejar que el propio material guiara la narración. «No quería demostrar nada ni comprobar ninguna teoría. Quería meterme en las imágenes y ver hacia dónde me llevaban», sostuvo.
El director buscó que figuras como Fernando de la Rúa, Adolfo Rodríguez Saá, Carlos Ruckauf o Eduardo Duhalde funcionaran más como personajes dentro de un relato colectivo que como protagonistas individuales.
Pero Diciembre no solamente reconstruye la caída de un gobierno o el derrumbe de un modelo económico. También funciona como el retrato de una Argentina que comenzaba a desaparecer.
«Me interesaba cómo hablaba la gente y cómo se relacionaba con la cámara. Hoy vivimos rodeados de teléfonos y redes sociales, pero en ese momento había otra conciencia de la imagen», señaló Gallo.
La música, los discursos, las formas de ocupar el espacio público e incluso la presencia del tango en la banda sonora remiten a un país previo a internet y a la hiperconectividad actual.
«Siento que en 2001 hay algo que se termina. Es un cambio de época no solamente político sino también cultural», afirmó Gallo. Para el director, el archivo no solo permite reconstruir una crisis institucional y económica, sino también retratar una Argentina que comenzaba a desaparecer.
Entre los episodios cuya inclusión defendió especialmente aparece la masacre de Floresta, ocurrida el 29 de diciembre de 2001, cuando un policía retirado asesinó a tres jóvenes que observaban por televisión las imágenes de la represión y las protestas de los días anteriores.
«Para mí era muy importante incluirla porque tiene algo de metalenguaje muy fuerte: esos chicos están mirando en la televisión lo mismo que el espectador acaba de ver en la película», explicó el director.
Durante el intercambio con cronistas surgieron inevitablemente las comparaciones entre las imágenes de la película y la Argentina actual. La represión policial, los ajustes económicos y ciertas consignas que vuelven a aparecer en el debate público llevaron a uno de los periodistas a preguntarle a Gallo si dentro de veinte años podría existir un documental sobre los años 2025 y 2026, del mismo modo en que Diciembre revisita el 2001.
El director evitó establecer paralelismos lineales entre ambos períodos, aunque reconoció que la pregunta resulta inevitable. «No lo sé, puede ser. A veces siento que estamos más cerca de 1995 que de 2001. En aquel momento había empleados públicos que llevaban meses sin cobrar y directamente no circulaba dinero. Fue una crisis brutal, realmente no había plata», respondió.
Sin embargo, admitió que durante el proceso de investigación experimentó una extraña sensación de superposición entre pasado y presente. Después de pasar horas revisando archivos de protestas y conflictos sociales de 2001, salía a la calle y encontraba escenas que parecían dialogar con aquellas imágenes.
Más allá del valor histórico y documental del material recuperado, Diciembre se presenta como un ejercicio de memoria colectiva y como una invitación a revisitar un momento que modificó para siempre la vida política y social del país. «Quería que la película ayudara a pensar qué pasó y también a pensar el presente», concluyó Gallo.
Más allá del valor histórico y documental de lo sucedido se presenta como un ejercicio de memoria colectiva y una invitación a revisitar un momento que modificó para siempre la vida política y social del país. Lejos de limitarse a reconstruir los hechos, la película busca abrir preguntas sobre las causas y las consecuencias de aquella crisis, pero también sobre sus ecos en el presente.
A través de imágenes que todavía conservan una fuerza y una vigencia sorprendentes, Diciembre no solo reconstruye uno de los capítulos más convulsionados de la historia argentina reciente, sino que también invita a nuevas generaciones a acercarse a aquellos acontecimientos y a quienes los vivieron a revisitar sus recuerdos. Entre cacerolas, discursos, corridas y transmisiones en vivo, el documental de Lucas Gallo recupera un pasado que, a casi veinticinco años de distancia, continúa interpelando al presente y dejando abiertas preguntas sobre el futuro del país.