La llegada del invierno expone la cruda realidad de 370 mil personas durmiendo a la intemperie en todo el país, sometidas además al hostigamiento y la violencia policial. Mientras tanto, organizaciones de la sociedad civil tratan de paliar y contener esta tragedia.
Pasar por una plaza, una estación de tren o una vereda cualquiera de la ciudad de Buenos Aires o del conurbano bonaerense y ver a alguien envuelto en cartones ya no sorprende a nadie. Son miles de personas en situación de calle y todas ellas llevan consigo una historia: desempleo, desarraigo, violencia, salud mental, consumos problemáticos, y el drama habitacional a cuestas, que va agudizándolo todo. Hay una completa situación de vulnerabilidad, que incluye la falta de afecto y, muchas veces, una pérdida de identidad que se ve en la mirada baja, en la tristeza de sus ojos, en el silencio, inclusive en el temor a pedir ayuda.
Esta dura realidad conlleva la estigmatizacióny la discriminación de quienes, en lugar de sentir empatía por aquellos que nada tienen, los juzgan y responsabilizan por su situación,como si eligieran vivir así, como si quedar en la calle les quitara el derecho a ser vistos como personas, y todo esto agravado por políticas como la del jefe de Gobierno porteño, Jorge Macri, y sus “operativos de orden y limpieza” en el espacio público.
Organizaciones sociales que trabajan la problemática de la situación de calle estiman en unas 370 mil personas en todo el país en esa condición. Las cifras oficiales, tanto del Gobierno nacional como el de CABA, son mínimas, basadas en conteos parciales, que no buscan resolver el problema sino negarlo. Sólo hace falta caminar para ver personas tapadas con cartones, durmiendo en los cajeros automáticos, familias enteras en estaciones de trenes y subte.
“Salimos a recorrer en grupos cada noche desde las 19. La infusión o una sopa calentita es la excusa que tenemos para acercarnos, brindarles una charla, conocerlos, ver qué es lo que les está sucediendo y saber porqué están en situación de calle”, explica Oscar Venega (34) en diálogo con ANCCOM. Venega es voluntario, referente y comunicador de Fundación Sí, cuya sede se ubica desde hace 14 años enlacalle Ángel Carranza 1962, en el barrio de Palermo.
“Nuestra primera tarea es muy artesanal, ya que no existe un manual del buen voluntario: es acompañar a las personas que se encuentran en situación de calle. El acompañamiento va a depender del deseo de esa persona que visitamos, creemos que su situación no es sólo un desencadenante económico, aunque existe, pero también debido a la existencia de una enorme falta de red de contención”, agrega Venega.
“Salimos a las calles a generar un vínculo de confianza –prosigue–. Utilizamos muchas veces las excusas de una infusión calentita en épocas de frío, o algo fresco en verano, para acercarnos a ellos y contenerlos desde el lado de la escucha, ya que quizás esas personas no tengan a nadie más con quién desahogarse o expresar lo que les está pasando, guiarlas en algún tratamiento que necesiten, sacarles turnos médicos, o la gestión de documentos, como así también alcanzarles alguna ropa de abrigo o una frazada”.
La Fundación Sí tiene trayectoria y experiencia en la materia. Cuenta con 11 áreas: salud, escuela, trabajo social, entre otras, en las que participan grupos de voluntarios profesionales, que colaboran en llevar adelante la tarea a quienes salen a la calle y los asesoran para saber comunicar y orientar.“Nosotros no les prometemos ayuda económica y tampoco sacarlas de la calle –aclara Venega, esa no es nuestra función, sino más bien la contención, somos articuladores. No tenemos vínculos con el Estado, ni con la política, ni con la religión, somos una ONG conformada por voluntarios, vecinos que quieren ayudar, y dependemos el 100 por ciento de donaciones de empresas y particulares”.
La mirada es lo primero que choca, hay frío, cansancio, angustias, miedo de que les roben lo poco que tienen encima, ya que no sólo están expuestos a las bajas temperaturas sino a la inseguridad.
“Todos los viernes desde la primera semana de junio pos-pandemia se saca el micro solidario a dar vueltas, con un recorrido fijo, desde la zona del Obelisco, para luego regresar y parar en el mismo lugar de donde salió. El micro va levantando gente por la ciudad, en realidad a la gente que quiere sumarse y pasar la noche arriba del micro. Al principio, era realmente difícil que la gente accediese a subir, ya que tenían muchos prejuicios, miedos, pensaban que les iban a sacar los órganos, que les iban a robar, a desaparecer, hasta que empezaron a tomar confianza”, relata Flori Deleo, coordinadora de Comunicación y Medios de Fundación Flecha Bus.
“Este micro solidario nace en el contexto de la pandemia, cuando un hospital nos pide a la empresa poner una de las unidades para las personas que tenían Covid, que necesitaban estar aisladas por el virus. Finalmente, luego de la pandemia se desmanteló todo un micro normal, que es el que hoy tiene camas, se instalaron 12 gabinetes, separados por una cortina y lugar para que ellos puedan poner sus cosas, preparado para que las personas en situación de calle puedan pasar la noche, durmiendo en una cama limpia”, detalla Deleo.
Desde entonces, la Fundación Flecha Bus comenzó a ofrecer el micro a distintas organizaciones para diversas actividades. “Empezamos a trabajar en red junto a las ONG Red Solidaria y Vida Solidaria, ambas en CABA, y Rosario Solidario y en la Ciudad de Santa Fe –cuenta Deleo–. Este proyecto se enmarca en un programa de compromiso con la comunidad, sirviendo como un eje fuerte para las organizaciones. La empresa pone el micro, el conductor, la gasolina y las ONG hacen todo el resto, ofrecen a las personas la cena, el desayuno, una ducha calentita, abrigo y una noche distinta como el empujoncito para que la esperanza en ellos no desaparezca, que crean que algo en sus vidas puede cambiar, dando abrigo de calor humano y un mimo a aquellos que lo puedan necesitar”.
Otras institucionesacompañan el proceso de mejoría de personas vulnerables. Es un trabajo menos visible, de puertas adentro, pero clave a la hora de entender que salir de la calle no depende solo de una frazada o una cena calentita, sino de sostener un proceso en el tiempo. La Fundación Camino a Jericó es una organización sin fines de lucro que promueve la idea de una sociedad más integrada, en donde nadie quede sin oportunidades por su condición de vulnerabilidad. Con esta visión abordan la problemática de la situación de calle a través de una intervención social integral, que combina acompañamiento “en la recuperación personal y la grupal comunitaria”, como subraya Carlos Iglesias, director ejecutivo de la institución, ubicada en la calle Malaver 1745, en Olivos.
“La Fundación lleva adelante un trabajo que busca brindar una contención y oportunidades para quienes han quedado excluidos del sistema, que puedan recuperar su autonomía y sentidode pertenencia social. La situación de calle es la forma más extrema de vulnerabilidad y exclusión social. Como respuesta a esta problemática, la Fundación diseñó, experimento y desarrolló el Centro de Integración Social (CIS) ‘Hogar Brochero’, es el dispositivo rector, en el cual se ofrece 24 horas por día, todos los días del año, alojamiento, alimentación, higiene y cuidados primarios de la salud,sólo a hombres, dando respuesta concreta a esta problemática más urgente de nuestra sociedad. Se acompaña a las personas, brindándoles contención y asesoramiento de profesionales. En las mismas instalaciones, dos veces por semana, funciona el espacio encuentro. ‘Hoy puede ser un gran día’, un servicio de desayuno y baño para hombres y mujeres en situación de calle que no cuentan con un lugar donde iniciar el día con alimentación y aseo, en donde pueden lavar y secar sus ropas y recibir vestimenta”, precisa Iglesias.
“En articulación con la Fundación Camino a Jericó –continúa– está la Posada de Convalecientes, de intervención directa sobre esta población, en donde personas tanto hombres como mujeres adultas en situación de calle, pueden recibir asistencia y alojamiento mientras dure su proceso de salud en la recuperación y curación física, caso contrario en la calle no lo podrían realizar, mientras que allí reciben contención y asistencia profesional”. Frente a la ausencia del Estado, iniciativas como las reseñadas en esta nota cobran valor y demuestran que una sociedad más inclusiva y solidaria, es posible.