Grandes empresas como Globant, Ualá y Mercado Libre despiden personal y lo argumentan con el avance de la IA en el reemplazo del trabajo humano. Sin embargo, algunos hablan de la sobrecontratación en pandemia y de errores estratégicos.
Desde el año pasado, varias empresas tecnológicas multinacionales como Globant, Ualá y Mercado Libre vienen recortando puestos de trabajo justificándose en la incorporación de inteligencia artificial. En paralelo, esas mismas empresas pagan sueldos en dólares que nunca se habían visto en el sector.
La explicación oficial, en todos los casos, es la misma: la IA permite hacer lo mismo con menos gente. El argumento, sin embargo, deja afuera buena parte de lo que está pasando.
Daniel Yankelevich, doctor en informática e investigador de Fundar, sostiene que detrás de cada despido hay varias causas. Durante la pandemia, el sector sobrecontrató con sueldos altísimos, y ese ajuste iba a llegar con o sin IA. “A las empresas les resulta más cómodo atribuir los despidos a la IA que reconocer errores propios de contratación o de estrategia”, dice. Manuel Alonso, por su parte, secretario gremial de la Asociación Gremial de Computación de la Argentina (AGC). Suma, además, el factor financiero: “Hoy muchos inversionistas se están retirando de esas empresas tecnológicas tradicionales como Globant, Accenture y otras que proveen estos servicios”.
Sin embargo, hay un perfil por el que las empresas se pelean: seniors con experiencia comprobada en IA. Un informe de derecruiters.com sobre 150 procesos de selección en Argentina, Uruguay y Colombia muestra que un programador backend senior gana entre 3.100 y 6.000 dólares mensuales, un data engineer hasta 7.200 y un tech lead hasta 9.500. Los especializados en IA arrancan en 5.000 y superan los 8.000 con experiencia. Globant y Mercado Libre, las mismas empresas que ajustan sus equipos de trabajo, pagan pisos de 4.000 para perfiles senior. “Hay mucha gente que dice trabajar con IA, pero pocos que realmente pueden construir sistemas en producción”, dice al respecto Alan Gosiker, CEO de derecruiters.
Las empresas arman equipos cada vez más chicos y especializados: dejan de contratar juniors y se concentran en seniors apoyados en IA. Los que pagan el precio son los que quieren entrar al sector. Esteban Sargiotto dirige el Observatorio del Trabajo Informático y se pregunta: “¿Quiénes van a ser los nuevos trabajadores del futuro si vos hoy nada más contratas seniors?”. Yankelevich agrega: “Los puestos junior funcionaban históricamente como espacios de formación y configuraban una carrera. Ese canal se está cerrando”. Si nadie entra hoy, en cinco años no va a haber seniors a quien contratar.
Lo que se anuncia como reemplazo automático muchas veces es otra cosa. Milagros Miceli, socióloga e ingeniera informática, lo describe así: “Hay muchas tecnologías que las están vendiendo como que son de punta, y van y echan trabajadores. Después ocurre que, cuando esa IA no funciona como se esperaba, la tal optimización de ese proceso no ocurre. Y eso es porque se necesita del tiempo y de la intervención humana para que eso funcione como se necesita”. A esto lo llaman IA-washing. También señala el caso de Amazon y los cajeros del supermercado en teoría solo guiados por IA: “Se descubrió allí que no existía tal automatización, sino que lo que estaba oculto era la existencia de un gran call center con trabajadores en la India, donde obviamente les pagaban muy poco”.
A todo esto se suma que no hay regulación. A fines de abril, un tribunal de Hangzhou, en China, falló a favor de un empleado despedido tras ser reemplazado por un sistema de IA que él mismo había ayudado a entrenar. La sentencia dejó claro que usar IA no justifica un despido. En Argentina no existe nada parecido. “Llevamos varios años señalando la urgencia de estas regulaciones en Argentina, con avances todavía insuficientes”, dice Yankelevich.
La pregunta de fondo excede al sector: si vamos a usar la mayor productividad que habilita la IA para mejorar la vida de más personas o simplemente para que las corporaciones reduzcan costos. Lo cierto es que, hasta acá, las empresas se inclinan más por lo segundo. Los que tienen las habilidades que la IA premia ganan más que nunca. Los que quieren entrar, cada vez menos.