Se estima que 7.000 personas austríacas o sus descendientes directos viven en la Argentina, la mayoría de ellos en el AMBA. Pero también en Misiones, Chaco, Rosario, Córdoba y Río Negro. Maximilian Pehr y Wolfgang Steinwender cuentan sus historias.
«La expectativa es enorme ante el partido del siglo», dice Wolfgang Steinwender, austríaco que vive en Rosario.
Tras el debut de la Selección Argentina con una victoria ante Argelia, la fase de grupos del Mundial indica que el próximo partido será contra Austria. Este cruce despierta sentimientos encontrados en la comunidad de austríacos que residen en Argentina, que, aunque sea numéricamente pequeña, mantiene vivas sus tradiciones en clubes y asociaciones. Se estiman cerca de 7.000 ciudadanos con esa ascendencia o nacionalidad. La gran mayoría se concentra en AMBA. Además, históricamente, hubo corrientes migratorias muy importantes en el interior, destacándose en provincias como Misiones, Córdoba, Río Negro y Chaco.
Una gran cantidad de futbolistas argentinos han jugado en la Bundesliga de Austria; nombres conocidos como Néstor Gorosito, Nicolás Capaldo o Ezequiel Carboni han competido en aquel país. Argentina y Austria no se enfrentan desde hace 36 años. El último partido entre ambas selecciones se disputó en el Mundial de Italia 1990.
«Estoy en Argentina hace 20 años por Clara, mi mujer, a quien conocí en Austria. Después de haberme recibido en Viena, me vine para acá«, cuenta a ANCCOM Maximilian Pehr, de 46 años, nacido en Villach, una ciudad al sur de Austria, cerca del triángulo que limita con Italia y Eslovenia. Hoy vive en Mercedes, Buenos Aires y trabaja en Volkswagen.
Dejando en claro que su tonada ya tiene un irrevocable sello argentino, agrega: «En casa está la división. Mis hijas, Clementina y Federica, tienen la doble ciudadanía, pero son más argentinas que nadie. Yo las estoy jodiendo todo el tiempo con que van a alentar a Austria conmigo, pero no quieren saber nada. La previa del partido la vivo con bromas y chicanas todo el tiempo».
En paralelo, Wolfgang Steinwender, que vive en Rosario, habla del futbol en concreto: “Soy austriaco. Mi padre se dedicó a la preparación de la Selección argentina para el Mundial de 1994 en Austria. La expectativa es enorme ante el partido del siglo contra los vigentes campeones del mundo. Aunque los austriacos tenemos un equipo que funciona muy bien, todavía hay una diferencia de calidad que probablemente será decisiva; sobre todo en ataque, lamentablemente no somos tan fuertes. Un empate se sentiría como una victoria. Mi pronóstico es 4-1 para Argentina.»
En ese entonces, justo antes del Mundial 94, la Selección argentina se encontraba en un campamento de entrenamiento en el lago Wörthersee, Austria. Luego, disputó un partido amistoso contra Croacia, en Zagreb (0-0). “Mi padre lo organizó todo él solo. Era entrenador de fútbol. Trajo a Néstor Pipo Gorosito de San Lorenzo al Swarovski Tirol, a Jorge Díaz de Rosario Central al Sturm Graz y a José Alberto Percudani, de Independiente, al Austria Viena”, señala Steinwender.
Steinwender agrega: «He visto partidos en Rosario y Buenos Aires durante los últimos dos años; son dos mundos completamente diferentes. En Argentina, algunos jugadores destacan, pero tácticamente no son tan buenos como los equipos europeos. Me sorprendió bastante lo peligrosas que eran las faltas.»
Aun sin títulos mundiales, Austria tiene un presente sumamente respetable dirigido por el alemán Ralf Rangnick. Al respecto, Pehr comenta: «No hay ninguna duda de que las raíces tiran mucho más. Yo me identifico mucho con la Selección argentina desde que estoy acá, por fin estoy en un país donde el nivel futbolístico es muy alto. Disfruté de verlo jugar a Messi en la Selección y sufrir con Argentina en los últimos mundiales también. Pero Austria es mi país, y no hay ninguna duda; los goles se gritan, y muy fuerte».
Y añade: «Está claro que Austria, futbolísticamente, es muy inferior a la Argentina, pero yo, obviamente, espero el batacazo, apuesto cien por ciento a eso y me la estoy jugando. Soy optimista. Hace 20 años que estoy acá esperando este encuentro; nunca se dio y ahora, justo en un Mundial, se cruzan en el grupo. Es buenísimo».
En espacios institucionales como el Club Austria de San Isidro, fundado por inmigrantes, el fútbol integra las culturas y permite disfrutar de ver a figuras como David Alaba, Marcel Sabitzer y Marko Arnautović frente a la Scaloneta. «Si bien el fútbol es un deporte muy popular allá también, nunca tuvimos el nivel de Argentina o de una Alemania, Francia, Italia o España. En Europa la competencia se vive, la gente está detrás de la selección y todos se levantan para ver los partidos, pero la fiesta que se genera acá no se ve allá”, aclara Pehr.
También dice: «Me argentinicé bastante en estos 20 años. Las emociones que liberan los argentinos a veces son demasiadas, pero me gustan. No me costó tanto adaptarme a la rutina porque es bastante similar, pero esta pasión no la ves allá. Si llegamos a ganar, creo que voy a ser el único que va a bailar en la Plaza». Mientras que Steiwender concluye: “Adoro argentina, su calidez y belleza. Voy a ver el partido en la casa de mi mejor amigo, ¡los dos lo esperamos con muchísimas ganas!”.