Franca Levin, alias @dementeconmochila, partió hace ocho años de su Uruguay natal con el sueño de vivir viajando y desde hace 18 meses recorre el continente africano. En diálogo con ANCCOM, comparte impresiones y reflexiones sobre una región que, como la nuestra, todavía busca escribir su futuro.
“Viajo y cuento historias. Feminista y un poco loca”, así se presenta la uruguaya Franca Levin (35) en su cuenta de Instagram @dementeconmochila, donde tiene 122 mil seguidores, que ahora mismo están pendientes de sus pasos por el continente africano. A través de su viaje, Levin documenta escenas cotidianas, costumbres y formas de vida que desafían los prejuicios instalados en torno a inseguridad, pobreza o conflicto permanente. Su mirada invita a cuestionar la narrativa occidental sobre África y a reconocer cuánto queda todavía por aprender de culturas que suelen ser observadas desde la distancia, el supremacismo y el desconocimiento.
Al momento de la entrevista con ANCCOM, Levin se encuentra en Burkina Faso. Se disculpa por una demora de cinco minutos, pero como pretexto asegura que ha sido “un día memorable”. Aunque para esta aventurera, todos los días son distintos. “Pude participar de una ceremonia que esperaba hace mucho tiempo. Un funeral. Aquí son eventos multitudinarios, una especie de celebración, muy performática, donde miembros de diferentes comunidades se reúnen para bailar usando máscaras y disfraces”, relata.
Si pienso en un velorio, le comento, imagino una escena totalmente distinta a la que describe. “Te digo más –prosigue–: en un momento se forma una especie de ronda alrededor de los bailarines, había mucha gente, y para agrandar el círculo sacaron látigos y arremetieron contra el público para generar espacio. Observo a mi alrededor asustada y noto que todos reían, resulta que es algo normal”.
Levin responde con una sonrisa intrépida. Para esta viajera de la Banda Oriental, la idea de lo “normal” se pone en cuestión de manera constante. Sin embargo, es esa confrontación con sus propias creencias lo que impulsa su recorrido. “Desde Occidente se construye una mirada sobre África influenciada por el cine norteamericano, en torno al hambre y la guerra, sobre todo para quienes nos criamos con los consumos culturales de los años 90. Y si bien hay un shock inicial asociado al nivel de no acceso a determinadas cosas que nosotros tenemos naturalizadas, como el agua potable o la electricidad, una vez superado eso, hay un montón de otras historias que contar: hay otra tradición histórica, otra cultura, otros significados”.
“Por ejemplo, las formas de vida en el desierto de Mauritania. Siendo uruguaya me parecía un paisaje inhóspito, hay algo de la creatividad mezclada con conocimiento heredado que se da en territorios hostiles para desarrollar la vida, e incluso cambian la percepción de inteligencia. Me encontré con poetas que no escriben, donde todo es oral y hacen competencias donde recitan poesías. La vida en el desierto es muy mental, porque escasean los espacios donde fijar o escribir, y esto impulsa el desarrollo de otras habilidades. Hay personas que con tocar la arena pueden saber la dirección donde encontrar agua para hidratar a los camellos, o niños que realizan juegos de lógica con tableros dibujados en el suelo, usando caca de cabra como fichas”.
Vía Instagram y YouTube, Levin comparte el día a día de su recorrido mediante videos y testimonios personales. En la búsqueda de construir una narrativa que cuestione los prejuicios sobre África, convive con la dificultad de sostener relatos complejos en plataformas dominadas por algoritmos que premian el impacto inmediato y los discursos emocionales y estereotipados. “El video que más repercusión tuvo fue uno que grabé en Liberia. El país atravesó una guerra civil muy fuerte hace algunos años y, dentro de ese contexto, existían creencias espirituales según las cuales consumir partes del enemigo otorgaba sus virtudes o su fuerza. Durante mi estadía conviví con personas que habían atravesado esas experiencias de canibalismo hace más de dos décadas. Fue una situación muy incómoda y difícil de procesar, algo que también quedó reflejado en el video. Por el título y la portada, el contenido se viralizó rápidamente y terminó siendo el más visto. Sin embargo, fue probablemente el que menos disfruté hacer. Son historias excepcionales que merecen ser contadas, pero no representan necesariamente la experiencia cotidiana ni la complejidad total de un lugar”.
El viaje, afirma Levin, implica enfrentarse a determinismos culturales, y aclara que el asombro no es unilateral: así como ciertas costumbres la interpelan o la sorprenden, muchas personas con las que convive también se muestran desconcertadas frente a hábitos y actitudes occidentales que, para ella, son normales. Esta dinámica se vuelve especialmente evidente en los debates vinculados a los derechos de las mujeres, donde las problemáticas, prioridades y formas de organización suelen responder a marcos históricos y sociales muy distintos.
“Me tocó vivir el 8 de marzo –Día Internacional de la Mujer– aquí, y es importante entender que el feminismo blanco, occidental, tiene batallas y luchas que no son las de acá. Tuve contacto con movimientos femeninos en Mauritania, y parte de las actividades allí radican en impedir posibles matrimonios con menores de edad o promover el fin de la mutilación genital femenina. Y así como yo me sorprendo, ellas encuentran como novedad que viaje sola y no esté casada o con hijos”.
En Burkina Faso, Levin busca experimentar en primera persona el fenómeno de Ibrahím Traoré, un líder tan carismático como controversial, figura central de una nueva corriente panafricanista que busca romper con las hegemonías colonialistas europeas y erradicar a los grupos terroristas de ISIS o JNIM (franquicia local de Al-Qaeda). “Sin duda vine por lo que sucede alrededor de Traoré, y me encontré con un país muy ordenado en comparación al resto de los que he venido transitado. Hablando con la gente, encuentro un respaldo muy alto al gobierno, después hay matices de cara a que hacer posrevolución: algunos sostienen avanzar hacia un régimen democrático, y otros más ligados a la voluntad del gobierno, afirman que la democracia es una imposición colonial que impide el desarrollo, y que, en la medida que un gobierno haga las cosas bien, no importa si se queda uno, cinco o veinte años. Por otra parte, existe un eje central que funciona como soporte de gestión, que es la lucha contra el terrorismo en el norte del país. Todas las semanas, en los medios, que son oficiales, dado que no se hay espacio para voces disidentes, se informa la recuperación de nuevos territorios en manos de los yihadistas. Pienso que, en la medida en que estas narrativas sigan vigentes, el apoyo va a seguir, porque es la principal demanda de la población”.
Más allá de las diferencias, África y América Latina están atravesadas por procesos de colonización y la influencia de imperialismos en el presente. “Si bien los procesos son distintos, destaco en las nuevas corrientes panafricanistas, como la alianza del Sahel [Malí, Níger y Burkina Faso], una cooperación internacional en materia de seguridad y salud que fortalece a todas las partes, sobre todo ante la amenaza de grupos terroristas financiados por grandes potencias que buscan desestabilizar la región para saquear los recursos naturales. Por otro lado, en el caso de Burkina Faso, Traoré nacionalizó las minas y expulsó a los franceses, pero no van a dejar de hablar francés, porque es el idioma que los conecta con el mundo. Hace poco fui a un bar y me encuentro a un local con la camiseta de la selección de futbol de Francia y le digo: ‘Mon ami, ¿qué pasó con el panafricanismo?’. A lo que me responde: ‘Panafricanismo no es odiar a Francia, sino rechazar algunas cosas’. Creo que, en estos tiempos, esa apertura al diálogo en pos de beneficios para el desarrollo es importante, sobre todo al observar gobiernos como el argentino, cuyas medidas están atravesadas por una premisa ideológica que anula otros caminos de crecimiento. Se trata de defender los intereses nacionales con inteligencia y sin dogmas”.
Mientras continúa su recorrido –ahora mismo se encuentra en Ghana–, Levin sigue acumulando historias. En este ejercicio de encuentro y contraste, sus relatos permiten descubrir lo desconocido, pero también revisar las propias certezas, para entender que, detrás de los prejuicios, las fronteras y las distancias geográficas, existen paralelismos entre África y América Latina, dos regiones que todavía buscan escribir su futuro desde sus propias voces.