ANCCOM recorrió “Los fondos de Malvinas”, el archivo en expansión de la Biblioteca Nacional Mariano Moreno que reúne documentos,cartas, objetos, muchos de ellos donados por excombatientes.
La Biblioteca Nacional Mariano Moreno organiza “Los fondos de Malvinas”, una colección en crecimiento que reúne correspondencia, diarios, objetos y testimonios audiovisuales donados por excombatientes y familiares. Este archivo convierte restos dispersos de experiencias privadas en un sistema público de conservación, consulta y circulación, al mismo tiempo que los inscribe en una narrativa institucional que abarca tanto la guerra de 1982 como la extensa historia del reclamo de soberanía sobre las islas.
El proyecto surge a partir de la muestra «Contar Malvinas» (2022), cuando, según la investigadora Fernanda Olivera, comenzó a evidenciarse la necesidad de resguardar materiales que permanecían fuera de los circuitos institucionales. «Muchos veteranos nos traían sus cartas en el bolsillo, hechas un bollo, las iban desplegando ahí mismo», recuerda. Ese fue el punto de partida de un fondo que busca evitar que esos documentos frágiles e íntimos de la memoria colectiva se pierdan.
Convencer a los excombatientes de donar esos materiales no siempre resulta sencillo. «Son documentos muy preciados que los acompañaron durante la guerra y que siguen atravesando sentimentalmente a ellos y a sus familias», explica Andrés Tronquoy, miembro del Departamento de Investigaciones. «Nosotros tratamos de decirles: ´No solamente son documentos importantes para ustedes, sino que son documentos importantes para el país´». Cuando los donantes prefieren conservar los originales, la Biblioteca ofrece digitalizarlos y devolverlos, con el objetivo de que esa memoria también pueda preservarse institucionalmente.
Papeles que manchan
Antes de manipular cualquier documento, Florencia Buschi, integrante del departamento de archivos, reparte entre los presentes unos guantes blancos de látex. Bastan unos minutos para que dejen de ser blancos. El contacto con papeles de más de cuarenta años les imprime pequeñas manchas color óxido, una huella del paso del tiempo sobre materiales que, hasta hace poco, permanecían guardados en cajas o bolsas de plástico.
Actualmente, el fondo reúne ocho donaciones, aunque no todas están disponibles para consulta pública. Solo tres atravesaron el proceso completo de descripción archivística; las restantes continúan en distintas etapas de tratamiento. «La Biblioteca es el lugar de resguardo. Esa es su función primera. Tiene las instalaciones y los profesionales acordes a esa conservación», sintetiza Olivera. Cada colección debe ser identificada, clasificada, acondicionada y, cuando es necesario, restaurada antes de ponerse a disposición de investigadores y del público. «El trabajo archivístico no es magia, tiene pasos y cuestiones técnicas», explica Buschi.
Uno de esos casos es el diario del médico voluntario Oscar Ricardo Rojas, que permanece temporalmente en el taller de restauración. Su espiral metálico, las cintas adhesivas y el propio envejecimiento del papel requieren un tratamiento de conservación antes de que pueda volver a guardarse y ponerse en consulta.
En ese cuaderno, Rojas registró día a día las jornadas del hospital civil de Puerto Argentino, la escasez de insumos médicos, la llegada de soldados heridos y escenas que décadas después seguiría recordando, como la de un conscripto que escondía un pedazo de pan entre las manos por miedo a quedarse sin comida. «No solamente me conmovió a mí (…) lloramos todos», recuerda en la entrevista que acompaña el fondo documental.
Las donaciones combinan documentos originales con copias digitales, mientras que otras están compuestas casi exclusivamente por archivos digitalizados. Cada una cuenta con una descripción general que reconstruye la historia del donante y del conjunto documental. Además, el archivo busca vincular esos materiales con los relatos de quienes los conservaron durante décadas. “La idea es unir a cada uno de los veteranos con una entrevista audiovisual que sea accesible a todo el país y que relacione el relato oral con sus documentos”, explica Tronquoy.
Entre las cajas conservadas aparece la historia de Gabriel Espir, una de las primeras donaciones recibidas. Cuando se acercó a participar de la muestra “Contar Malvinas”, apareció con una bolsa llena de cartas que había rescatado durante la guerra y que nunca había vuelto a abrir. “Había sorpresas en eso”, recuerda Olivera. Muchas de esas cartas habían sido enviadas por estudiantes durante la campaña “Una carta y un chocolate”, una iniciativa escolar que buscaba acompañar a los soldados en las islas. Cuando los aviones ya no podían aterrizar por los bombardeos, los suministros se arrojaban desde el aire. «A veces caía comida, que era lo más importante, y otras veces bolsas con cartas», recuerdan los investigadores. En los momentos de calma, los soldados corrían a recoger lo que hubiera caído. Espir guardó muchas de esas cartas en una bolsa y durante más de cuarenta años no volvió a abrirla. Recién cuando decidió donarlas a la Biblioteca Nacional esos papeles volvieron a desplegarse.
No todo son cartas. La colección también reúne objetos, fotografías, diarios, telegramas y piezas singulares, como los folletos que el médico y académico Víctor Cerrate enviaba durante la guerra a colegas de distintos países para difundir los fundamentos históricos y jurídicos del reclamo argentino. Durante la recorrida los investigadores muestran ejemplares en español e italiano, junto con respuestas recibidas desde España que expresan solidaridad con la posición argentina. Se lee: “Deseo de todo corazón la más justa solución para el problema existente hoy en día – Luis Madones Sevilla”.
Otro de los fondos corresponde a la colección de Javier Ricardo Zarza, quien, además de decenas de cartas familiares, donó una vaina de proyectil que volvió con él desde las islas. Entre los materiales se encuentra una carta enviada por su abuela, en la que pregunta si había recibido el dinero que le había enviado; la respuesta del soldado da cuenta de que el sobre había llegado abierto. «Debés estar hecho un alfiler», se lee en otra en la que posiblemente le enviaron víveres. Según relatan varios excombatientes, parte de la correspondencia era revisada antes de distribuirse y, en algunos casos, el contenido desaparecía.
Posguerra
También se incluyen en el archivo documentos posteriores a la guerra vinculados a la vida civil de los excombatientes. “Una de las cosas que hacen casi todos los veteranos es ir a las escuelas a dar charlas de concientización”, explicó Olivera al desplegar un afiche con firmas realizado en 2012 por alumnos de una escuela primaria. Agrega: “De algún modo la escuela fue una de las maneras que tuvieron de contención”, en un contexto marcado por dificultades laborales y por el silencio social que atravesó a muchos veteranos.
Pero la memoria de Malvinas en la Biblioteca Nacional no empieza ni termina en 1982. En la sala del Teseo, en el mismo piso, a solo metros de distancia, se resguardan mapas, libros y registros diplomáticos, que reconstruyen la historia de disputas de soberanía desde el siglo XVIII. Estos materiales permiten situar el conflicto bélico dentro de una genealogía histórica más amplia. “Es importante dar cuenta del reclamo de soberanía y su historia previa”, señaló Olivera. En ese marco, el archivo incluye expediciones, debates cartográficos y correspondencia diplomática que funcionaron como dispositivos de argumentación territorial en distintos períodos.
A su vez, el equipo avanza en la construcción de un índice general que permita localizar el conjunto de materiales vinculados a Malvinas dentro de sus distintos repositorios. “La intención es avanzar sobre un índice que permita saber dónde está cada cosa y en qué formato”, explicó Tronquoy.
Décadas después de la guerra, la Biblioteca Nacional continúa incorporando nuevos fondos, organizando materiales dispersos y trazando vínculos entre colecciones que permanecían aisladas. El archivo transforma la forma en que ese pasado puede ser conocido al convertir documentos privados y testimonios personales en un patrimonio público disponible para las generaciones que ya no conocerán a sus autores. Conservarlos es preservar la experiencia humana e histórica que en ellos quedó condensada.
El archivo se puede consultar de lunes a viernes de 10 a 18 hs y sábados y domingos de 12 a 19hs. en la Biblioteca Nacional Mariano Moreno, Agüero 2502 (CABA).