Por Delfina Barczak
Fotografía: Catalina Chavez, Guadalupe Falcón Presa y Lucía de Marco

Miles de personas desbordaron la Plaza del Congreso y alrededores al cumplirse once años de la primera marcha de Ni Una menos. Con el femicidio de Agostina Vega aún en las retinas, el clima de bronca y desamparo acompañó el pedido de justicia por las que faltan.

“Somos mujeres y queremos vivir”, escribió Antonella de 9 años en un dibujo este 3 de junio. Su mamá, Jesica Sosa, lloró al leerlo. Cargada de impotencia se subió al tren Sarmiento junto a su hija y algunas amigas. Fueron desde Moreno hacía la 11° marcha de Ni Una Menos para exigir que algo cambie. Al llegar a la Plaza Congreso, se encontraron con miles de mujeres reclamando su derecho a vivir sin miedo entre lágrimas, abrazos y bronca.

La calle era una marea subiendo por Avenida de Mayo. Los pasos repetían con furia el camino que ya habían hecho tantas veces. Las frases en los carteles ya no apelaban a la empatía, sino a la denuncia. “A mí no me cuida el Estado, me cuidan mis amigas”, decía el cartel que Ludmila Muñoz hizo con sus compañeras de 6º año. “Sentimos impotencia, dolor y tristeza de que sigan pasando casos como los de Agostina y el Estado no haga nada”, remarcó Loana Muñoz a ANCCOM, mientras contenía a su hermana emocionada.

Abrazadas en medio de la multitud, una madre y su hija compartieron una sensación similar. “Tengo tres hijas mujeres y cada vez que una sale nos cuidamos entre nosotras. Como madre una sufre y no quiero más eso, ellas se merecen disfrutar y vivir en paz”, agregó Nardina Sánchez sin soltar a su hija Soledad ni un segundo.

A unos pasos de distancia, Mariela Jaimovich levantaba un cartel que decía: “Todas las madres merecen ver a sus hijas volver”. En su pecho, la foto de una chica joven reclamaba justicia. “El 22 de febrero de este año, Malena salió a caminar con una botella de agua y tuvo la desgracia de cruzarse con su asesino que la mató de 18 puñaladas. Después se escapó, salió corriendo, se sacó la remera que tenía manchada, se lavó las manos en una zanja, se fue a su casa y lavó la ropa. Ahora exigimos que sea elevado a juicio y no lo hagan pasar por loco, porque fue plenamente consciente de lo que hizo”, explicó Mariela con una meticulosa precisión.

A su alrededor amigas, familiares y mujeres desconocidas que no conocían el caso escondían las lágrimas para respetar su entereza. Pero se volvió insostenible cuando la madre de Malena agregó sollozando: “Ayer cuando escuchaba la cantidad de víctimas muertas por femicidio, decía, mi hija ahora es una víctima más. Yo sigo porque quiero decirle a mi nieto cuando sea grande que el asesino de su mamá fue preso”.

Cerca de las 18 se leyó en un pequeño escenario frente al Congreso el documento redactado por varios grupos y comunidades. La consigna consensuada fue “Vivas, libres y desendeudadas nos queremos”. Al respecto, Vanina Biasi, legisladora del Frente de Izquierda, subrayó a ANCCOM: “Es una forma de enfrentar a un régimen que nos quiere empobrecidas y endeudadas, porque nos mantiene atadas al otro, condicionadas, disciplinadas, y eso es lo que tenemos que romper”.

Para la legisladora, la manera de frenar la violencia es enfrentando al Estado por su responsabilidad en el abandono de las mujeres y el mal funcionamiento de la Justicia. En esa línea, Susana Sim, oriunda de Puerto Madryn, compartió su tortuosa experiencia en Tribunales. “Denuncié al padre de mi hijo por abuso sexual contra mí en cuatro oportunidades y la burocracia es enorme, no termina más. Vos sos tu propia fiscal y te morís por dentro en medio del camino. Para mí no hay mayor violencia que esa”, denunció.

Luego del discurso central, el aire se aligeró y empezó el baile al ritmo de los casi 30 tambores del Espacio Defensa. “El tambor de candombe es muy significativo porque representa a la lucha y resistencia de la comunidad negra y afrodescendiente que se enfrentó a la esclavitud. Hace 20 años una mujer no podía tocarlo, pero ahora nosotras lo traemos para manifestarnos contra los femicidios y los transfemicidios en todo el país”, destacó Sandra Chagas, feminista afrodescendiente y líder del espacio.

Hacia el final de la noche, en la plaza quedaron rondas de mujeres disfrutando del reencuentro con choripanes, empanadas o cervezas. Alrededor, los feriantes levantaban sus puestos con los pines o parches que veremos en las calles los próximos días. Porque, aunque nos quieran generar más miedo, este 3 de junio reafirmamos que vamos a vivir.