Cada partido de la Selección argentina genera más de 650 toneladas de residuos plásticos que podrían recuperarse. Si cien mil hogares reciclaran los plásticos utilizados mientras se mira un partido, podrían fabricarse más de 7.000 butacas para un estadio.
El debut de la Selección argentina en el Mundial 2026 promedió los 38,1 puntos de rating en la TV abierta. Si a esta audiencia se le suman las transmisiones de TyC Sports y DirecTV, en total el partido tuvo un rating superior a los 57 puntos. En millones de hogares, la escena se repitió como una postal conocida de cábalas, reuniones familiares, bebidas, snacks y mesas compartidas. Pero detrás de ese ritual mundialista aparece otro dato: cada partido de Argentina puede generar más de 650 toneladas de residuos plásticos. Según estimaciones de la Asociación Civil Ecoplas, una reunión promedio de cinco personas produce 219 gramos de plástico por hogar.
“El plástico cumple una función importante porque protege alimentos y bebidas y ayuda a reducir desperdicios. Hay una oportunidad para su reutilización si se separa una vez finalizado su uso”, explica a ANCCOM Verónica Ramos, directora ejecutiva de Ecoplas, una asociación civil sin fines de lucro especializada en plásticos y medio ambiente. Para la especialista, “la separación domiciliaria es fundamental. Cuando los residuos se separan correctamente, el plástico deja de ser un descarte y se convierte en una materia prima que puede reincorporarse al circuito productivo. Sin ese paso, no hay reciclaje posible”.
Los residuos más frecuentes en una reunión para ver a la Selección son botellas y tapitas de bebidas, bandejas de comida, potes de helado, envases de snacks y bolsas. Entre ellos, las botellas de PET suelen ser uno de los materiales más visibles y con mayor potencial de reciclado, porque cuentan con una cadena de recuperación y transformación más desarrollada. Sin embargo, Ramos aclara que no son los únicos: bolsas plásticas, vasitos, vajilla descartable, paquetes, films, sachets, potes de helado y envases de limpieza o higiene también pueden recuperarse si son separados correctamente.
La especialista precisa que solo hace falta dedicarles un gesto sencillo: “No hace falta lavar los envases en profundidad. Con un enjuague rápido y desecharlos en la bolsa verde alcanza. Es un gesto muy simple, pero cuando lo hacen millones de personas al mismo tiempo, el impacto es enorme”.
La separación en origen es el primer paso de una cadena que continúa con la recolección diferenciada, el trabajo de recuperadores urbanos, la clasificación en cooperativas, el enfardado y el posterior procesamiento industrial. En el caso de los plásticos, muchos envases están identificados con símbolos que permiten reconocer el tipo de material. Uno de ellos es la Manito, una certificación impresa en los envases que indica que el plástico es reciclable y facilita tanto la separación en los hogares como la clasificación posterior.
Los datos muestran que el hábito de separar creció en los últimos años. Según el Estudio Ecoplas-Opinaia 2025, el 82% de los argentinos afirma separar residuos reciclables al menos de manera ocasional. En 2022, ese porcentaje era del 64% y en 2019, del 60%. Además, el 63% de los argentinos está interesado en conocer el destino de los productos posconsumo.
La recuperación y el reciclado de plástico se multiplicaron por cinco en los últimos 20 años, pero el salto pendiente está en sostener la separación como hábito cotidiano. Existe infraestructura para reciclar más, ya que el sector opera con cerca del 50% de la capacidad ociosa, pero gran parte de los materiales potencialmente reciclables no llega a los circuitos de recuperación. Los grandes eventos deportivos, como el Mundial, concentran millones de consumos similares en pocas horas y vuelven visible un problema que existe todos los días.
Ramos destaca que el desafío no depende del resultado del partido. Después de una victoria hay festejos, después de una derrota puede haber frustración, pero la clave está en los hábitos previos: “Cuando la separación en origen forma parte de la rutina cotidiana, es mucho más probable que también se mantenga durante eventos especiales, independientemente de la emoción del momento”.
Durante el Mundial, las cábalas se respetan al pie de la letra: usar la misma camiseta, sentarse en el mismo lugar del sillón, comer la misma comida y juntarse con el mismo grupo para ver el partido. Si esa constancia se trasladara también a la separación de residuos, el impacto podría ser concreto. Con apenas 100.000 hogares que separen correctamente los plásticos generados durante un partido, se podrían recuperar 21.900 kilos de residuos plásticos, material suficiente para fabricar unas 7.300 butacas de un estadio.
El Mundial dura unas semanas, pero los residuos que deja cada partido abren una discusión más larga. En cada reunión, la bolsa verde puede ser tan cábala como no lavar la camiseta desde 2022 o colgar la bandera en la ventana. El gesto de vaciar, enjuagar y separar parece minúsculo, pero multiplicado por millones de hogares puede cambiar el destino de toneladas de plástico y convertir el final de un partido en el comienzo de un nuevo ciclo productivo.