En medio de un Mundial atravesado por publicidades, influencers y campañas realizadas con inteligencia artificial para promocionar las apuestas deportivas, el juego online vuelve a ganar terreno en adolescentes y jóvenes. Valentino Solda, quien logró recuperarse de una adicción ludópata reflexiona sobre cómo convive con las tentaciones que el fútbol permanentemente le pone enfrente. ¿El deporte es salud?
Valentino Solda comenzó a apostar en una casa de juegos online a los 16 años. Durante los 4 siguientes, los eventos deportivos -sobre todo fútbol- dejaron de significar para él disfrute y tiempo compartido para terminar convirtiéndose en una adicción que marcó gran parte de su adolescencia. Durante el Mundial de Qatar 2022, Valentino no veía los partidos como cualquier hincha: mientras millones de argentinos y argentinas celebraban cada victoria de la Selección, él -como muchos otros- estaba pendiente de cuotas, resultados y apuestas.
Hoy, más de dos años después de haber dejado el juego, el Mundial 2026 lo encuentra del otro lado de la pantalla: “Me está tocando desde el lado del espectador y es otra experiencia completamente”. Y la diferencia, explica, no es menor: “Siento más tranquilidad y placer a la hora de ver los partidos. El fútbol es un deporte que me atraviesa mucho, entonces creo que es un lugar novedoso para mí. Ya no está más la euforia, los cambios de humor; no están más los enojos y tampoco la felicidad extrema. Es simplemente el hecho de disfrutarlo. Si no quiero ver un partido, no lo veo y punto”.
Pero mientras Solda reconstruye su relación con el fútbol, el contexto que rodea a la actual Copa del Mundo parece ir en sentido contrario. Es verdad que cambiaron muchas cosas desde el último Mundial en donde la Selección Argentina salió campeón: se incorporaron nuevas tecnologías, hay inéditas modificaciones reglamentarias, existen los hydration breaks y una experiencia mucho más atravesada por las pantallas. Y también se profundizó un fenómeno que empezaba a preocupar: la expansión de las apuestas deportivas. Actualmente, las casas de apuestas online ocupan un lugar central no sólo en las transmisiones y redes sociales sino también dentro de los propios estadios. A diferencia de Qatar 2022 cuando las plataformas de apuestas ya comenzaban a consolidarse como un fenómeno masivo entre adolescentes y jóvenes, el torneo de 2026 parece haber llevado esa presencia a un nuevo nivel en donde las campañas publicitarias empañan completamente cada rincón de la experiencia futbolística.
“Durante este mundial aumentaron las tentaciones. La publicidad es muy sofocante”, afirma Solda. Y si bien asegura que hoy ya no siente un impulso personal frente a esos mensajes, reconoce que la situación es distinta para quienes todavía luchan contra la adicción al juego o recién están en contacto con las apuestas: “Entiendo que a los chicos que están pasando por esto les debe resultar muy difícil. En cada pausa de hidratación, en los entretiempos, aparecen publicidades todo el tiempo. Son números muy altos y cada vez está más complicado por el lugar que ocupa el marketing”. Además, cuenta un dato muy relevante: en Chile cinco de cada seis publicidades que aparecen durante los partidos son sobre casas de apuestas deportivas. En Argentina dos de cada tres.
Una de las publicidades que más repercusión generó en los últimos días fue la realizada por la empresa BetWarrior y titulada “Gente con pelotas”. En tiempo presente y promocionando dicha casa de apuestas online, se ve -pese a haber fallecido en 2020 y “gracias” a la IA- al glorioso Diego Armando Maradona. “La publicidad de Diego en lo personal me afectó mucho”, reconoce Solda. “Creo que es una figura que hubiese estado muy en contra de todo esto si veía el impacto que genera en los chicos. Que usen su imagen para promocionar una casa de apuestas me parece muy triste y decepcionante”. Según cree, el problema radica en el poder simbólico que tienen los ídolos deportivos. Futbolistas, exjugadores y diversos referentes continúan prestando sus rostros y su prestigio a empresas del sector; amplificando un mensaje que llega especialmente a los más jóvenes. “Los chicos quieren ser como ellos. Cuando ven una figura así asociada a las apuestas pueden pensar que ahí hay un camino. Y no lo hay”.
Para Cintia Gonzalez, psicóloga especializada en adolescencias, la promoción de plataformas de apuestas por parte de futbolistas o figuras públicas tiene un impacto diferente al de una publicidad tradicional: “Cuando alguien de este estilo recomienda una plataforma de apuestas, el mensaje tiene un peso emocional mucho mayor que un simple anuncio. No se trata solo de vender un producto, sino de instalar la idea de que apostar forma parte de un estilo de vida exitoso, deseable e incluso natural”, sostiene.
La especialista da cuenta de que este mensaje también transmite, de manera implícita, que apostar no implica grandes consecuencias y que forma parte del entretenimiento cotidiano. “Lo que nunca muestran las publicidades es el costo de perder y la frustración que eso genera”. Y agrega que. en una etapa en donde la identidad todavía está en construcción y los jóvenes buscan referentes, este tipo de “recomendaciones” puede contribuir a naturalizar prácticas que derivan en un enorme sufrimiento e incluso en una adicción.
En Chile cinco de cada seis publicidades que aparecen durante los partidos son sobre casas de apuestas deportivas. En Argentina, la proporción es dos de cada tres.
Chicos expuestos
Mariana Savid Saravia es psicopedagoga y especialista en Ciudadanía Digital, cuando se le consultó por la publicidad, su respuesta fue contundente: “Los chicos están expuestos a un nivel de publicidad directa e indirecta muy fuerte, donde se han invertido millones y con lemas sobre confianza, con un Maradona hecho con Inteligencia Artificial que dice que hay que tener pelotas para apostar; ese es el mensaje subliminal, que para ser valiente y tener coraje tenés que arriesgar tu plata”. Para la especialista, la Copa del Mundo funciona como una oportunidad ideal para estas empresas: “El mundial es la excusa perfecta. Todos hablan de fútbol, todos miran partidos y todos están en las pantallas, y en medio de toda esa vorágine, las plataformas de apuestas despliegan toda su artillería, con todos los bonos, promociones y publicidad en cada rincón”.
Solda también advierte que, a pesar de haber podido salir de su adicción al juego le es difícil poder ver todas las publicidades que existen en las diferentes pantallas en el día de hoy. “Yo creo que no estamos ayudando. La actividad está siendo incentivada constantemente y los menores no pueden evadir eso; de hecho, son los más afectados”.
Según el informe “Apuestas Online y Adolescencia: construyendo entornos seguros” (2025) realizado por el Observatorio de la Cruz Roja, entre el 71% y 79% de las y los adolescentes estuvo expuesto a publicidad o contenidos de apuestas online, aún sin participar. Entre los principales estímulos se encuentran redes sociales, influencers, deportistas y personas famosas, páginas web y eventos deportivos. De la misma manera, el ingreso al juego está impulsado sobre todo por curiosidad (89%), entretenimiento (84%) y expectativa de “ganar dinero rápido” (53%).
La preocupación también alcanza a otras prácticas más naturalizadas durante los grandes eventos deportivos, como los tradicionales prodes mundialistas. Una actividad que parece simplemente recreativa puede comenzar a convertirse en algo más. El auge del “Fixture 2026” -o, en criollo, el prode de Mercado Pago- permite a los usuarios (mayores de 18 años) pronosticar resultados de los partidos, sumar puntos y competir en rankings nacionales o entre grupos de amigos. Aunque la participación es gratuita y no requiere realizar apuestas directas, el sistema ofrece premios económicos y beneficios para quienes tengan los mejores resultados. Sin embargo, si tenés ganas de jugar por plata, Galperín te ofrece la opción: la modalidad “por los porotos”, mediante la cual grupos de amigos pueden apostar un valor económico y competir por un pozo acordado entre los participantes.
“El prode influye mucho en que más personas entren al juego”, afirma Valentino. “Tal vez parece algo muy tonto, pero esto puede ser una alarma y hacer que las personas empiecen a entrar en esta cadena de apostar por un premio mayor. El prode debería ser algo divertido, gratis, entre amigos, sin estímulos de por medio”, concluye. Desde su experiencia personal, Solda observa que los límites entre el entretenimiento y la adicción al juego pueden ser mucho más difusos de lo que parece.
Más allá de los resultados y las rivalidades, el fútbol ocupa históricamente un lugar asociado al encuentro, la recreación y, en muchos casos, a la posibilidad de construir otros proyectos de vida. Para muchos chicos y chicas en Argentina, el deporte representa un espacio de pertenencia, una forma de vinculación con los demás y, en contextos de vulnerabilidad, una herramienta que promete movilidad social. Sin embargo, para Valentino Solda, la creciente presencia de las apuestas deportivas amenaza directamente con este sentido. “El deporte siempre está vinculado con sacarte de lugares más oscuros o de poder ayudarte a transitar las cosas desde un lugar más feliz”, sostiene. Y agrega: “Por un lado estamos promocionando que los chicos salgan de la calle, que puedan ser felices con una pelota de fútbol; y a la vez estamos promocionando que se metan en un camino a una adicción”.
Toda esta transformación también alcanza al propio deporte: “El fútbol está siendo desnaturalizado”, sostiene Savid Saravia. “El deporte en su esencia es un juego, tiene reglas, trabaja en equipo, esfuerzo, tiene alegría, tiene incertidumbre, tiene frustración, pero todas estas experiencias se viven en el cuerpo, en el vínculo, en el tiempo presente. La apuesta secuestra esa experiencia y la convierte en una transacción económica y en problemas de salud mental. Yo creo que los chicos ya no vibran con el gol, vibran con la cuota, y sufren con diferentes penales o tarjetas o lo que sea porque perdieron plata. Ya no celebran con sus amigos, celebran o se lamentan en soledad frente a una pantalla. Entonces el fútbol deja de ser un espacio de encuentro para devolverse a un espacio de riesgo”.