El empresario Dante Choi, dueño de la marca Peabody y referente de la comunidad coreana, analiza la situación de su firma en el actual contexto, alerta contra la falta de controles y afirma que “ninguna industria en el mundo es eficiente si la comparamos con China”.
En una tarde nublada en Palermo, entre el sonido de las máquinas de café y el murmullo de los comensales de la tienda COPHI by Peabody, el empresario Dante Choi cuenta cómo ve a su firma y al sector de los electrodomésticos ante la situación económica actual y da su opinión acerca del futuro.
Nacido en Corea del Sur, llegado al país hace casi 50 años, Choi afirma que su empresa Peabody “está en pleno proceso de reestructuración, porque cambió radicalmente la coyuntura del país. Hasta ahora las firmas proveedoras de bienes durables los fabricaban, ahora se está produciendo una multiplicidad de importaciones. Mientras, la sociedad quiere tener acceso a los bienes a un costo más económico. Entonces, se hace muy difícil para una empresa tradicional competir”.
¿Cómo impacta la apertura de importaciones?
Según la última estadística, se están importando alrededor de 100 millones de dólares por mes, y eso impacta porque se consumen directamente productos importados y no hay una creación de valor. El problema mayor es que en estos momentos hay una gran recesión y caída del consumo, entonces el público prioriza maximizar el ingreso y el poder adquisitivo. El problema es que se están importando productos a través de Shein y Temu que no están sujetos a normas de cumplimiento y atentan contra la seguridad del consumidor. Por ejemplo, se están importando accesorios para mujeres, y se encontró que la mayoría de los productos incumplían con las normativas de salud y contenían materiales cancerígenos. Esa es la principal amenaza para el sector.
¿Han presentado alguna propuesta para lograr una normativa al respecto?
Creo que no hay un interés genuino de la sociedad en este momento para avanzar en eso. Vemos que el poder de fiscalización que tiene el Estado es muy limitado, y se ha hablado un montón de veces, no solamente de nuestro sector: los laboratorios, las cámaras, asociaciones de seguridad eléctrica, pero no vemos un interés genuino. Estuve presente en el Congreso de la Nación, y tuvimos conversaciones con funcionarios… Es pérdida de tiempo. Tenemos que readecuarnos a la nueva situación y entender que esto es lo que quiere el Gobierno y la sociedad.
¿Es posible competir?
No, es imposible. El nuevo Gobierno no propició la baja de costos argentinos, lo único que ha hecho fue liberar las importaciones, desregulando normas de seguridad. Antes, para importar uno tenía que cumplir ciertos requisitos, que se han eliminado. También se han eliminado los controles aduaneros, pero no le ha dado la misma facilidad a la industria. Por ejemplo, no han bajado impuestos para la industria, en cuanto a costos en Argentina los seguimos manteniendo. Es muy difícil competir en estas circunstancias.
El problema es que se están importando productos a través de Shein y Temu que no están sujetos a normas de cumplimiento y atentan contra la seguridad del consumidor.
¿Cómo es el costo de un producto de su marca contra los que se importan?
Tenemos una fábrica en Paraguay. Para importación de insumos en Argentina pagás entre 18% y 20% de arancel de importaciones, cuando en Paraguay, con el régimen que tenemos, pagamos cero. Además, cuando vos importás insumos del exterior tenés que pagar 6% adelantado de Impuesto a las Ganancias, 3% de Ingresos Brutos, 21% de IVA, cuando en Paraguay no pagás nada. Acá una industria tiene que pagar una cascada de Ingresos Brutos: nosotros cuando vendemos, nuestros proveedores, y sus proveedores también, y eso en Paraguay no se paga. Acá, con la carga social, tenés que calcular 1.500 dólares de salario mínimo, cuando allá pagamos 500. Así no hay proyecto industrial que se pueda sostener en Argentina de manera exitosa.
¿En Paraguay hay más control de importaciones?
No, también tienen mucha irregularidad. De hecho, hay mucha mercadería de contrabando que ingresa a Ciudad del Este que después termina en el mercado local de ellos. Pero no de la magnitud que estamos viviendo acá en Argentina. Porque la presión fiscal que tenemos en Argentina es mucho mayor que en Paraguay.
¿Hoy en Argentina todavía se puede apostar por producir?
En 2023 fabricábamos 800.000 productos, y teníamos más de 20 empresas que proveían para nosotros. Ese supply chain [cadena de suministro] se está destruyendo, y en cuanto se destruye no se puede volver a recuperar en poco tiempo. Así que la destrucción de la capacidad productiva que se está viendo quizás es lo que corresponde, porque tampoco el país tiene por qué mantener una industria ineficiente, pero desde ese punto de vista ninguna industria en el mundo es eficiente si comparamos contra China, ni siquiera en Corea. Es un gran desafío que tiene Argentina de mantener la apertura de mercado, tratar de integrar la economía argentina con la cadena de producción internacional, tratando de darle actividad a gran parte de la población.
¿Ve una caída de consumo de sus productos?
Sí, hay una caída. Lamentablemente, ante un escenario inflacionario, creo que el nivel de consumo que hay es una demanda acorde. El otro día estuve hablando con alguien que comercializa lentejas: la venta en el último año se había caído un 24%, y antes, en otros años, la gente llenaba el changuito y aprovisionaba. Eso ahora se perdió. Entonces creo que sucede en todos los órdenes de consumo.
¿Ve la posibilidad de diversificar su negocio?
Estamos en Uruguay, Paraguay y vendemos algo en Brasil. Creo que tenemos que ir a buscar otro tipo de mercado y también buscar otro tipo de negocios, porque oportunidades siempre surgen. Así que tenemos que ver si nos reconvertimos y salir del modelo tradicional de negocio y buscar otro modelo y otros mercados.
¿En qué sectores le gustaría expandirse?
Somos una empresa dedicada al electrodoméstico, y construimos nuestro equity [activo] de la marca en los últimos 20 años en base a diseño e innovación y calidad. Entendemos que el mercado nos valora justamente por eso y tenemos que seguir persistiendo con esos atributos. Ese es el capital más importante. Hay un montón de cosas que podemos hacer para mejorar. Siempre estamos buscando soluciones, propuestas y beneficios para los consumidores.
Hay quienes sostienen que para tener futuro los jóvenes deben emigrar, ¿qué opina?
No sé si el futuro de la juventud está en el exterior. El mundo es muy complejo en estos momentos, tenemos guerras en muchos lugares. En Argentina puede haber mucho futuro, en el sentido de que tiene recursos naturales, están viniendo muchas inversiones y las va a haber en gas, minería, agroindustria, y quizás el país tiene que ser inteligente para generar valores agregados en esos sectores donde tiene competitividad y crear y garantizar puestos de trabajo y salida laboral para los jóvenes.
¿Cree necesario un cambio cultural?
Siempre pregono el modelo industrial de Corea y cómo hizo para crecer y convertirse en uno de los muy pocos países súper exitosos en el escenario mundial. Ha podido aprovechar cada una de las ocasiones. Por ejemplo, es el mayor beneficiario de importación de armamento gracias a la guerra entre Ucrania y Rusia, y la guerra de Medio Oriente le ha dado a la industria bélica nuevas oportunidades para importar. Tiene que haber un cambio cultural importante. Primero hay mucho que aprender de la disciplina de trabajo coreana, la cultura de sacrificio y dedicación. No existen reglas ni soluciones mágicas que pueda resolver sobre esta situación.
¿Qué elementos de la cultura de trabajo coreana trasladó a su empresa?
Hay una filosofía de management coreano, que nace en el siglo XVI. Un divulgador y profesor de la Universidad Católica de Corea lo define como amor y acción. Él pone como un ejemplo la figura de un rey que gobernó en el siglo XV, que detectó la necesidad que tenía Corea: era un país muy pobre, y tenía déficit de producción alimenticia. Entonces creó canales de riego y nueva tecnología para aumentar la producción. También, en aquel entonces, Corea utilizaba ideogramas chinos, que eran propiedad solamente de la clase dominante. Entonces se inventó el alfabeto coreano y se democratizó la educación. Ante cada necesidad, él tuvo la sensibilidad para entender esa necesidad y reaccionó con acción. Ahora, ¿cuál es lo contrario a eso? La desidia. O sea, sabiendo que hay necesidad en la sociedad, no se toma la decisión de hacer absolutamente nada.
“Sociedad fracturada”
Dante Choi suma el ejemplo del arroyo Cheonggyecheon, ubicado en la parte céntrica de Seúl. Durante cinco siglos fue el cloacal de la ciudad y en la década de 1970 construyeron arriba una autopista. A comienzos del 2000, llegó un intendente que recuperó el espacio, que actualmente es uno de los más fotografiados y visitados por turistas del mundo. “Si lo comparo con lo que sucede acá con el Riachuelo –explica– eso claramente es la muestra de la desidia. Argentina tiene necesidad de saneamiento hace décadas y ningún Gobierno lo hace, y no es una cuestión de bandera política: han pasado un montón de gobiernos, ninguno se ha se ha hecho cargo. Entonces, así pasa con un montón de cosas”.
¿Qué deberían aprender los jóvenes para ayudar al crecimiento del país?
Argentina tiene recursos y capital humano muy valiosos. Y tenemos que explotar ese talento. Estoy muy preocupado por el crecimiento de la inteligencia artificial: creo que nos da una oportunidad, pero también una enorme amenaza. Hoy los jóvenes tienen mayor exigencia que antes: tienen que estudiar y prepararse mucho. En este momento, en Corea, las empresas están priorizando la contratación de personas senior, porque tienen experiencia en el trabajo. Entonces esas personas le pueden brindar mejores prompts [instrucciones] a la inteligencia artificial, por ende, pueden tener mejor el resultado de trabajo. Así, los jóvenes ahora no tienen oportunidad de ingresar a una empresa y aprender.
¿Cómo ve el mercado laboral al tienen que ingresar?
Veo un escenario catastrófico, con una amenaza muy grande. Pero creo tenemos que adecuarnos a ese nuevo escenario. Estamos viviendo una revolución muy grande y que nadie sabe cuál va a ser el alcance de esto. Va a cambiar absolutamente todo. No de acá a 10 ó 15 años, mañana mismo.
¿Hay alguna conversación que el país no esté preparado para tener?
Hay muchas cosas que tenemos que hablar y me gustaría que haya un consenso generalizado para ver cómo hacemos para sacar el país adelante y de qué forma tener un real progreso económico. Pero mi sensación es que tenemos una sociedad rota, fracturada, con grieta y fuerzas políticas aprovechando esa grieta. Como testigo, llegado en 1977, veo que Argentina ha perdido muchas décadas, que han sido de crecimiento nulo o decrecimiento, y lamentablemente no veo un consenso generalizado para cambiar la situación. No sé, tengo una visión distópica. Cada vez veo una sociedad más fracturada. Mientras sigamos con nuestro diálogo confrontativo, es muy difícil que podamos tener un consenso, que es lo que más requiere la sociedad argentina.