Por Julián Lovrincevich
Fotografía: Ines Ulanovsky

Carlos Ulanovsky presentó su nuevo libro, «Notas musicales de un periodista cultural», que reúne 45 entrevistas a músicos, realizadas a lo largo de su extensa carrera. Desde Antonio Tormo a Kevin Johansen, pasando por Charly, Fito, Mercedes Sosa, Zitarrosa y Spinetta. Del entrevistador insolente al periodista que se ganó el bronce.

“Me hubiera gustado mucho integrar el mundo de la música”, admite Carlos Ulanovsky. El primer recuerdo musical que evoca es su madre cantando tangos de Gardel mientras lavaba la vajilla en la cocina, con él al lado. Intentó tocar el piano y luego la batería: no desarrolló mucha destreza en ninguno de los dos debido a una mezcla, según él, de la falta de constancia y de talento innato. “La falta de constancia sobre todo. No hay nada que se consiga sin esfuerzo. No hubo una sola nota que haya hecho en mi larga vida de periodista que me haya salido de taquito. No creo en la inspiración, creo en la transpiración”, dice. Lamenta que, en sus primeros momentos manipulando instrumentos, nadie le haya advertido que, de abandonar, se estaría perdiendo de algo “muy groso”: “También porque era muy chico, yo estudié piano entre los siete y los trece años”.

Notas musicales de un periodista cultural reúne 45 entrevistas a músicos que Ulanovsky realizó a lo largo de su carrera. La primera, hecha en 1967, es una nota a Antonio Tormo. La última, de 2025, es una charla con Kevin Johansen. En el lapso de casi 60 años, el periodista conversó con Charly García, Alfredo Zitarrosa, Leonardo Favio, María Elena Walsh, Luis Alberto Spinetta, Osvaldo Pugliese, Mercedes Sosa, Astor Piazzolla, Fito Páez, entre otros. Compilado que fue posible gracias a que el autor conservó todas las notas publicaads: “Yo soy una persona muy papelera y que respeta mucho el valor de los archivos. Durante toda mi vida, además de trabajar, me dediqué a guardar cosas. No solamente mías, sino cosas que me interesaban e imaginaba que me podían servir para mi trabajo”. Muchas otras quedaron fuera, además de la vasta cantidad que hizo en la radio.

De todos modos, le quedaron algunos pendientes: “No conocí al Indio Solari. Me da una pena enorme no haber podido charlar con él alguna vez”. Su anteúltimo libro se llama El periodismo es lindo porque se conoce gente: “Yo, si tenía ganas de conocer a alguien, muchas veces pude hacerlo con la excusa de la entrevista. En 1985 trabajaba en Clarín, tenía ganas de conocer a Borges y, con la excusa de la nota, lo pude hacer. La entrevista, de doble página, finalmente salió. Así me pasó con muchísima gente”. Aunque sigue enumerando su lista de pendientes: “No conocí a Maradona, por ejemplo. Escribí sobre él pero no lo conocí. Tampoco conocí a Néstor Kirchner. Me hubiera gustado conocerlo. No conozco a Cristina Kirchner”.

Leandro Donozo, el editor del libro, le propuso a Ulanovsky reeditar su primera publicación, una biografía de Palito Ortega que escribió en 1969 y que atravesó un conflicto legal cuyo cruel desenlace, revela el prólogo de Notas musicales, impidió su distribución. El periodista decidió dejar atrás aquel libro -“es demasiado tiempo pasado”- y a cambio le ofreció a Donozo armar un libro que recopilara una gran cantidad de entrevistas que realizó a lo largo de su vida. El trabajo es el producto de alguien que no pudo participar del mundo musical, pero que ama visceralmente la música. Piensa que es un lenguaje “que nunca te deja pagando”: “De repente, estás en la lona, buscás un restaurante o un boliche cercano a tu casa y todas las noches vas a tocar cinco ó seis piezas y te garroneás el morfi. Bueno, como hicieron millones de personas en todo el mundo”. A Ulanovsky le apena haber desaprovechado la oportunidad de aprender ese lenguaje.

El recorrido 1967-2025, además, expone la evolución del periodista como entrevistador. En el prólogo del libro, reconoce que de joven era punzante, a veces hiriente. “No me gusta esa parte de mi vida”, expresa. “Tampoco la puedo negar, quedó por escrito. Tenía que ver con la época también, y con el nombre de la sección que me encargaron, que era ‘Reportajes Insolentes’. Uno tenía que ir a hacerse el insolente frente a alguien. Y eso ponía al entrevistado en una situación difícil”. Con el tiempo, fue entendiendo que “quien tiene que brillar es el entrevistado y no el entrevistador”, y se convirtió en un periodista más prudente. La experiencia más ilustrativa de esta evolución la tuvo con la cantante de tango Tania: “Primero la entrevisté en 1968. Tenía un boliche ahí en la calle Paraguay y Talcahuano, donde cantaba todas las noches. La fui a entrevistar ahí e hice algunas inferencias crueles. Después, en 1995, yo estaba en La Habana y me enteré de que había un lugar en donde los cubanos celebraban su enorme amor por el tango. Fui para allí y ese día cantaba Tania, a las cinco de la tarde. Y ahí le hice un nuevo reportaje, que fue completamente distinto. Las dos entrevistas son representativas de dos épocas de mi vida, tanto en lo personal como en lo profesional. Yo viví siete años en México y allí me volví una persona adulta. Cuando volví, todo lo que pude hacer me representó muchísimo, me dejó mucho más tranquilo. De alguna manera, fue mi elección definitiva como periodista”.

Ulanovsky es “abierta y decididamente analógico”: “Subutilizo la computadora y subutilizo el teléfono. Seguramente si les pudiera sacar todo el rendimiento que tienen, se volvería más fácil mi trabajo… Pero bueno, es así, tengo limitaciones y tengo que aceptarlas”. Sin embargo, Spotify es una plataforma que manipula con regocijo: “Cuando mis hijas me la instalaron me pareció todo un acontecimiento. Justo acabo de hacer una playlist con un tema de cada uno de los 45 entrevistados. Quizás en algún futuro, si se da la posibilidad de hacer un nuevo libro, a lo mejor puede venir con un QR, en vez de con un CD como venían los anteriores”.

Al mismo tiempo, mira con atención el fenómeno de la escena musical argentina contemporánea. Reflexiona respecto de los artistas jóvenes -Lali, WOS, Catriel y Paco Amoroso, Zoe Gotusso, etc.-: “Me interesan por lo que generan. Son jóvenes interesantes que mueven multitudes. Y también me interesan porque no ocultan su ideología, la manifiestan”. . En relación con el impacto que tienen en la juventud reflexiona: “¿Por qué creés que millones de personas adoraban al Indio? Porque los proveyó de herramientas que de ninguna otra manera hubieran tenido, por ejemplo, de herramientas poéticas. Por eso la obra que dejó el Indio tuvo el reconocimiento merecido en estos días, donde millares de personas se movilizaron solo para agradecerle. De acá a 20 ó 25 años, seguramente alguno de los jóvenes y jóvenes que están copando ahora el panorama musical van a ser igualmente reconocidos”.

-Me tomé la licencia de seleccionar tres preguntas que les hiciste a distintos músicos, y me parecieron pertinentes para hacértelas a vos. La primera es una que le hiciste a Facundo Cabral: ¿en qué consiste tu oficio?

 -Mi oficio consiste en enfatizar lo más posible el ejercicio de la mirada. Cuanto más compleja, sofisticada y sensible sea tu mirada, vas a ser mejor periodista. Vos estás ahora estudiando y te mandan a la esquina tal donde se reúnen fanáticos del Indio. Llegás ahí, mirás, anotás, vas de un lado para el otro, recogés algún testimonio y cuando volvés a ANCCOM tenés que escribir una nota de 3500 caracteres. Cuando esas personas que estaban en la esquina hablando del Indio lean esta nota que vos hiciste, la gran gratificación va a ser que alguien diga ‘mirá vos, este tipo vio lo mismo que vi yo’.

 

-La segunda es una pregunta que le hiciste a Charly García: ¿cuál es tu rasgo neurótico principal?

 -Debo tener una larga lista. Tendría que preguntárselo a la gente que me rodea. El neurótico es el que repite los errores, en este sentido tengo la sensación de que he sido poco neurótico. Tuve la ayuda de analizarme muchos años. Aunque para no dejar de contestar tu pregunta, podría decir la obsesividad. Soy un poco obsesivo y eso también me ayudó a desarrollarme en el periodismo. Guardé cada una de las notas que hice en mi vida, eso es de una obsesividad grave. Pero en este caso es una cosa muy conveniente.

 

-La última es una que le hiciste a Spinetta: ¿a vos te interesa que la realidad se modifique?

 -Sí, por supuesto. Yo hice la secundaria en el Mariano Moreno. Hice los cinco años con Rodolfo Terragno, un compañero entrañable. Cuando estábamos en tercero, a Rodolfo se le ocurrió hacer una revista estudiantil, pero no relacionada con las informaciones que ocurrían en el colegio, sino de interés general. Salió siete veces en tres años, y gracias a la revista yo conocí a gente que ya admiraba o que me parecía interesante. Conocí a Leopoldo Torre Nilsson, a Dalmiro Sáenz, a Augusto Bonardo, a Dante Panzeri… Salí del colegio teniendo bastante claro ya que quería dedicarme a esto. Hubo un momento en que uno quería ser periodista por muchas cosas, pero una de ellas era la posibilidad de modificar la realidad. Durante años fue posible. Después hubo situaciones que volvieron imposible modificarla, corrimos peligros por el deseo de hacerlo. La realidad durante años fue la misma, o peor. Me sigue interesando profundamente modificarla. Y me gustaría mucho contribuir a que este tiempo de vista que tenemos con este gobierno, se termine lo más rápido posible.