El arzobispo de Buenos Aires, monseñor Jorge García Cuerva, brindó una misa en conmemoración de los cincuenta años de la Masacre de San Patricio en la parroquia de la comunidad. Novedades en la causa judicial que investiga esos crímenes de lesa humanidad.
El sábado pasado se celebró en la Parroquia de San Patricio, en el barrio de Belgrano, una misa presidida por el arzobispo de Buenos Aires, monseñor Jorge García Cuerva, en conmemoración de los cincuenta años de la Masacre de San Patricio. La ceremonia buscó recordar, medio siglo después, a los cinco mártires palotinos asesinados por la última dictadura militar: los sacerdotes Alfredo Kelly, Alfredo Leaden y Pedro Dufau y los seminaristas Emilio Barletti y Salvador Barbeito.
El crimen sucedió en la madrugada del 4 de julio, en la casa parroquial, cuando un grupo de tareas acribilló a los cinco religiosos. En las primeras horas de la mañana fueron hallados los cuerpos y en el lugar los asesinos dejaron pintadas que vinculaban el hecho como una respuesta al atentado realizado contra la sede de Coordinación Federal, dos días antes. En una de las paredes se leía: «Por los camaradas dinamitados en Seguridad Federal, venceremos, viva la Patria» y en otra se acusaba a las víctimas de haber muerto por haber sido «adoctrinadoras de mentes vírgenes».
Además de García Cuerva, la misa contó con la presencia del obispo de La Rioja y el presidente de la Comisión Episcopal de Pastoral Social, monseñor Dante Braida, así como el arzobispo de San Juan, monseñor Jorge Lozano. Aparte se hicieron presentes autoridades de la congregación palotina, llegadas de Irlanda, Uruguay, Brasil y Cuba, en un templo que se colmó de fieles para la ocasión. Por otro lado, estuvieron referentes de derechos humanos como Fátima Cabrera de Rice y distintos colectivos, como Palotinos por la Memoria, la Verdad y la Justicia.
En la homilía el arzobispo remarcó que “los palotinos asesinados estaban preocupados por el dolor de su gente» y que no se resignaron al silencio en una «Argentina que se desangraba». Por eso, García Cuerva señaló que su «delito» fue «pregonar el Evangelio a destiempo, defender la vida y la dignidad humana» y ser parte de una «fraternidad que incomodó». La lectura funcionó como una invitación a reflexionar sobre el individualismo y la violencia predominante en nuestra época actual.
El arzobispo hizo además una mención a la exhortación apostólica Dilexi te del papa León XIV, en la que el pontífice denuncia que aún existe «una cultura que descarta a los demás sin advertirlo siquiera y tolera con indiferencia que millones de personas mueran de hambre o sobrevivan en condiciones indignas del ser humano».
En esa línea, García Cuerva sostuvo que los cinco palotinos asesinados «entendieron perfectamente esta profecía, no creían en el mesianismo de las armas, de la violencia o de la opresión». Ellos creían en el rey que se presenta humilde y “su única arma fue el Evangelio, su trinchera fue la parroquia, el barrio, el confesionario, el altar y la cercanía con los más pobres».
Por otro lado, respecto a la causa judicial que investiga el crimen, hasta el día de hoy no se encontraron ni los autores materiales ni los intelectuales. Durante varios años las miradas apuntaban a un grupo de tareas de la Marina. Pero actualmente la causa se tramita en el juzgado de Daniel Rafecas, que investiga los crímenes cometidos por el I Cuerpo de Ejército, del que dependían operativamente también las patotas formadas por policías. En los próximos días tendrán que prestar declaración indagatoria tres efectivos policiales de la Comisaría 37, dos de los cuales, ese 4 julio se acercaron en un patrullero a los autos donde estaban los integrantes del grupo de tareas y, luego de un breve diálogo, se retiraron. Instantes después, le avisaron a un custodio de la fuerza, que se encontraba en una casa vecina, que no saliera si escuchaba disparos.
“Desde Palotinos por la Memoria y desde la querella estamos con mucha expectativa ante lo que pueda pasar estos días ante las tres indagatorias que se tomarán esta semana y ante la situación del policía Miguel Romano, el más implicado que estaba a cargo del patrullero que asistió al lugar del hecho e identificó a los integrantes del grupo de tareas”, dijo a ANCCOM Ramiro Varela referente de Palotinos por la Memoria, y agregó: “Este ex oficial de la Policía Federal tiene que comparecer ante la Cámara Federal de Apelaciones el 17 de julio para que se resuelva su situación y se defina si puede ser llamado a indagatoria por el juez Rafecas en el marco de la instrucción de la causa”.
Las actividades en memoria de los mártires seguirán el miércoles, a las 19, cuando se presentará el libro La verdad los hará libres, con la participación de monseñor Jorge Eduardo Scheinig y dos de los autores, en la Parroquia San Patricio de Mercedes. Finalmente, el viernes 10, a las 17 horas, se presentará el libro Lo que he visto y oído sobre mis cinco hermanos palotinos, del sacerdote Rodolfo Capalozza, sobreviviente de la masacre, en la Feria del Libro de La Rioja. Capalozza había ido al cine con los dos seminaristas asesinados, horas antes del crimen. En vez de regresar a San Patricio, decidió dormir en la casa de sus padres, en Barracas. Y eso le salvó la vida.
Medio siglo después, como mencionó García Cuerva, se sigue recordando a los cinco mártires palotinos por su fe, bajo el lema que el entonces Cardenal Bergoglio pronunció en su homilía por el 25.º aniversario del caso: «Juntos vivieron y juntos murieron».