Este mediodía familiares de víctimas de femicidio rodearon la plaza del Congreso con las fotos de sus hijas, hermanas, sobrinas asesinadas y reclamaron, una vez más, justicia.
Otro 3 de junio. Otro día para salir a la calle y decir basta. Para exigir que dejen de matarnos, para reclamar políticas públicas que prevengan las violencias, para recordar que en Argentina ocurre un femicidio cada 31 horas y para volver a gritar una consigna que once años después sigue vigente: «Ni una menos”.
Como desde hace 11 años, la agrupación Atravesados por el Femicidio se reunió frente al Congreso con las fotografías de más de 200 víctimas de femicidio. Los familiares sostienen cada año los rostros, nombres e historias en busca de justicia, respuestas y memoria, con el reclamo: “No son casos aislados. No son números, son vidas”.
Atravesados por el Femicidio es una red de contención conformada por 250 familias, de 200 mujeres y diversidades asesinadas por motivos de género. Desde 2018 reúne familiares de distintas provincias dándoles contención, asesoramiento y acompañamiento de las demandas judiciales. Van a cada marcha, el 8 de marzo, el 3 de junio, el 25 de noviembre, y sostienen todos los reclamos que sean necesarios. Además de mantener viva la memoria de las víctimas, la agrupación acompaña a familias que recientemente atravesaron situaciones similares, acercándose cuando las personas están preparadas para hablar y recibir apoyo.
Esta nueva marcha se da en un contexto marcado por un gobierno que lleva a cabo el desfinanciamiento o incluso la eliminación de políticas públicas de género, como es la extinción del Ministerio de las Mujeres, Géneros y Diversidad, el desmantelamiento de la línea 144, o la eliminación del programa para víctimas de violencias de género, entre muchas otras. A esto se suman discursos de odio que minimizan, relativizan o directamente invisibilizan la violencia de género existente en el país.
Soledad Serrano es la tía de Zulema Belén Serrano, asesinada el 22 de julio de 2023 por su expareja, Juan Carlos Bertini, integrante de la Policía Federal. Zulema tenía 33 años y se desempeñaba como oficial de la Policía de la Ciudad. Durante el memorial, Soledad reclamó justicia por las víctimas de femicidio y denunció la falta de avances en muchas causas. «Hay muchos casos sin siquiera abrir el expediente, hay muchas fiscalías que no están haciendo su trabajo y hay muchas víctimas bajo tierra que lamentablemente no tuvieron justicia hasta el día de hoy», afirmó en diálogo con ANCCOM.
Entre las fotografías de las mujeres y diversidades asesinadas sobresale una enorme mariposa violeta con el nombre de cada una de las víctimas que forman parte de la agrupación. Para las familias el símbolo representa la libertad: «Es lo que a nosotras nos da consuelo, saber que ellas ya son libres», dice Serrano.
Además, Soledad Serrano vinculó el símbolo de la libertad con el derecho de las mujeres a decidir sobre sus propias vidas. «Queremos la libertad de nuestras mujeres, que puedan decir que no y que ese no sea respetado», expresó, cuestionando las violencias machistas que buscan controlar o decidir por las mujeres y sus cuerpos.
Los familiares no solo buscan justicia, sino también encontrar redes que los ayuden a seguir viviendo y luchando después del femicidio. Carola es la mamá de Candela Sol Rodríguez, asesinada en 2011. En 2017 fueron condenados a prisión perpetua dos de los responsables; sin embargo, en 2024 se hizo un segundo juicio contra expolicías bonaerenses acusados de encubrimiento y todos fueron absueltos.
Carola reivindica la necesidad de salir a la calle cada Ni Una Menos por las que ya no están y explica: “Nosotras que somos madres estamos todas rotas, nos encontramos, venimos, luchamos y pedimos justicia por las que van a venir”. Señala la importancia de grupos de apoyo y contención, porque la víctimas no son solo sus hijas, hermanas, madres, sino también los familiares que deben sobrellevar la angustia, la injusticia, las amenazas, los juicios eternos. Carola cuenta que la agrupación y sus integrantes le salvaron la vida: “Los grupos salvan vidas. A mí, Atravesados por el Femicidio, me salvó la vida. Si no, yo estaría muerta”.
En algunos casos, además, las familias siguen teniendo que enfrentar procesos judiciales muy largos y respuestas insuficientes. Yamila Nair Orona es hermana de Luz Valentina Cepeda. La causa está caratulada como «instigación con ayuda al suicidio». La familia sostiene que Valentina tomó la decisión de quitarse la vida, luego de sufrir violencia física y psicológica por parte de su pareja. Aunque la Justicia reconoció la existencia de violencia de género e imputó al acusado, este continúa en libertad mientras esperan el juicio. Pero ella insiste en recordar a su hermana más allá del expediente judicial. «Era una chica llena de vida», dice. Además, denuncian amenazas, hostigamiento y violaciones de medidas perimetrales, sin respuestas judiciales.
Yamila cuenta que encontró un sostén fundamental en la agrupación de familiares. Explica que se convirtieron en una especie de familia unida por el dolor y la búsqueda de justicia. “Nos une el dolor, nos une la lucha”, resume. También recuerda que antes veía estas historias por televisión sin imaginar que algún día le tocaría vivir algo parecido. “Yo también lo miraba en el noticiero y pensé que nunca me tocaría. Siempre veía a las mamás pidiendo justicia o buscando una chica desaparecida y jamás pensé que iba a estar con una foto de mi hermana pidiendo justicia”, dice. Por eso destaca la importancia del acompañamiento y de sentirse contenida por otras personas que atraviesan la misma situación: “Todas las mujeres venimos hoy porque a todas nos toca”.
Pero no todas las familias llegan a tener una investigación para catalogar la causa como femicidio. Laura Illescas es mamá de Ayelén Delgado, quien apareció muerta el 4 de julio de 2021 en la casa de su novio. La investigación tenía la hipótesis de suicidio, pero la familia denuncia falta de preservación de pruebas, ausencia de pericias, contradicciones en los testimonios y falta de respuestas. Es así que hace casi cinco años reclama una investigación más profunda y cuestiona la inacción de la Justicia: “Esa burocracia que siempre protege a los asesinos, a los violadores, a los femicidas. Y no protege a las víctimas”, dice con angustia y agrega: “Nosotros somos visibles un día como hoy. No somos visibles otro día”. Y frente a un reclamo injusto y agotador dice: «¿Por qué no me dicen cómo murió mi hija?».
Este 3 de junio, a 11 años del primer Ni Una Menos, la marcha lleva nuevos nombres. En los días previos a la marcha, tres femicidios volvieron a conmocionar al país, el de Agostina Vega, de 14 años, en Córdoba; el de Noelia Carolina Romero, de 30 años, asesinada en Temperley tras haber llamado al 911; y el de Dulce Candia, de 17 años, en Misiones. Tres femicidios que se unen a una lista que sigue creciendo.
Detrás de cada foto que hoy rodeó al Congreso hay una historia. Hay una mujer que fue asesinada. En cada víctima hay una familia que también sufre por ella. Y cuando la marcha termina, la calle queda en silencio, las fotos y los carteles vuelven a guardarse, los medios se enfrían. Las familias siguen ahí, pidiendo: Ni Una Menos.