El avance de la IA, las campañas diseñadas con “big data” y la conversión de los líderes en personajes digitales abren un interrogante: ¿Dónde quedó lo humano? Desde la trinchera del teatro, “La era del olvido” se propone desvestir la farsa política contemporánea.
En una época donde la realidad está mediada por pantallas, notificaciones y algoritmos que adivinan nuestro próximo deseo, el teatro sobrevive como un espacio de resistencia física. Un refugio donde no se usa el celular, donde cada uno respira el mismo aire que el de al lado y donde las risas —desafinadas, impredecibles— no fueron programadas por una IA. En esa atmósfera de incertidumbre, donde la experiencia se vuelve irremplazable, se presenta La era del olvido, con la actuación unipersonal de Germán Rodríguez y la dirección de Francisco Estrada.
La obra funciona como un espejo incómodo de la crisis de representación política. “Rodrigo”, interpretado por Rodríguez, lo enuncia sin anestesia: “Para ser político hoy sólo hay que contratar a la gente adecuada detrás, asesores, community managers, analistas de datos, y encargarse de dar el show”.
Como señala Giuliano da Empoli en su ensayo Los ingenieros del caos: “Por primera vez, los comportamientos humanos comenzaron a producir un flujo masivo de datos. Gracias a internet y las redes sociales, nuestros hábitos, preferencias, opiniones e incluso emociones se han vuelto medibles”. Bajo esta lógica, el autor explica cómo cada categoría de votante recibe un mensaje personalizado: un discurso sobre la protección animal para los ambientalistas, uno sobre la burocracia para los libertarios y otro sobre el Estado de bienestar para los estatistas.
Esta es una de las razones por las que asistimos a una mutación radical en la figura del político. El líder ya no se construye desde la consistencia ideológica, sino desde la plasticidad: debe ser un cascarón vacío capaz de adoptar la forma que el consumidor digital requiera en su propio algoritmo.
En este sentido, el director Francisco Estrada propone una contraofensiva basada en la durabilidad. En diálogo con ANCCOM, cita al Jorge Luis Borges de Discusión (1932): “No puede haber sino borradores. El concepto de texto definitivo no corresponde sino a la religión o al cansancio”. Por eso, Estrada concibe su obra como un texto en constante construcción desde 2018.
La era del olvido le entrega al espectador paradojas, intrigas y perplejidades; no busca explicar el contexto actual, sino colarse por las sombras de lo no dicho. “No me interesaba hacer un comentario sobre la actualidad, sino algo que, en estos tiempos, perdure”, explica. “Vino una funcionaria a verla y cuando terminó me dijo: ‘Era mi jefe’”. Esta obra no se creó repitiendo las facciones, discursos y actitudes de un político en particular, sino llegando hasta el “germen” que representa a todos los que juegan en política hoy.
A través de un personaje desbordado, que oscila entre rasgos infantiles y zonas de extrema oscuridad, la puesta en escena logra poner en crisis una dinámica social que nos alcanza a todos. La era del olvido recuerda que hay cosas que las máquinas todavía no pueden replicar.
La obra se presenta los sábados 6 y 13 de junio a las 21 en El Camarín de las Musas, Mario Bravo 960 (CABA), antes de emprender una gira por España, para luego retomar su temporada local a partir de julio.