Por Renzo Vila
Fotografía: gentileza Sociedad de Socorros Mutuos Unión Caboverdeana

La selección de Cabo Verde sacó un empaté histórico contra la temible España en el debut mundialista. ANCCOM vivió el partido en la asociación que los afrodescendientes tienen en Dock Sud, donde alentaron, festejaron -y también comieron- a la distancia.

A solo una edición de alcanzar los 100 años de historia, la Copa del Mundo de fútbol continúa movilizando multitudes por encima de las fronteras. Entre censuras a periodistas y coolingbreaks, las modificaciones impuestas por la FIFA sobre el máximo espectáculo deportivo del planeta no han logrado erosionar aún su potencial como productor de momentos inolvidables. Ayer fue el turno de Cabo Verde, el país más occidental de África; y en la Sociedad de Socorros Mutuos Unión Caboverdeana, ubicada en Dock Sud, se congregaron nativos de ese país, descendientes y vecinos para presenciar su debut histórico con un merecido empate ante la candidata España.

Al fondo del edificio de la Sociedad, más de cien personas esperaban el arranque del partido en el salón principal de la sede, mientras miembros de la Comisión Directiva manejaban el buffet vestidos con las camisetas azules de su selección. Entre abrazos y sonrisas de familiares y vecinos, el momento de la salida al campo de juego de los protagonistas cambió la música tradicional de Cabo Verde por los cánticos de aliento, con una ovación unánime para sus compatriotas, los primeros en vestir los colores en una Copa del Mundo. 

Vigente desde 1932 y en Dock Sud desde 1937, “La Caboverdeana” ha sido y es un punto de unión muy fuerte para la comunidad. La llegada de los primeros caboverdianos a nuestro país data de finales del siglo XIX, mucho antes de su independencia de Portugal en 1975. En aquel entonces, arribaban al país con pasaporte portugués, lo que dificulta saber con exactitud cuántos residentes de esa comunidad africana hay en la Argentina: “Se calcula que, aparte de los 550.000 habitantes en Cabo Verde, hay entre 2 y 3 millones de habitantes viviendo en la diáspora”, afirma Javier Andrigo, hijo de madre caboverdiana y presidente de la Unión. Las duras condiciones climáticas y la falta de recursos naturales son algunas de las causas de que la migración constituya un elemento transversal en la historia de las islas.

La Unión Caboverdeana de Dock Sud es una de las tres instituciones de la comunidad en nuestro país, sumada a la Asociación Cultural y Deportiva Caboverdeana de Ensenada y el Círculo de Descendientes Caboverdianos de Mar del Plata. Con gimnasio, secretaría con biblioteca y clases de disciplinas como taekwondo y funcional, la recomendación de los conocedores y habitués del club es el buffet, que mensualmente convoca más de 180 personas en cada “cachupada”, los encuentros que realizan donde sirven uno de sus platos principales y celebran su cultura, además de conmemorar las fechas patrias. “Es una oportunidad para sostenernos, llevar adelante una Sociedad de barrio es mucho laburo diario. Tratamos de que los lazos no se pierdan, y de que todos sean bien recibidos”, afirma Manuel Rodríguez, afrodescendiente y miembro de la Comisión Directiva.

El partido no se presentaba nada fácil, tal como la historia de Cabo Verde: el inquebrantable juego de posesión característico de la Selección española impuso las condiciones del partido desde el arranque, que empezó a permear la sólida defensa africana promediando el primer tiempo. Cada recuperación levantaba aplausos en la Unión Caboverdeana. Con el correr de los minutos, entre los constantes cánticos empezaron a aflorar los universales “¡la hora, juez!”. Al descanso, el presidente de la Unión tomó el micrófono con dos mensajes: “Primero queremos avisar que no hay más panchos, y segundo, ¡vamos Cabo Verde!”.

Los segundos 45 minutos se sufrieron un poco más que los primeros. El ingreso de la estrella Lamine Yamal en el complemento generó murmullos entre los presentes y mayor efusión en las recuperaciones de pelota, que a esta altura del partido hacían posible pensar en la hazaña. La atajada del arquero español Unai Simón al testazo de Diney Borges sobre el final ahogó el primer grito de gol mundialista de la comunidad, pero sin tiempo para lamentos, el pitazo final concretó el sueño. En su debut mundialista, tan solo 25 años después de la creación de su federación de fútbol, Cabo Verde empató contra la selección número 2 del ranking FIFA: “Es como si yo estuviera peleando contra Monzón”, decía con una sonrisa imborrable Carlos, otro miembro de la Comisión Directiva e hijo de caboverdianos.

Emocionados por la hazaña, los miembros de la Comisión Directiva observaban este momento en perspectiva: “Para un país de 500.000 habitantes, insular, pobre, clasificar a un Mundial ya es ganar. Le da mucha visibilidad a nuestro turismo. Esto es un sueño cumplido”, afirmaba ya afónico Andrigo, el presidente de la Unión. Entre banderas y camisetas azules, algunos subidos a las sillas, niños, adultos y mayores se unieron en un gran abrazo final, perdiéndose las lágrimas de la figura Vozinha ante las cámaras de televisión por estar limpiándose las propias.