Por Marcel Chávez
Fotografía: Lara Greco, Lucia De Marco

Cientos de personas marcharon hoy para defender la salud pública que se encuentra ahogada por la falta de insumos, el cierre de programas y la sobrecarga de horas de trabajo. Pacientes, trabajadores, sindicatos y organizaciones sociales se reunieron para denunciar la crisis del sistema y reclamar una solución al Gobierno nacional.

Hospitales con más pacientes que antes, trabajadores agotados y con varios empleos, guardias donde faltan insumos básicos, jubilados que no reciben remedios. Crisis, vaciamiento, ajuste, sobrecarga, desgaste. Las palabras se repiten sobre Avenida de Mayo durante la “Marcha Federal en Defensa de la Salud Pública”, que movilizó a trabajadores de la salud, organizaciones sociales, políticas y sindicatos hacia Plaza de Mayo, este miércoles por la tarde. La protesta ocurrió en medio de denuncias por el deterioro del sistema sanitario, recortes en programas nacionales, caída del presupuesto en salud y una demanda creciente en hospitales públicos, que empiezan a recibir cada vez más pacientes con obra social o prepaga.

“Es un vaciamiento lo que está sucediendo allá”, dice Rosita Villegas, de 68 años, en referencia al Hospital Posadas, donde trabajó hasta jubilarse. Habla del cierre de servicios y de los despidos dentro de esta institución. Mientras marcha, cuenta también su situación: “Entregó el 95% de mi jubilación para pagar el alquiler”. Dice que sobrevive “con ahorritos que se van extinguiendo día a día”.

Eugenia Stein, de 42 años, es farmacéutica clínica y trabaja en el Hospital Evita de Lanús. Está en la movilización para reclamar por el acceso a los medicamentos y el impacto que, según advierte, empieza a verse en los centros de salud. “Hay muchísima carga de enfermedades crónicas y el acceso a la medicación se está resintiendo”. Cuenta que muchos tratamientos hoy se sostienen con fondos provinciales ante la falta de recursos nacionales, aunque “no sabemos cuánto tiempo más se va a poder sostener”. Señala especialmente los casos vinculados a salud mental, epilepsia y diabetes: “Hay pacientes a los que no se les está pudiendo cubrir sus necesidades de medicación. La salud mental es tremenda y muy angustiante. Hay una despreocupación y un grado de ocultamiento que sorprende”, advierte.

Más atrás viene Lautaro Aguirre. Es delegado sindical por ATE en la Secretaría de Cultura de la Nación y marcha junto a sus compañeros “porque hay que acompañar todas las luchas”. Habla de oficinas vacías, de un Estado más chico, de políticas públicas casi tan pobres como los salarios del sector. Dice que las acciones culturales sobreviven “con chaucha y palito, haciendo actividades cada vez más pequeñas y con presupuestos paupérrimos”. Mientras tanto, muchos trabajadores buscan otros ingresos para sostenerse. “Hay compañeros que hacen Uber o dan clases. Yo soy docente en secundaria”, cuenta. “La gente trabaja cada vez más horas. Vas a la oficina, mirás el techo y pensás en la plata que te falta. Termina siendo muy enloquecedor”, describe.

“Están vaciando todas las fuentes que tiene el pueblo para curarse y sobrevivir”, dice Augusto Montiel, de 72 años, que vino desde Monte Chingolo. Cuenta que está esperando un medicamento para poder hacerse una endoscopía: “No lo entregan porque el presidente cree que es el dueño de la caja y decide quién vive y quién muere”. Mientras habla, señala a un grupo de efectivos policiales apostados sobre el Cabildo y agrega: “Toda la plata que aporta el pueblo con sus impuestos es la que sostiene los hospitales, las escuelas e incluso los uniformes de estos señores que a veces nos pegan y después van al hospital público”.

El deterioro del Plan Remediar es una de las preocupaciones más repetidas durante la jornada. Un programa nacional creado para garantizar la entrega gratuita de medicamentos esenciales en centros de salud públicos de todo el país, especialmente para personas sin cobertura médica.

Karina Soledad Rodríguez es licenciada en enfermería y llegó a la Plaza “para defender el derecho a la salud y los espacios de formación pública”. Habla de hospitales atravesados por recortes y faltantes de insumos básicos. “Nos estamos quedando sin medicación para los pacientes”, señala y cuenta que muchos hospitales empezaron a organizar redes entre sí para abastecerse ante la falta de recursos enviados desde Nación. Menciona problemas para acceder a tratamientos de enfermedades crónicas como hipertensión y diabetes. “El sistema ya no está aguantando”, dice mientras advierte que el pluriempleo se volvió habitual, que muchos compañeros encadenan jornadas sin descanso: “Salen de trabajar de noche en un privado, duermen un rato y entran al turno tarde”.

Paula Díaz tiene 32 años y es acompañante terapéutica. Trabaja en tres instituciones y los fines de semana vende en una feria para completar ingresos: “No estamos llegando a fin de mes”. Dice que el sector atraviesa una situación cada vez más crítica, con pagos demorados, falta de presupuesto y condiciones laborales deterioradas. “Los acompañantes cobran a 90 días y tienen que agarrar muchos trabajos para sobrevivir. Desde octubre no recibimos aumentos”. En las instituciones donde trabaja empezaron a recibir donaciones de familias para garantizar la comida de los chicos. También menciona recortes en el transporte para personas con discapacidad: “A mi marido le redujeron los kilómetros que le pagan al transportista. Está trabajando, pero no sé hasta cuándo”. Habla de un clima marcado por “la angustia, la desesperación y la incertidumbre”.

En los últimos meses, trabajadores y directores de distintos hospitales comenzaron a alertar sobre una demanda creciente en el sistema público, impulsada por pacientes que dejaron de poder sostener una prepaga o una obra social.

Alejandro Saied y Carlos López son directores del Hospital Eva Perón de San Martín. Llegaron a la movilización para denunciar “el ataque” contra la salud pública y el impacto de los recortes nacionales sobre hospitales y centros de atención. “La salud es un derecho”, dice Sayed, mientras enumera el desmantelamiento de programas vinculados a medicamentos, vacunas, tratamientos oncológicos y cardiopatías congénitas. López describe hospitales cada vez más saturados: “Una cantidad enorme de personas perdió prepagas y obras sociales. El sistema público está sobredemandado en una situación de altísima tensión”. Menciona también el vaciamiento del Plan Remediar, que distribuía medicación para diabetes, hipertensión y colesterol en miles de centros de salud del país. “Hoy esa población no tiene remedios”. Los dos hablan de trabajadores exhaustos, guardias desbordadas y hospitales sosteniéndose con cada vez menos recursos. “El sistema de salud está en crisis total”, resume Sayed. “Si no se revierten estas políticas, no podemos trabajar más de dos o tres meses con el stock que hay”.