En el centro de Munro, epicentro textil de la zona norte del conurbano bonaerense, comerciantes y clientes cuentan sus experiencias en un contexto de caída del consumo y avance de productos importados. La transformación de un barrio que supo reunir largas filas frente a sus fábricas de indumentaria.
El barrio creció alrededor de la estación Munro, inaugurada en 1912, pero décadas más tarde se transformó en uno de los polos textiles y comerciales más importantes de la zona norte del conurbano bonaerense. A fines de los 70, en la manzana de los antiguos estudios Lumiton, se instaló la fábrica de Levi ‘s, que llegó a vender miles de jeans por día.
Durante los años 80, la avenida Mitre se volvió sinónimo de outlets y venta directa de fábrica: marcas como Levi ‘s, Lee y Wrangler convocaban largas filas y micros de compradores que llegaban desde distintos puntos del país. Un jean de primera selección, por ejemplo, salía 12,50 australes. Ese auge empezó a perder fuerza en los años 90, frente a la apertura de importaciones, el crecimiento de los shoppings y los cambios en las formas de consumo.
Hoy, sobre esa misma avenida, el local de Levi ‘s permanece cerrado y sin aviso de reapertura. El centro del paseo comercial de Munro se concentra en las cuadras aledañas a la esquina de Mitre y Vélez Sarsfield, donde las vidrieras repiten promociones, descuentos en efectivo y cuotas sin interés. A pocas cuadras de la estación, la escena mezcla comercios históricos con locales nuevos.
A metros de esa esquina, una pizarra anuncia: “Se necesitan clientes, no es necesario tener experiencia ni mucha plata”. La lencería Núa tiene trayectoria en el barrio. En verano abrió un nuevo local, tras una serie de mudanzas a lo largo de sus 25 años, siempre sobre Vélez Sarsfield. Azul es empleada desde esta reciente apertura. “Costó el reconocimiento de la marca, fueron meses duros”. Como respuesta, intensificaron las promociones: “Llegamos a vender al costo para mover la plata”.
En la atención al cliente aparecen reflejados fenómenos globales recientes, vinculados a plataformas como Shein: “Mucha gente viene buscando cosas que vio en Shein y sus publicidades”, cuenta. “Después dicen que les salió malo, pero igual lo siguen buscando”. Según explica, en el último tiempo crecieron en la zona los locales que venden productos importados: “Se llenó de negocios que venden más barato cosas de afuera”.
Frente a ese escenario, los comercios que trabajan con producción nacional enfrentan el desafío de competir con precios más bajos sin resignar la calidad. “Apostamos a lo nacional, pero a veces la gente desconfía si no conoce la marca”, sostiene Azul. En ese contexto, la fidelidad vuelve a ser clave: “Los clientes de siempre nos siguen”.
Azul señala la nueva distribuidora de productos para el hogar ubicada en la vereda de enfrente: “Acá venden cosas revendidas de Shein, yo comparo las marcas. Abrieron una semana antes que nosotros y se llenaron”.
HomePoint mantiene una pequeña fila que lo distingue del resto de los locales. Entre los consumidores aparece cierta simpatía por los precios accesibles. Mirtha y Mari, vecinas del barrio, salen tomadas del brazo con grandes bolsas de plástico. “Encontramos este negocio nuevo divino, tiene de todo”, dicen. “Son productos chinos importados, baratos y con cosas lindas. Hay que probar”. Sobre sus hábitos de consumo actuales, reconocen: “Somos jubiladas, así que cuesta comprar”.
Otros perfiles, como Sara, sostienen hábitos más austeros. “Consumo lo mínimo necesario, pero desde siempre”, cuenta. Tiene algunos negocios de confianza donde hace compras cotidianas.
Para los comerciantes, los efectos son contundentes. Gabriel Vernetti, que trabaja hace 25 años en un local de ropa masculina, compara: “Las ventas de abril están un 50% abajo respecto al año pasado, que ya era malo”. Según explica, el problema excede las estrategias comerciales: “Si al trabajador le ponés plata en el bolsillo, camina todo. Vendemos nosotros, vende el carnicero, vende el verdulero, venden todos”. Y agrega: “Hoy la gente está endeudada. A nadie le sobra. Unos pocos viven bien y el resto hace cuentas”.
Vernetti no percibe esa misma influencia de las plataformas. “A mi público le gusta venir a probarse, charlar. Eso todavía se mantiene”, dice. Pero aclara que el movimiento ya no es el mismo: “Los comercios se fueron renovando, pero siempre funcionaron. Hoy no funciona”.
Uno de los símbolos del auge de ventas de la zona fue la Galería de Fabricantes, reconocible por la réplica de la Estatua de la Libertad en su entrada y recordada en la serie El Eternauta. Durante años reunió marcas, talleres y fabricantes textiles que consolidaron la identidad comercial de Munro. Actualmente, con sus persianas bajas, atraviesa una nueva reconversión: comerciantes y vecinos aseguran que será ocupado por locales de productos de bazar de origen chino.
Carlos Aliberto, vecino histórico del barrio, todavía recuerda su infancia cuando la avenida Mitre y Ugarte eran de las pocas calles asfaltadas y muchas otras seguían siendo de barro. Desde entonces, vio cambiar varias veces el perfil de Munro. “Las pymes eran las que movían todo esto. Había muchísimo trabajo y un movimiento constante”, cuenta.
Él mismo atravesó esa transformación: durante años tuvo un taller mecánico sobre la avenida Mitre, pero terminó alquilando el local cuando el municipio comenzó a desalentar ese tipo de negocios sobre la avenida principal. “Antes esto estaba lleno de gente, en los 80 se hacían filas en la puerta de mi casa. Ahora hay más incertidumbre”, resume.
Así, el centro comercial se reorganiza al ritmo de las transformaciones económicas y las nuevas formas de consumo. Ahora se intenta construir un polo gastronómico con nuevas cervecerías y restaurantes que se suman a los locales históricos, como la pizzería Astral, mientras los comerciantes intentan enfrentar la caída del consumo y el avance de productos importados de bajo costo.