Por Violeta Bulacio Areco
Fotografía: IG DAC

A cincuenta años del secuestro y la desaparición del cineasta Raymundo Gleyzer, figura fundamental del documentalismo sociopolítico latinoamericano, cineastas, amigos y familiares lo homenajearon en un encuentro que evocó su obra y su ideario.

“Soy un cineasta argentino que hace films desde 1963. Todos tratan sobre la situación social y política de América Latina”. Así se presentaba el mismo Raymundo Gleyzer, uno de los directores argentinos más reconocidos del cine político en Latinoamérica. El 27 de mayo se instaló como el día del documentalista argentino para recordarlo en la fecha que fue desaparecido por la dictadura militar en 1976: a 50 años de este hecho se llevó a cabo un homenaje con actividades en todo el país para revisitar sus ideas y obras.

Directores Argentinos de Cine (DAC) llevó adelante una serie de proyecciones y charlas en la Capital Federal que contaron con la presencia de Greta Gleyzer, Irene y Anibal Guiser –su hermana y sobrinos– y amigos como Bebe Kamín y Nemesio Juárez. También se proyectó el documental Raymundo (2003), de Ernesto Ardito y Virna Molina, que entremezcla textos personales leídos por su hijo Diego, material de archivo de sus películas y cortos y testimonios claves como el de Juana Sapire, su compañera de vida; Sara Aijén, su madre; su hermana Greta o directores como Nemesio Juárez y Pino Solanas.

Kamin, también director de cine, definió a Gleyzer como “un destacado de nuestra generación, un referente que siempre estaba un paso adelante. Con una forma de mirar y contar con la cámara como pocos”. Por su parte Juárez lo recordó como un ícono de la época que, pese a sus diferencias políticas, siempre buscó la liberación de la patria a través de su cine.

La tierra que quema (1964) o México, la revolución congelada (1971) dejan entrever la mirada de Gleyzer sobre la realidad sociopolítica de América Latina y la desigualdad. Nuestras Islas Malvinas (1966), el primer registro audiovisual de un periodista argentino en el territorio, recupera parte de su trabajo como camarógrafo de televisión y de su ojo preciso para mostrar la vida cotidiana desconocida. Me matan si no trabajo y si trabajo me matan (1974) retrata la huelga de los trabajadores de INSUD contra las patronales por el envenenamiento con plomo en sus fábricas y Los traidores (1973), una de las más reconocidas, describe a partir de la ficción los conflictos de la época con la burocracia sindical al interior del peronismo.

Todas sus producciones están atravesadas por su visión crítica y de denuncia de la realidad, pero también están marcadas por un contexto de represión que lo obligaba a filmar muchas veces de manera clandestina y con pocos recursos, pero que nunca lo frenaron. Porque para Gleyzer hacer buen cine no quería decir hacer un cine estético solamente, sino también con contenido crítico. El Gleyzer cineasta es inescindible del militante.

En 1973 fundó junto con sus compañeros el Grupo Cine de la Base. Este tenía como objetivo producir y distribuir películas por fuera de las lógicas comerciales, tratando de hacer un cine del pueblo y para el pueblo, que no esperaba a que el público fuera a su encuentro a las salas, sino que iba a buscar el debate con el público en las villas y los sindicatos, llevando el cine al territorio.

Su cine buscaba mostrar las causas de la desigualdad pero tratando de llegar más lejos, con ansias de cambiar el mundo, tratando de ser cada vez más combativo. Es por eso que se unió al PRT (Partido Revolucionario de los Trabajadores) y continuó haciendo films que denunciaban el comienzo del terrorismo de Estado y su ensañamiento particular con las organizaciones guerrilleras, a través de la Triple A, en los años previos al golpe del 76.

Aunque a principios de 1976 Gleyzer se encontraba en Nueva York, cuando recibió la noticia del golpe en Argentina decidió volver. El 27 de mayo fue secuestrado a la salida del Sindicato de la Industria Cinematográfica Argentina (SICA) y trasladado al Centro Clandestino El Vesubio, donde fue torturado. Allí también permaneció secuestrado y fueron torturados el escritor Haroldo Conti y el historietista Héctor Oesterheld, entre otros. Hasta el día de hoy todos continúan desaparecidos.

Los directores del documental que recorre la vida de Gleyzer le agradecieron durante el evento “a Juanita [Sapire] y a Greta [Gleyzer] por la preservación de todo el material” de archivo que se utilizó en la película, y a “la solidaridad de los compañeros, como Nemesio, y a todo ese colectivo que quiso contar la historia”. Molina además agregó que su intención, en este nuevo aniversario, es volver a acercar el cine de Raymundo a las nuevas generaciones.

Irina Guisar, su sobrina, leyó sobre el cierre una carta en nombre de todos los familiares. “Querido Raymundo, en estos días difíciles resuena muy fuerte esa frase que una vez dijiste: ‘nosotros no hacemos films para morir sino para vivir, para vivir mejor. Si se nos va la vida en ello vendrán otros que continuarán’. Tu valiosa semilla germinó y hoy florece bella en tantos jóvenes estudiantes y realizadores”.