Por Gianfranco Rampinini
Fotografía: Archivo ANCCOM

Una organización sin fines de lucro lleva adelante un proyecto de intermediación que busca reducir la brecha entre la oferta de vivienda ociosa y la demanda de familias que pueden pagar un alquiler, pero no logran cumplir los requisitos formales del mercado.

La ciudad de Buenos Aires enfrenta una paradoja en materia habitacional: mientras la población inquilina crece de manera sostenida, impulsada en gran parte por el aumento de la informalidad laboral –que deja a miles de trabajadores fuera del mercado formal de alquiler–, se calcula que unas 228.000 viviendas permanecen vacías dentro del territorio porteño. Estas propiedades representan un costo para sus dueños, quienes deben afrontar el pago de impuestos, servicios y expensas sin obtener ningún rendimiento de sus activos.

Ante esta coyuntura, la organización cristiana sin fines de lucro Hábitat para la Humanidad, con más de 20 años de historia en la implementación de iniciativas para a dar respuesta a problemáticas de vivienda, presenta el proyecto “Inmobiliaria social”, un puente estratégico para reactivar inmuebles vacíos y ofrecer soluciones a quienes hoy padecen la incertidumbre del mercado informal.

El modelo opera sobre dos ejes. Por un lado, identifica propiedades que no pueden alquilarse por procesos legales inconclusos o problemas de habitabilidad, como refacciones que resultan caras para sus propietarios o sucesiones no concluidas. Frente a esas situaciones, la organización desarrolla un modelo de reformas y revalorización para poner la vivienda en condiciones de ser alquilada, que se financiará a medida que se cobra el alquiler.

Por otro lado, identifica a familias que cuentan con capacidad de pago demostrable pero que no responden a las condiciones del mercado inmobiliario formal por falta de garantía propietaria o recibo de sueldo. En el conjunto de personas con dificultades para alquilar se cuentan las que son excluidas de varias propiedades por la conformación de su núcleo familiar, por tener hijas o hijos, o incluso mascotas. Hábitat Argentina apunta a gestionar el vínculo entre ambas partes y evalúa estrategias para ofrecer garantías de cobro efectivas, pero a su vez accesibles.

El escenario en CABA

Según un estudio de 2023 del Colegio Profesional Inmobiliario porteño, el 81% de los propietarios y las propietarias en la Capital Federal tienen más de 65 años y deben lidiar con los costos que genera una vivienda desocupada. Sólo en expensas, el promedio de costos en 2025 osciló entre los $250.000 a $270.000 mensuales, sin contar ABL, mantenimiento ni seguros. En tanto, el 57% de quienes buscan alquilar destina más de la mitad de sus ingresos al alquiler, según la Encuesta Inquilina 2025. El 43,2% de los trabajadores y trabajadoras de CABA opera en la economía informal, lo que los deja sin recibo de sueldo ni acceso a seguros de caución. El 40% de las familias con menores reportó dificultades explícitas para alquilar.

“Ante este panorama, estamos trabajando en un paquete de ofrecimiento a los propietarios para que esos inmuebles vuelvan al mercado: financiando una revalorización de esos departamentos, mediante un fondeo para ponerlos en valor, que se destinen a familias que carezcan de los requisitos para acceder a un alquiler formal, y nosotros asumir la gestión del vínculo entre las partes, la garantía del cobro y el acompañamiento social de quienes alquilarían estas propiedades”, explica la directora ejecutiva de Hábitat Argentina, Bárbara Bonelli, en diálogo con ANCCOM.

La iniciativa se sustenta en 15 años de trabajo en el barrio de La Boca, donde la organización gestionó un proyecto de alquileres sociales que hoy sirve como evidencia de éxito. “En las familias que pasaron por nuestro proyecto, un 33% de los casos desarrollaron alguna trayectoria educativa en el marco de su estadía. Esto se logra gracias a un marco de previsibilidad y acompañamiento, donde las familias ya no deben preocuparse por cambios imprevistos en las condiciones de alquiler. Por otra parte, está demostrada la dificultad de poder llevar adelante un desarrollo profesional en contexto de imprevisibilidad habitacional –agrega Bonelli–. Y a lo largo de todos estos años, nunca vivimos situaciones perjudiciales, ni ocupaciones ilegales, y creemos que ese es nuestro mayor respaldo”.

Según Bonelli, el proyecto impacta más allá de la relación entre inquilinos y propietarios. Una ciudad con menos espacios vacíos y deteriorados es una ciudad más segura y eficiente para todos. “Se busca un abordaje integral a esta temática urbana”, subraya. Mientras tanto, la Inmobiliaria Social ya comenzó a identificar propietarios para alimentar la base de inmuebles a revalorizar y poner en alquiler. El mapa, así como las alianzas para potenciar el modelo, están en pleno desarrollo. Para obtener más información se puede ingresar en la página web del proyecto.