Por Camila Lamalfa
Fotografía: BNMF, SINAGIR y Gobierno de Chubut.

Después de cinco meses de iniciados, se declararon extinguidos los incendios patagónicos. La afectación de la biodiversidad, el impacto emocional de la sociedad y la organización comunitaria solidaria como saldo.

Foto: Brigada del Servicio Nacional del Manejo del Fuego (SNMF)

Se declararon oficialmente extinguidos los incendios de Chubut iniciados este verano. Se estima que se perdieron 77 mil hectáreas de bosques andino-patagónicos, según afirmó a este medio Mariano Amoroso, ingeniero agrónomo e investigador independiente del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas de Argentina (CONICET).

El primer foco ígneo, llamado “Puerto Café” se registró durante diciembre en el Parque Nacional Los Alerces. Mientras que en enero de este año se había desatado otro en Puerto Patriada llamado “Primera-Cantera”. ¿Cuál es el balance, pasados casi cinco meses de esos siniestros?

Los incendios de “nueva generación” reciben su nombre por la severidad con la que el fuego quema, lo cual es producto del cambio climático. Según un informe del World Weather Attribution en conjunto con el CONICET, durante este verano en la Patagonia hubo temperaturas superiores a los 38 °C y vientos de hasta 50 km/h que estimularon la propagación del fuego. Además, entre noviembre y enero, la intensidad de las precipitaciones en la región fue de un 20%, lo cual está por debajo de lo normal y propicia un ambiente de sequía. “Se están quemando bosques jóvenes, que se quemaron hace 15 o 25 años. Algo que en el ciclo previo a estos nuevos incendios, no ocurría. Y la biodiversidad de los bosques maduros que se quemaron va a llevar 200 años en regenerarse”, expresa Amoroso.

Parque Nacional Los Alerces en febrero de 2026. Foto: Secretaría Ejecutiva del Sistema Nacional de Gestión Integral de Riesgo.

La biodiversidad afectada

El investigador alertó sobre la quema de bosques nativos de especies como el ciprés, el colihue, el radal, el maitén, ñires, y lenga. También se vieron comprometidos los bosques de alerces dentro del parque nacional que lleva su nombre. Ante este escenario de vulnerabilidad de especies autóctonas, se abre la ventana de supervivencia para las variedades exóticas como el pino o aquellas que no se regeneran por semilla, sino que son herbáceas, es decir no productoras de leña o madera, y que tienen alta capacidad de rebrote. “No quedan muchos individuos que puedan proveer semilla. Puede verse comprometida su regeneración futura si no hay legados vivos en las zonas afectadas del incendio de Chubut”, dice Amoroso.

Tanto las especies herbáceas como los pinos son fuente de combustible vegetal, lo cual alimenta las chances de expansión del fuego. Por lo tanto, hay un cambio en el paisaje que se vuelve más propenso a llamaradas, y afecta al patrimonio nacional, como a lo socio-económico dada la pérdida de bienes materiales como la leña o la madera de las que las comunidades locales hacen uso. En consonancia, Hernán Ñanco, perteneciente a la Brigada del Servicio Nacional del Manejo del Fuego (SNMF) exclama: “El bosque andino-patagónico eventualmente morirá, porque no puede adaptarse a este régimen de fuego, que seguirá empeorando”.

Otras secuelas son los cambios en el comportamiento de la biodiversidad animal: “Muchas especies se están viendo forzadas a moverse a los centros urbanos. Uno empieza a encontrar zorros cerca de las rutas, aves en otros lugares. Localmente, hubo una mayor presencia de roedores en escuelas, en zonas urbanas y rurales. Tienen que salir a buscar amparo, lo cual se va a ver más fuerte en invierno”, dice Amoroso y agrega: “Los incendios de ‘nueva generación’ lo que hacen es liberar una cantidad enorme de carbono en el ambiente, lo que de alguna manera contribuye al problema del cambio climático.”

Foto: Brigada del Servicio Nacional del Manejo del Fuego (SNMF)

Desinterés intencional

 El recorte de presupuesto para las provincias, el enjuiciamiento que hizo el gobernador de Chubut,  Ignacio Torres, a brigadistas voluntarios o a integrantes de las comunidades tehuelche-mapuche acusándolos de los incendios, y las omisiones de los gobiernos provincial y nacional a brindar ayuda son acciones que parte de la sociedad ve que guardan relación con los intereses mobiliarios, de extractivismo y megaminería. “Post incendio, cada jurisdicción y el Estado Nacional deberían dar un soporte para arreglar, para limpiar, para volver a poner todo en stock y funcionamiento. Eso a nivel Nación no está funcionando” dice Ñanco.

Por su parte, Andrea Baylet se expresó sobre la espalda que dio a la situación el mismo gobernador de Chubut: “Sabemos que Torres hasta cortó la ruta mientras todo se prendía fuego. Nos impedía el paso para poder apagarlo. Sí se trabajó con bomberos y brigadas oficiales, que son las instituciones que están para eso, pero que también andan en un estado deplorable con una subejecución de los presupuestos casi en un 80%”.

Claudia Elisabet Sastre, que vive en el lote 66 del Paraje Arroyo Minas y es comunicadora en la Radio Asamblea Epuyén, dice: “En nuestro caso se acercó personal de salud y un equipo de Gobierno de la Provincia. Les comentamos los daños pero no nos dieron número de expediente. Nosotros, en shock, tampoco lo pedimos. De la municipalidad de Epuyén no se acercó nadie. Lo que le interesa al gobierno es mostrar casas reconstruidas y solo considera damnificados a quienes perdieron su vivienda. Lo cierto es que se quemó mucho más que el bosque. La herida generada en la sociedad a través de enfrentamientos por intereses y dinero es muy profunda. Y la ruralidad, silenciosa y sufrida, parece condenada a desaparecer”.

 

El gobernador Ignacio Torres en Puerto Patriada en enero de 2026. Foto: Prensa Chubut.

Ayuda autogestiva

Las últimas catástrofes ígneas sucedieron en focos interface. Es decir, en espacios forestales conectados a zonas urbano-rurales. Por lo que no solamente se vieron afectadas la flora y la fauna. Amoroso señala que es un fenómeno de los últimos seis años el involucramiento de la sociedad civil en el combate y asistencia de estas catástrofes de la Patagonia andina.

La solidaridad colectiva aparece ante el descomunal avance del fuego y la poca respuesta del Gobierno provincial y nacional. Al respecto, ANCCOM dialogó con diferentes personas damnificadas como al servicio de ellas que pusieron y siguen poniendo el cuerpo.

Reconstruyendo Epuyén, por caso, es una comunidad organizada que se formó a partir de los incendios del verano de 2025, inicialmente como una asamblea de vecinos donde contener, encontrarse y unificar los reclamos. Esta localidad del norte de Chubut es una de las más afectadas y desamparadas.

A partir de las distintas necesidades que surgieron, Reconstruyendo se encargó de armar mil viandas por día para combatientes del fuego, voluntarios, así como para las personas que sufrieron daños materiales. También recolectó donaciones de ropa para brigadistas que no tenían el equipamiento adecuado, y combustible para los vehículos. Además, armaron una red circular de herramientas para quien las necesite. Otra gran labor son las “mingas” de reconstrucción de hogares, que durante el invierno cesan por las lluvias y el frío. Desde la comunidad señalaron que su trabajo hoy sigue siendo el de reconstruir las casas perdidas en el incendio del verano de 2025.

ANCCOM habló con una de las personas encargadas de la logística y damnificada que perdió su taller de encuadernación. Sus conocidos la llaman Tor: “En el incendio del año pasado, se quemaron más de 70 hogares, hubo pérdida de galpones, alambrados, animales. Sumado a que después de un año tuvimos este otro donde se quemaron alrededor de 40 hogares. Se calculan más de 300 familias afectadas solo en Epuyén”. En lo que va del año ya ayudaron a 50 de ellas a levantar sus viviendas. También se está proveyendo de alimentos a 15 familias, dado que la crisis también es económica: “Al haber perdido dos temporadas turísticas, donde no se pudo trabajar, se siente muchísimo la necesidad de la gente de poder comer”, afirma.

En tanto, el Centro Cultural Galeano, en El Bolsón, cuenta con una cocina comunitaria que hace casi 30 años que se pone en funcionmamiento ante toda catástrofe que se desate en las localidades vecinas. El año pasado conformaron la llamada Brigada Morfi,  que brinda alimentos a las brigadas, a las “mingas” de reconstrucción o a familias que lo precisen.

La referente del espacio,  Mercedes Casal, cuenta que hubo y hay un fuerte trabajo transversal con otras organizaciones como Reconstruyendo Epuyén o el Centro Integrador Comunitario (CIC), este último encargado en logística de ropa y herramientas. Respecto a la labor de Brigada Morfi, dice: “Este año, al tener el incendio más lejos, lo que hicimos fue constituirnos en apoyo. Ahora cosechamos fruta, hacemos conservas de dulce, escabeche, panes, tortas, tartas. Y donde sabemos que hay una minga, una familia que necesita, mandamos. Ya no es una tarea diaria, lo hacemos cuando podemos.”

El fuego también arremetió contra zonas más rurales y postergadas de ayuda. Sastre, la  comunicadora en la Radio Asamblea Epuyén que vive en el Paraje Minas, tras los incendios de este año perdió su chacra, mangueras y alambrados. Sobre la situación actual en zona expresa: “Estamos en total abandono. No tenemos ni siquiera agua potable para tomar”.

Impacto psicológico

Las secuelas también son emocionales, y la contención a veces es poca o sale de los brazos de las mismas personas que se organizan comunitariamente. Tor comenta: “En Epuyén tenemos la necesidad de recibir ayuda terapéutica además de material. Hay un ambiente de tristeza, enojo, frustración, decepción y depresión. Al gobernador de Chubut ya hemos tratado de pedirle una mano y no hubo respuesta. Capaz que desde la comunidad podamos encontrar algún acompañamiento, también teniendo en cuenta que, por ejemplo, en Cholila, en dos meses se suicidaron tres jóvenes. Esto es una alarma.”

Sastre agrega: “En lo emocional sufrimos tres evacuaciones preventivas y todo el estrés y el pánico que genera. Sumale la tensión y la responsabilidad de ser la única radio que estaba al aire transmitiendo la emergencia. Acá no tuvimos ni tenemos contención emocional. Hay más que nada terapias alternativas. Creo que había algunos psicólogos pagos en el hospital, pero te dan turno a meses. Yo tuve ataques de pánico, tengo una insuficiencia cardíaca y me las arreglo como puedo. Aún no pude volver al aire.”

Casal, por su parte, recuerda: “Somos un espacio de contención de nosotres mismes primero. Yo no me podía quedar en mi casa mirando por la ventana y tampoco podía apagar el fuego. Y la cocina tiene eso de que es un lugar de encuentro, de amor. Había una mujer de unos 73 años que perdió su casa. Entonces vino al Galeano diciendo: ‘Quiero colaborar’. Nosotres le dimos como tarea, rotular con los gustos las bolsas de papel con empanadas que mandábamos. Y ella aprovechaba y dejaba mensajes a la gente como ‘Que llueva’, y Hecho con amor’”.

Para quienes combatieron el fuego también hubo consecuencias psicológicas. Andrea Soledad Baylet, que forma parte de la Brigada voluntaria Cumeche, este año asistió los incendios en Loma del Medio, El Hoyo, Rincón de Lobos, El Pedregoso, El Coihue y Epuyén. “Me volví al día 33 de fuego porque te quema la cabeza. Estuve dos meses bajo la cama con mucha angustia. Todo lo que no sentí durante el fuego, de repente cae”, recuerda.

Por su parte, Ñanco de la Brigada Nacional,  esta temporada estuvo trabajando en los incendios de El Turbio, Puerto Patriada, Puerto Café y Cholila. Y cuenta: “Muchos brigadistas tienen problemas depresivos, con sustancias, congestión de emociones, pero no lo tratan a no ser que lo hagan de manera personal, no en grupo, y no parece haber una apertura por parte de los servicios de incendios a que esto suceda. Sí a veces hablamos un poco de nuestros traumas, pero en forma de chiste y no con una reflexión marcada”.

Prevención

Actualmente en Chubut y en e El Bolsón se están realizando tareas en zonas turísticas como la reducción de vegetación, a través de quemas prescriptas para que en los futuros incendios el fuego tenga menos vegetación para quemar. Además se hacen plantaciones de bosque. Ñanco comenta sobre la preparación de combatientes: “El Servicio Nacional capacita a todas las provincias y bomberos que lo soliciten. El año pasado se agregó un curso de maniobras seguras en zonas de interfaz urbano-rural. Pero hay un límite en nuestro trabajo. Si no se gestiona el territorio no va a servir de nada, porque vas a estar en una situación de fuera de capacidad de extinción, que es lo que está ocurriendo.”

En 2026 se aprobó un recorte presupuestario del 70% respecto del año pasado para el SNMF, y su ejecución tiene un enfoque reactivo durante los incendios y no preventivo. Amoroso explica: “Entender el día después significa abordar el día previo al próximo incendio. Es más económico y eficiente trabajar en la prevención. No tenemos capacidad operativa para plantar 77 mil hectáreas. Primero, los estados provinciales y municipales tienen la obligación de hacer una evaluación de los tipos forestales quemados para entender qué lugares van a tener posibilidad de regenerarse solos, y en qué lugares tengamos que nosotros salir a reforestar con nativas; estudiar también qué medios de vida se vieron afectados, evaluar riesgos de desprendimiento. Y a partir de ahí definir prioridades. No se puede responder en un año a todas las problemáticas.”

Baylet, de la Brigada Cumeche, explica que se están gestionando campañas de concientización y cómo están formalizando su preparación ante las próximas temporadas,  donde la sociedad civil se visualiza combatiendo nuevamente la emergencia ígnea: “Se va dando como comunidad una nueva construcción de nuestro vínculo con el fuego. En la contingencia ya están juntando semillas y haciendo plantines de nativas; hay gente que está haciendo servicios de raleos, les compas de las brigadas nos venimos capacitando y también homologando criterio y haciendo mapeos; hay cursos de primeros auxilios; hay una red de apañe psicológico para damnificades y para brigadistas; las brigadas en sus barrios están haciendo reservorios, capacitaciones a los vecinos de cómo hacer prevención.”

Por su parte, Casal expresa la urgencia de sostener lo colectivo: “Esto que pasa acá es una puntita de lanza de muchas cosas graves, como la ley de glaciares. Pretender que alguien se haga cargo de esto es como de alguna manera soltarlo y me parece que no hay tiempo para hacerlo. Tenemos que empezar a confiar más en el poder popular.”