Por Violeta Bulacio Areco
Fotografía: Captura de pantalla de La Retaguardia

María de los Ángeles Navarro conservó durante cincuenta años las vainas de los proyectiles que usaron los represores y los aportó sorpresivamente al juicio. También declaro Patricia, la hija del periodista Rodolfo Walsh y hermana de Vicki, una de las víctimas. Cómo la historia se une con los restos aparecidos en La Perla.

María de los Ángeles Navarro, una vecina que vivía frente a la casa de la calle Corro y trabajaba en el almacén que funcionaba en la parte de abajo de la vivienda, reconstruyó durante su declaración los hechos que vivió aquel 29 de septiembre alrededor de las 8.00 de la mañana.

Se encontraba barriendo la vereda cuando comenzaron a llegar camiones con militares que se detuvieron justo frente a su casa y decidió entrar corriendo para resguardar a sus dos hijos. “Parecía una guerra, yo no entendía nada. Entraron a mi casa sin pedir permiso, me rompieron las ventanas de la esquina y empezaron a tirar. Después subieron a la terraza, iban y venían sin parar”, recordó.

Al día siguiente del operativo, cuando comenzó a limpiar la escalera, Navarro se encontró con vainas servidas. “Estuvieron guardadas 50 años en una mesa de luz y nunca las había mostrado, porque uno no quiere volver a donde sufrió, pero me tomé el atrevimiento de traerlas hoy”, remató y dejó a todos los presentes asombrados.

Luego de ser exhibidas a todas las partes y de los pedidos formales, las nueve vainas fueron incorporadas a la causa como material probatorio y se dispuso su peritaje para determinar las características.

En diálogo con ANCCOM, Navarro sostuvo sobre este momento: “No sé por qué las guardé, sería para esto, para que sirvan hoy, para que me creyeran que lo que conté fue verdad”. También añadió, sobre el plan sistemático que significó el terrorismo de Estado en todo el país, que “principalmente mi nuera me conectó con todo esto, ella fue la que me motivó a involucrarme, es hija de desaparecidos y justamente el viernes recuperó los restos de sus papás en La Perla”.

“Mi hermana fue asesinada”, sostuvo Patricia Walsh en una nueva jornada del juicio de lesa humanidad que investiga el operativo ilegal en el que María Victoria ‘Vicki’ Walsh, al verse acorralada, terminó quitándose la vida. “Era una madre feliz que amaba a su hija ‘Tolita’ –de un año y tres meses–. No era una persona que tuviera tendencia suicida o que estuviera deprimida. Lo que sí sabía era que corría el riesgo de ser sometida a torturas delante de su hija o que podían torturar a su hija delante de ella. Fue puesta en una situación bajo una coacción tan tremenda como lo fue la Masacre de la Calle Corro”, afirmó ante el TOF 7.

La quinta jornada del juicio, que tuvo lugar en la Sala AMIA de Comodoro Py, se destacó por el exhaustivo testimonio de más de dos horas de la hija de Rodolfo Walsh. Durante la dictadura “vivíamos absolutamente aterrorizados todo el tiempo, pensando que uno podía perder la vida o a sus seres queridos en cualquier momento, fueran o no militantes”, aseguró y agregó que tanto ella como su familia tuvieron miedo de ser las siguientes víctimas cuando se enteraron por los medios de lo que había ocurrido en la casa de Corro al 105.

La militante por los derechos humanos investigó a lo largo de su vida lo sucedido en la Masacre de la Calle Corro, que tuvo lugar la mañana del 29 de septiembre de 1976 en el barrio de Villa Luro. Afirmó que se trató de un operativo conjunto que dejó aterrorizado a todo el barrio. “El ataque incluyó un helicóptero, dos tanquetas, 205 efectivos, el GADA (Grupo de Artillería de Defensa Aérea) de Ciudadela, Policía Federal, personal de civil, servicios de inteligencia. Eran 205 contra cinco militantes que se habían juntado para tener una reunión política, y para festejarle el cumpleaños a mi hermana”, dijo con la voz quebrada frente al público entre los que se encontraban integrantes de SiPreBA, estudiantes y familiares de las víctimas.

Elina Tejerina, su madre, consiguió enterrar a ‘Vicki’ unos días más tarde a causa de una nota militar que la autorizó a “retirar el cuerpo de la morgue sin realización de autopsia”, remarcó Walsh como una de las muestra de las ilegalidades del procedimiento. Además relató que su mamá, al intentar llevarse un recuerdo de su hija, como la alianza de matrimonio o una cadenita de oro que le había regalado, descubrió que habían sido robadas.

En la sala de audiencias también se encontraban presentes sus abogados querellantes, los abogados de la fiscalía, y los defensores en representación de Carlos Alberto Orihuela, Ricardo Grisolía, Gustavo Antonio Montell, Héctor Eduardo Godoy, Guillermo César Viola y Danilo Antonio González Ramos, que cuentan con prisión domiciliaria y tienen permiso del tribunal para ausentarse en la mayoría de las audiencias.

“Además de genocidas, asesinos y ladrones, son cobardes, presumo que porque pueden ser identificados”, dijo con vehemencia Walsh, y añadió dirigiéndose al tribunal: “Señores jueces, que los imputados muestren sus caras, al menos a través de las pantallas, porque esto es lo que hace público a un juicio, si no estas personas siguen disfrutando de beneficios que hacen a la construcción de impunidad”.

Entre certezas y olvidos

Las declaraciones de los últimos cuatro testigos fueron las de Vicente Biasoli, Carlos Manuel Antoni, Jorge Omar Schilliace y Enrique Pascual Martino. Todos ellos fueron conscriptos que realizaron el servicio militar obligatorio entre 1976 y 1977 en el GADA 101 en las Baterías de Tiro y en la de Comando y Servicios.

Sus testimonios estuvieron marcados, por un lado, por algunos datos que afirmaron con mucha certeza, y por el otro, por aportes más vagos y difusos porque ya pasaron 50 años, y en el transcurso fueron olvidando varios detalles como nombres o grados militares.

Todos coincidieron en que el operativo se trató de un gran despliegue sin precedentes, que contó con efectivos de varias fuerzas, al menos 150 soldados, y que a ellos les habían ordenado prepararse para el combate con sus FAP y FAL (Fusil Automático Pesado y Liviano respectivamente). Antoni también remarcó la presencia de una tanqueta blindada y con ametralladora y un helicóptero.

Grisolía, Orihuela y Viola fueron los apellidos que más se repitieron en los testimonios como parte de los jefes a los que pudieron identificar en el operativo. Eran algunos de los que recibían las órdenes y mandaban su ejecución a las baterías, aunque también se les había indicado seguir todas las órdenes indistintamente.

Al finalizar los testimonios se dio paso a un cuarto intermedio hasta el miércoles 27 de mayo a las 9.30. Tanto la modalidad como los testigos convocados para la próxima jornada del juicio serán confirmados por la secretaría del tribunal.