Por Micaela Otero y Juliana Granara Insúa
Fotografía: Lucia De Marco

Como ocurrió con otros gobiernos de sesgo neoliberal, en el gobierno de Milei también sufren las políticas de desfinanciamiento. Disminución de prácticas, falta de materiales básicos y abandono de un área educativa clave, fundamental para la articulación del desarrollo tecnológico e industrial del país.

La situación actual de desfinanciamiento a la educación técnica afecta a 3.800 colegios y 1.400.000 estudiantes. “Hacemos lo que podemos con lo que tenemos, y para el Gobierno lo que tenemos es lo que hay que tener”, dice Marcelo Miyasato, regente de turno mañana de la Escuela Técnica N° 17 “Brigadier General Cornelio Saavedra”, que transita el ámbito de la educación técnica hace ya 38 años, y que describe de primera mano cómo se encuentra la situación actual. La caída del presupuesto ejecutado durante los últimos tres años alcanza ya el 93%, siendo los gastado 159.642 millones de pesos en 2023 y 11.281 millones lo proyectado para el año que corre, según el Centro de Economía Política Argentina (CEPA), que comparó la aplicación del fondo en el periodo 2023-2026. En lo que va del año se lleva ejecutado apenas un 8,1 por ciento de lo asignado en el presupuesto.

Las escuelas de educación técnico profesional, que siempre fueron un lugar donde los jóvenes pueden desarrollar oficios y competencias para el futuro no solo propio sino también productivo del país, se encuentran amenazadas por la falta de financiamiento por parte del Gobierno nacional.

Agustín Letcher, director de Entidades Intermedias de la Municipalidad de San Martín, profundiza sobre la importancia de la educación técnica para el futuro productivo del país. Destinar los recursos correspondientes es apuntar por un modelo industrial competitivo con respecto al resto del mundo. “De mínima vos tendrías que tener una inversión del doble de lo que planteaba la ley que derogó este gobierno, que planteaba el 0,2 por ciento del presupuesto nacional para el sector –plantea–. Por lo menos tendría que ser el 0,4 por ciento, porque deberíamos duplicar la matrícula. La acreditación de los títulos secundarios en China, por ejemplo, está en un 50 por ciento de técnicos; en Alemania, ronda el 30 por ciento. Cuando Cristina dejó el gobierno estaban en un 18 por ciento y hoy están en un 13 por ciento y cayendo”. Lejos de eso, el impacto que está teniendo el desfinanciamiento en la educación técnica afecta no solo a los insumos que necesitan los establecimientos para funcionar sino también la posibilidad de que sus alumnos de acceder a prácticas profesionalizantes. “Está previsto que los pibes de las técnicas tengan 200 horas de prácticas profesionalizantes en su último año, que básicamente no pueden realizar, porque los profesores no tienen plata para ir a visitar empresas, en vistas a tratar de insertarse en ese modelo de trabajo”, explica Letcher.

Si los fondos que se destinaban a las escuelas ya eran insuficientes, el panorama actual directamente atenta contra la continuidad de su funcionamiento. El Artículo 52 de la Ley 26.058 de Educación Técnico Profesional obligaba al gobierno a invertir no menos de un 0,2 por ciento anual del PBI, creando el Fondo Nacional para la Educación Técnico Profesional. Durante la presentación del Presupuesto 2026, el Ggobierno nacional derogó este artículo. El 2 de mayo, el Ministerio de Capital Humano emitió un comunicado oficial en el que aseguraba que “el presupuesto 2026 mantiene gastos en educación técnica una asignación equivalente a la de 2025”, y justificaba la eliminación de la normativa con el argumento de que “fijaba de manera rígida el destino de los recursos”.

 

¿Cuánto deben?

La Ley de Educación Técnica Profesional también aseguraba la existencia del CoNETyP (Consejo Nacional de Educación, Trabajo y Producción) un órgano multisectorial de asesoramiento del Ministro de Educación (hoy degradado a secretaría). En él estaban representados los sectores empresarios, los sectores de los trabajadores, los sindicatos docentes y el Estado. En la actualidad, con el recorte del Ministerio y la unificación de áreas, el organismo desapareció y el diálogo entre las escuelas y el Gobierno por los intereses de la comunidad educativa es nulo, según explica Guillermo Parodi, exsecretario de UTE (Unión de Trabajadores de la Educación) y Ctera (Confederación de Trabajadores de la Educación de la República Argentina). “El CoNETyP no funciona más y no hay forma de generar estos debates que permitieron en su momento que creciera la oferta en cuanto a educación técnica, que se actualizaran los programas y que creciera muchísimo en equipamiento y en insumos”.

Letcher y la economista y diputada Julia Strada crearon una web, https://www.cuantotedebecapitalhumano.com.ar/, que arroja datos concretos de cuánto dinero debería haberse destinando a las escuelas técnicas de cada localidad. “Creíamos que tenía un impacto saber cuánto le debía Milei a tu localidad –dice Letcher–. Si tengo dos escuelas en mi localidad, saber concretamente qué cantidad de dinero sería: ¿cuántas cosas podría hacer con la plata que me debe Milei, Caputo y Petovello? Esto surge por la derogación de ese 0,2 por ciento para suministros corrientes que que prevía esta ley”. En la Ciudad de Buenos Aires, por ejemplo, Capital Humano debía haber aportado 4.180 millones de pesos desde 2023, y solo aportó 3.858 millones: con ese dinero podían haberse comprado 321 tornos paralelos, 2.572 impresoras 3D u 847 cascadas de Adorni.

“En la ciudad de Buenos Aires, por ejemplo, Capital Humano debía haber aportado 4.180 millones de pesos desde 2023, y solo aportó 3.858 millones: con ese dinero podían haberse comprado 321 tornos paralelos, 2.572 impresoras 3D u 847 cascadas de Adorni”.

Oficios, industria y futuro

 “El presupuesto ha bajado tanto que ya no existe más Infraestructura Escolar, y entonces se derivan los arreglos de los edificios a empresas privadas –denuncia Miyasato–. El gobierno de la Ciudad hace licitaciones en las que participan amigos de amigos de otros amigos, que terminan cumpliendo deficitariamente con los arreglos, y además los cobran mucho más caros”. El sostenimiento de la continuidad educativa, plantea, recae en los hombros de la comunidad escolar: “Hay insumos que se han cortado, máquinas que mantener en los talleres, y tiene que hacerse cargo la cooperadora escolar, que depende de una asociación de padres que voluntariamente junta recursos. Antes se colocaban esos recursos en obras mejores, en ponderar alguna cosa en particular, pero ahora es desde abajo, y esos recursos se destinan a comprar limas para el taller de ajuste, o para reponer la rotura de sierras sinfín en el área de carpintería, soldadores…”

Miyasato critica, a la vez, los cambios en los planes de estudio y la desaparición de materias importanes de la currícula, en detrimento de la calidad educativa. “Se arman talleres optativos para materias como Historia, Educación Ciudadana, Biología –explica–. Las únicas materias que quedan fijas para cursar son Matemática, Inglés, Lengua y Literatura. Por lo tanto, puede haber un montón de chicos y chicas que al egresar no hayan pasado nunca o casi nunca por Historia Argentina o Historia Mundial, sin aprender sobre los derechos y deberes que tenemos desde Educación Ciudadana, cuestiones propias de la naturaleza, Biología, o reconocer nuestro propio cuerpo y el entorno, el ambiente en el que vivimos”.

Letcher subraya que al impacto por las carencias de las prácticas en las escuelas técnicas se suma el que tienen que asumir las familias, “porque quienes pasan a asumir ese costo es el padre, la madre, un abuelo: son las cooperadoras las que procuran reunir más plata para subsanar los faltantes, y es plata que las familias tampoco tienen”. El futuro que pueden imaginar estos jóvenes pasa a estar restringido por la actual realidad presupuestaria: “En 2015 el 70 por ciento de la población que llevaba a sus pibes a técnicas, lo hacía con la esperanza de que tuvieran un mejor trabajo. Es muy grande la diferencia que uno puede ganar sabiendo hacer un oficio”, agrega Letcher. “Esto pasó también en los 90, no hay que olvidarse, cuando Menem en su momento desregula y provincializa la educación”, recuerda este dirigente y militante de “El Ateneo Néstor Kirchner” de San Martín.

En cuanto a la lucha para subsanar esta problemática, Parodi plantea que “hay una organización que se está dando desde las bases de las escuelas, sobre todo en los centros de estudiantes y en las familias”. La preocupación por una organización general, sin embargo, se expande en la comunidad: “Algunas movilizaciones hay, pero no en un plano orgánico de lucha –observa Miyasato–. Ya hubo dos movilizaciones importantísimas, y fueron numerosísimas y significativas, pero quedan ahí, en el evento. Hay un montón de voluntades que se expresan, pero de ninguna manera hay una organización que lleve un plan de lucha”.

Parodi sostiene que el proyecto de la actual administración no contempla a las escuelas técnicas. “Por eso hay que plantear políticas de resistencia, por la educación en general y por el destino del país –concluye–. Un país soberano requiere de educación y tecnología soberana, que no dependamos de los grandes monopolios internacionales, que podamos desarrollarnos. La educación técnica desapareció durante los gobiernos que implementaron políticas neoliberales, el menemismo, el macrismo, el mileísmo. Hay que recuperar la industria nacional y el desarrollo teconológico, y construir una escuela técnica que acompañe esos procesos”.