Por Renzo Vila
Fotografía: Lao Vázquez

Los trabajadores de prensa crearon una cooperativa para hacerse cargo del diario que había vaciado Sergio Szpolski. Hoy cuentan con una comunidad que los apoya y una agenda que los diferencia de los demás medios.

En un contexto de desfinanciamiento y persecución hacia la labor periodística por parte del Gobierno nacional, el diario cooperativo Tiempo Argentino conmemora sus primeros 10 años desde su recuperación en 2016. Luego de una ardua lucha por autogestionar la marca y proteger sus empleos, hoy continúan trabajando desde la organización cooperativa, publicando diariamente vía web y con una tirada dominical para sus socios aportantes, constituyendo la fuente laboral de 85 trabajadores de prensa.

Una figura que engloba el espíritu del medio es Malena Winer, hoy presidenta de la cooperativa, que al comienzo de la travesía hacia la independencia debió abandonar su rol de coordinadora para hacerse cargo de la Tesorería. Todo comenzó en noviembre de 2015, cuando los trabajadores de Tiempo Argentino dejaron de cobrar su salario por el vaciamiento y abandono de parte de sus anteriores dueños, Sergio Szpolski y Matías Garfunkel. En ese contexto adverso, la unión del equipo fue clave para avanzar a ciegas, con la única meta de proteger sus fuentes de trabajo: “Lo hacíamos para sobrevivir, y nos queríamos. Nunca hubo otra salida posible para nosotros, aunque no supiéramos bien cómo hacer”.

Al febrero siguiente tomaron el espacio que, sumado a la colaboración de los fondos de lucha y los festivales en los que participaron, fortalecieron la idea de crear una cooperativa. El 24 de marzo de 2016 fue un antes y después en esta historia: el diario publicó una edición especial de 30.000 ejemplares que para el mediodía estaba completamente vendida. “Fue nuestra bala de plata, y terminamos yendo a la imprenta de raje a buscar las ediciones mal impresas para seguir vendiendo”, recuerda Nicolás García Recoaro, consejero, socio y redactor del medio desde 2010.

Malena Winer en la redacción de Tiempo. 

El capital obtenido ese día fue destinado a solventar los gastos para avanzar definitivamente hacia el cooperativismo. El monto necesario para fundar la cooperativa era de 1.250 pesos, para lo cual todos los miembros de la Asamblea aportaron 10 pesos, dando entidad legal a un sueño que cada día se hacía más posible.

Cada 10 de abril recuerdan el aniversario de su fundación, día de la primera salida de Tiempo Argentino bajo la producción de a Cooperativa Por Más Tiempo, el nombre bajo el cual actúan los trabajadores autogestionados

Por entonces, los 125 miembros trabajaban en las oficinas en Amenábar y Dorrego, en el límite entre Colegiales y Palermo. En pleno avance hacia la autogestión aparició Mariano Martínez Rojas, un empresario riojano que afirmaba haber comprado la marca a sus anteriores dueños. La poca confianza que su figura irradiaba obligó a los miembros de Tiempo Argentino a organizarse para hacer guardias en la redacción a fin de estar alertas ante cualquier incidente.

 

Hoy redactor web y socio del medio, la noche del 4 de julio de 2016 Nahuel de Lima estaba durmiendo en la oficina de la redacción cuando una patota de 20 personas enviada por el empresario irrumpió violentamente en el lugar, atentando principalmente contra los elementos indispensables para la publicación del diario: computadoras, impresoras y las conexiones de Internet. Media hora después del llamado de alerta en los grupos del diario más de 100 personas se encontraron afuera del edificio pidiendo por la expulsión de los agresores y la subsistencia de Tiempo, con nula colaboración de la policía: “Los mismos que me despertaron a golpes salieron escoltados por la Policía un rato después”, afirma Nahuel. Al día de hoy, la causa judicial que investiga aquellos hechos sigue abierta.

Lejos de atentar contra su subsistencia, este episodio fue la segunda fundación de Tiempo Argentino y un momento de orgullo para sus miembros. Meses después ganaron la tenencia de la marca, agregando al final su frase de cabecera: “Dueños de nuestras palabras”. Presente en la asamblea fundacional, Nahuel encontró en el periodismo una forma de contar historias de otros que lo conmueven: “Mi forma de escribir es humanizar a los compañeros, y este oficio lo aprendí acá”.

Preparado contra las adversidades, su presente, ya en la redacción de México 437, CABA, le permite ser fuente de trabajo para más de 80 periodistas y editores, y también seguir publicando ediciones en papel: “Me encanta seguir editando papel, aunque sea estar condenado a la derrota”, dice con una sonrisa García Recoaro. Siendo el único medio cooperativo que compra papel celulosa en nuestro país, sus publicaciones se pueden adquirir en kioscos y puestos de diario, aunque la mayor parte de sus ingresos proviene de sus aportantes voluntarios. En un contexto de presunta eliminación total de la pauta oficial, las aspiraciones del medio se sinceran: “Mantenerse es crecer”.

La falta de ejemplos a seguir en el rubro resalta su singularidad como institución, pero luchan contra la etiqueta de medio “alternativo”: “Tenemos una manera de producir que comprende al hombre, la mujer y al medio ambiente, pero somos un diario como cualquier otro”, remarca la presidenta de la cooperativa. A todas las instituciones que se contactan con Tiempo Argentino pidiendo consejos para crecer, la respuesta es la misma: la solución siempre es la horizontalidad, aunque sea un desafío en el día a día: “En el ambiente capitalista es difícil dejar de ver todo en jerarquías, a mí me encantaría hacer un híbrido, que todos sepan qué hace el otro, remarcar que somos todos iguales”, expresa Winer.

A prueba y error, y fundamentalmente con mucho esfuerzo, desde Tiempo Argentino han desarrollado una estructura de organización articulada en 10 categorías de acuerdo a las responsabilidades de cada miembro, que les ha permitido cumplir 10 años de existencia sin jamás dejar de pagar un ‘retiro’, como ellos denominan al salario. El orgullo atraviesa a todos los miembros del medio, y la sorpresa por haber perdurado a lo largo de una década va de la mano con la confianza en el proyecto: “Tiempo Argentino va a seguir existiendo, esto no cae de un día para el otro. Como dijo un compañero, ya no sabemos si nosotros hacemos al diario o si el diario nos hace a nosotros”, dice con una sonrisa García Recoaro, volviendo a la oficina para cerrar la edición de papel para el próximo domingo.