Alumnos del Colegio Nacional de Buenos Aires repudiaron con un ruidazo la difusión de imágenes de compañeras manipuladas con inteligencia artificial en un grupo de WhatsApp integrado por chicos del Nacional y del Pellegrini. “Esto está pasando en muchos colegios, y tiene mucho que ver con la época en que vivimos”, plantea Ona Morgenfeld, vicepresidenta del Centro de Estudiantes.
El pasado 3 de junio se realizó la masiva concentración de Ni una menos.
Bombos, aplausos y palabras de protesta en la puerta del Colegio Nacional de Buenos Aires. Un grupo de estudiantes se reunió ayer para repudiar un hecho que desde el fin de semana sacude a la comunidad educativa: la existencia de un grupo de WhatsApp integrado por alumnos del Nacional y de la Escuela Superior de Comercio Carlos Pellegrini en el que se difunden imágenes de compañeras, algunas manipuladas con inteligencia artificial y otras no, sin su consentimiento. El Centro de Estudiantes del Nacional de Buenos Aires (CENBA) publicó un comunicado informando sobre el acontecimiento, que expresa “el máximo repudio desde la impotencia, la indignación, la bronca y el dolor” frente a hechos que, sostienen, exigen romper el silencio. Allí denuncian que el grupo fue creado “con el fin de difundir y comercializar imágenes y videos de amigas y compañeras, tanto editados con Inteligencia Artificial como no, sin ningún tipo de consentimiento”, y reclaman que las estudiantes no sean obligadas a convivir cotidianamente con quienes participaron de esos circuitos de violencia. Bajo la consigna “que el silencio no nos gane”, convocaron a un ruidazo, donde leyeron una carta escrita por la Comisión de Géneros del Centro de Estudiantes.
Alrededor de setenta estudiantes se congregaron alrededor de diez o doce chicas que se turnaban para leer la carta. Por el resto de la vereda, otros estudiantes pasaban y oían de refilón. Para algunos pequeños grupos de alumnos, el ruidazo parecía pasarles desapercibido. En tal escenario, Ona Morgenfeld, vicepresidenta del CENBA, relató a ANCCOM la secuencia de hechos: “Nos enteramos el viernes pasado que había un grupo de Whatsapp de chicos de segundo año, tanto del Pellegrini como del Buenos Aires, que compartían fotos de chicas, algunas editadas con inteligencia artificial y otras no. Las chicas se enteraron y salieron a repudiarlo en redes sociales y ahí nos enteramos todos. Llegamos el lunes al colegio y nos encontramos con una situación bastante horrible. En segundo año, mucho caos. No tenemos una información tan certera de todo, ni una lista de nombres, y tampoco es la intención difundir eso bajo ningún punto de vista. Pero la situación es preocupante, las chicas están muy angustiadas. Yo misma y todas mis compañeras estamos muy angustiadas. Son cosas que pensamos que en 2026 no iban a seguir pasando”.
La conmoción, explicó, también obliga a revisar algunos supuestos construidos durante los últimos años. “Lleva también a repensar algunas cosas, como esto de que después de la gran ola feminista de 2018 estas batallas ya se habían ganado, o que justamente en espacios como estos no iban a pasar estas cosas, tan extremas”, planteó Morgenfeld. Esa misma reflexión aparece en el comunicado del CENBA, donde las estudiantes esgrimen que ciertas discusiones se dieron “por saldadas demasiado rápido”: “Más de una vez, en jornadas como las del 3J, hablar de consentimiento, de la autonomía sobre nuestros cuerpos, de la privacidad, del respeto y de la violencia de género era volver sobre algo ‘obvio’. Lo que pasó nos demuestra que esos consensos no pueden darse por sentados”.
Frente a esa realidad, el Centro de Estudiantes comenzó a organizar espacios de acompañamiento y a reclamar respuestas institucionales. “Entendemos que es una situación muy complicada, porque son todos menores de edad los que están involucrados, tanto los chicos como chicas. Por una cuestión de respeto, también hay que cuidar a las víctimas de esta situación, y se está resolviendo dentro del colegio”, explicó Morgenfeld.
Las madres y los padres de los estudiantes también están reclamando respuestas e instancias de reflexión y de acción: escribieron una carta a las autoridades del colegio en la que expresan la imperiosidad de generar espacios de diálogo, se solidarizan con las víctimas de la violencia digital y sus familias y reconocen la necesidad del colegio y las familias de trabajar en conjunto.
Mientras tanto, las pibas hacen lo que está a su alcance: “Nosotras estamos presionando para que haya una solución a todo esto, para que las chicas de segundo y los chicos también, porque hay un montón de chicos que también están muy incómodos con la situación, puedan cursar normalmente y no tengan que estar preocupados ni angustiados en el colegio, que debería ser un lugar seguro. Estamos todavía muy shockeadas por la situación”, contó la vicepresidenta del CENBA.
Morgenfeld insiste en atacar la raíz social y colectiva del problema: “Esto está pasando en muchos colegios, no solo en el Nacional o en el Pellegrini. Tiene mucho que ver con la época que vivimos, toda esta violencia digital que no está tan explorada. Más que salir a apuntar a una persona, se trata de plantear que es un tema que nos toca como sociedad. Pero internamente se está discutiendo todo y los involucrados van a tener consecuencias porque no pueden seguir pasando estas cosas. Obviamente dentro del colegio se sabe quiénes son. Hay una pena social que no elegimos nosotros, pero tampoco la vamos a cubrir, obviamente”.
Se trata de la histórica violencia de género que, a medida que la tecnología avanza sin mirar a los costados, encuentra nuevas formas de expresión. Lo que cambia es el soporte: la lógica de cosificar a los cuerpos femeninos, vulnerar la intimidad y hacer circular imágenes sin consentimiento encuentra ahora nuevas herramientas para multiplicar su alcance. Las inteligencias artificiales que permiten generar imágenes falsas en segundos están al alcance de cualquiera. Y la IA, por ahora, no sabe nada de consentimiento. Además del uso indebido que un alumno puede hacer de la tecnología disponible, cabría preguntarse por qué estas inteligencias artificiales permiten crear deepfakes de este modo sin consecuencias legales. La regulación estatal que debería ser aplicada sobre estas herramientas no puede esperar: mientras tanto, la violencia digital se lleva puesta la intimidad de cientos de mujeres.
Qué se debe hacer con los victimarios es un debate central. “Hay posturas diversas en torno a qué hacer con quienes hacen esto”, explicó Morgenfeld. “De hecho hasta profesores, alumnos, familias, todos tienen una opinión, es lógico que con la situación tengas ganas de expresarte. Yo también a veces cambio de idea y pienso qué es lo que conviene hacer, porque es un chico que se mandó una cagada tremenda y un montón de gente lo quiere matar más o menos. Pero también es un pibe que tiene 14 años: soltarlo y expulsarlo quizás es el camino más fácil, pero puede irse a otro lugar y hacer exactamente lo mismo. Por eso es importante decir que no es un caso aislado de una persona que se le ocurre hacer una locura. Estamos hablando de un grupo de 50 chicos más o menos. Seguramente no hacían todos lo mismo, habrá un montón de cómplices”. Con gran prudencia, en el comunicado de la Comisión de Géneros, las estudiantes llaman a denunciar a quienes participaron de la difusión y comercialización de las imágenes, pero advierten que el foco debe estar puesto en acompañar a las víctimas y evitar que la situación se convierta en “un espectáculo de lo aberrante”.
Desde el Centro de Estudiantes insisten en que su rol tiene límites y que la responsabilidad principal corresponde a la institución: “Nosotros estamos haciendo todo lo que podemos –sostuvo Morgenfeld–. Intentamos ser un espacio de contención. Dimos fanzines, hicimos pasadas explicando lo que estaba pasando, pero entendemos también que no estamos capacitados como sí lo están los psicólogos dentro del colegio, el Departamento de Orientación y las autoridades en sí, que son los adultos responsables al fin y al cabo. Ellos son los que se tienen que encargar de que sea un ambiente seguro para todos los niños. Realmente todos, como sociedad, tenemos que volver a traer estos debates que son igual de importantes que otros. No sirve solo tener dos marchas de feminismo al año, sino que tenemos que volver a salir a las calles a demostrar que no queremos que estas cosas sigan pasando, que no pueden pasar”.
La conversación, apuntó, debe involucrar especialmente a los varones. La vicepresidenta del CENBA reconoce la necesidad de que todos sean parte del debate, “porque hay muchos chicos que creen que no se tienen que involucrar porque no son los afectados, o porque quieren dejarnos el lugar a nosotras. Obviamente está buenísimo que nosotras podamos expresarnos, pero la conversación la tenemos que tener entre todos porque al fin y al cabo ellos son parte también de toda la situación. Y con esto no quiero generalizar, no decimos que son todos iguales. Al revés, sabemos que lo que nos sirve es que el debate sea con ellos”.
Consultada por los grupos de estudiantes que pasaban por el ruidazo sin prestar mayor atención, Morgenfeld concluyó: “Siento que eso es un poco lo que nos damos cuenta dentro del colegio. Nosotros tenemos una jornada del 3J, una jornada institucional que es sobre feminismo. En las actividades, la mayoría de los que participan son mujeres, hay un grupo de chicos muy pequeño. No termino de entender por qué. Será porque les da vergüenza o porque no les importa para nada, o les da risa. O quizás algunos se corren porque piensan que no es su lugar. Y lo que queremos expresarles es que dejen de pensar eso, que vengan, se unan, que la lucha la tenemos que dar entre todos porque los problemas nos afectan a todos dentro del colegio. Somos una comunidad y nos toca resolverlo a todos en conjunto”.