Por Priscila Herrada
Fotografía: Gustavo Vera / PMA-ONU - ANCCOM

La comunidad venezolana que reside en el país quedó en estado de conmoción tras el terremoto que destruyó el área metropolitana de Caracas y La Guaira. Las organizaciones de migrantes se transformaron en espacios de contención emocional y provedoras de abrazos.

Gustavo Vera / PMA/ ONU

El terremoto que sacudió a Venezuela esta semana volvió a poner a ese país en estado de emergencia. Mientras continúan las tareas de rescate y miles de familias buscan noticias de sus seres queridos, la comunidad venezolana en Argentina atraviesa la tragedia a la distancia. En el Centro Venezolano Argentino, Alé Yánez Valarino —secretaria de Alianza por Venezuela y coordinadora de Cultura de la institución— recibe llamados de personas que intentan localizar a sus familiares, coordina una red de voluntarios y acompaña a quienes llegan en busca de contención. “Hay personas que vienen simplemente para recibir un abrazo”, cuenta Yánez.

Según especialistas, el desastre fue provocado por dos terremotos de magnitud 7,2 y 7,5 registrados con apenas 39 segundos de diferencia, producto de un cambio de tensiones en la zona de contacto entre las placas tectónicas del Caribe y la Sudamericana. El sismo afectó principalmente a los estados de La Guaira y al área metropolitana de Caracas, donde se registraron derrumbes de edificios, personas fallecidas, heridos y cientos de familias desplazadas. Mientras continúan las tareas de rescate y la búsqueda de personas desaparecidas, las dificultades para acceder a las zonas más afectadas y la interrupción de algunos servicios mantienen a la población en una situación de incertidumbre.

Alé explicó que las características geográficas de La Guaira contribuyeron a agravar las consecuencias del terremoto. «Las características geográficas de ese lugar son muy particulares porque por un lado está la montaña y por el otro el mar. Las construcciones están prácticamente enclavadas en la montaña. Se cayeron muchísimos edificios y mucha gente quedó atrapada porque era un día no laborable y muchas familias estaban en sus casas», relató.

Además de La Guaira, uno de los sectores más afectados fue Altamira, en Caracas, el barrio donde Alé vivió durante gran parte de su vida. La noticia tuvo, para ella, un impacto aún más profundo por la historia de su propia familia. «Mis padres vivieron el terremoto del 67 y vieron cómo se caían los edificios. Ahora, con este terremoto, volvieron a caer edificios. No en el mismo lugar, sino en la vereda de enfrente. Para mi familia es como ver repetirse una historia».

Sin embargo, explicó que el alivio por saber que sus seres queridos estaban a salvo convive con la preocupación por el escenario que enfrentan quienes continúan en Venezuela. Según le transmiten sus allegados, el miedo a nuevas réplicas, las dificultades para acceder a las zonas afectadas y la incertidumbre sobre el abastecimiento de agua y alimentos mantienen a la población en estado de alerta. «Están bien físicamente, pero psicológicamente están muy desgastados. Es una situación de mucha incertidumbre y nosotros ya venimos atravesando muchos años de incertidumbre. Es como vivir en una montaña rusa», reflexionó.

Ese desgaste también atraviesa a la comunidad venezolana radicada en Argentina. Desde que ocurrió el terremoto, el Centro Venezolano Argentino recibe a personas que buscan noticias de familiares, necesitan contención o simplemente un espacio para compartir la angustia. «La sensación es como estar en un velorio. Sentimos un momento de duelo, de dolor, de muerte y de pérdida», resume Valarino.

«La sensación es como estar en un velorio. Sentimos un momento de duelo, de dolor, de muerte y de pérdida», resume Valarino.

Un puente

Las consultas se multiplicaron en los últimos días. Desde el Centro Venezolano Argentino reciben información sobre personas desaparecidas y encontradas, coordinan una red de voluntarios entre Argentina y Venezuela y acompañan a quienes todavía intentan localizar a sus seres queridos.

Asimismo, Yánez Valarino aclaró que el Centro no está recibiendo donaciones económicas ni materiales, pese a la información que circula en redes sociales. «No queremos generar una expectativa de que esa ayuda vaya a llegar a Venezuela si no tenemos los medios para hacerlo. Por eso estamos derivando a quienes quieren colaborar hacia ACNUR y la Cruz Roja Venezolana, que están trabajando en el territorio y saben qué es lo que hace falta», explicó.

Además del acompañamiento psicológico, el Centro continúa brindando orientación legal y migratoria a la comunidad, al tiempo que fortalece el vínculo entre voluntarios de ambos países. «Estamos haciendo contención psicológica y también seguimos acompañando a quienes necesitan orientación legal o migratoria. Además, construimos un puente entre voluntarios de acá y de Venezuela para conectar información sobre personas buscadas y encontradas».

Para la coordinadora, la ayuda también pasa por ofrecer un espacio de pertenencia en medio de la incertidumbre. «Para nosotros es muy importante tener un lugar donde puedas tomarte un cafecito con alguien que hable como tú en un momento tan difícil.»

Solidaridad

Más allá de la asistencia material, Alé considera que el acompañamiento emocional es una de las herramientas más importantes para quienes atraviesan la tragedia desde Venezuela y para sus familiares en el exterior.

«Se necesita una palabra de aliento, transmitir esperanza, hacerles sentir que no están solos. Cuando tu familia está allá y vos estás acá, la parte emocional es fundamental para que la persona no se desmorone. Después vendrán los insumos básicos, el agua, los alimentos, pero la contención también es una necesidad urgente», sostuvo.

En ese sentido, destacó la respuesta de la sociedad argentina frente a la emergencia. Contó que se emocionó al conocer el anuncio del Gobierno nacional sobre el envío de asistencia y aseguró que numerosas personas, organizaciones y empresas se comunicaron con Alianza por Venezuela para ofrecer colaboración. «Se me salieron las lágrimas. Qué bueno que haya una buena noticia con respecto a esto. Ojalá que la cuestión política no sea una traba para que esa ayuda llegue a quienes la necesitan», expresó.

Para Yánez Valarino, la solidaridad argentina se convirtió en uno de los pocos motivos de alivio en medio de la tragedia. “Argentina está respondiendo como siempre lo hace en situaciones así. Llevo muchos años viviendo acá y siempre vi que, ante una tragedia, el argentino sale adelante. Es increíble». 

Más allá de los edificios

Aunque lleva más de una década viviendo en Argentina, Yánez asegura que el terremoto volvió a conectarla con su pais de origen. De igual manera, también encontró en la comunidad argentina un sostén para atravesar la tragedia. «Acá he recibido amor. Me recibieron con un beso, me abrieron las puertas de sus casas. Mis hermanas, que viven en Suiza y Estados Unidos, me preguntan si me gusta vivir acá y yo les respondo: amo Argentina».

Cuando piensa en el futuro de Venezuela, cree que la reconstrucción no dependerá únicamente de levantar edificios o recuperar la infraestructura dañada.»Venezuela necesita escucharse. Necesita que pare un poco el ruido, que la gente se mire a la cara, se hable y se reconozca. Cuando eso pasa, empezamos a considerar al otro. Para mí, lo que tiene que cambiar en Venezuela, y también en el mundo, es hablarse, escucharse y respetarse. De ahí empieza la reconstrucción. No puedes querer a lo que no conoces.»

Mientras esa reconstrucción comienza a pensarse, en Buenos Aires el Centro Venezolano Argentino sigue recibiendo a quienes necesitan noticias, contención o, simplemente, un abrazo.