A pesar de que el Gobierno local dictó la conciliación obligatorio en el conflicto salarial, los maestros autoconvocados decieron faltar a clase. Fue la mecha que encendió movilizaciones de distintos sectores en toda la provincia.
Los docentes destacan que el conflicto también produjo nuevas formas de organización y vínculos entre trabajadores de distintos sectores. Foto: Anibal Aguaisol
Las calles de Rawson, Trelew y Puerto Madryn volvieron a llenarse esta semana de asambleas y protestas que se extendieron también a otras localidades de Chubut. Lo que comenzó a fines de abril como un reclamo docente contra el aumento salarial del 1,2% otorgado por decreto por el gobierno de Ignacio Torres derivó, en menos de dos semanas, en una protesta multisectorial que reunió a trabajadores estatales, personal de salud, estudiantes y familias en distintos puntos de la provincia, con escasa presencia en los medios nacionales.
Mientras las negociaciones paritarias continúan sin acuerdo y crece el malestar por los salarios más bajos del país, miles de personas empezaron a organizarse por fuera de las estructuras sindicales tradicionales y sostienen movilizaciones, cacerolazos y vigilias que ya remiten, en la memoria chubutense, al clima de conflictividad que atravesó la provincia durante el “Chubutazo” de 2021. Marcado por esa memoria, el malestar de los maestros empezó a funcionar como catalizador de un descontento mucho más amplio.
El conflicto docente no comenzó con las movilizaciones multitudinarias de las últimas semanas. Tampoco con la represión frente al edificio de Vialidad en Rawson ni con los cacerolazos que desde hace días atraviesan ciudades grandes y pueblos de la meseta. La crisis venía acumulándose desde hace años en los salarios, en las escuelas y en el desgaste cotidiano de quienes sostienen la educación pública provincial con salarios que hoy figuran entre los más bajos del país.
Cacerolazo en Trelew el pasado 2 de mayo. Foto: Anibal Aguaisol.
El detonante
En marzo, la mayoría de los gremios docentes aceptaron una propuesta del gobierno del 3%. Esto se hizo bajo el compromiso de mantener una paritaria permanente para recomponer gradualmente el salario. “En Chubut tenemos el salario más atrasado del país, junto con Catamarca”, explicó a ANCCOM Luciana Silva, docente de Nivel Secundario y miembro de la Comisión de Prensa de Autoconvocados.
Los docentes coinciden en que el deterioro salarial arrastra, al menos, cuatro o cinco años de atraso acumulado. Según relataron los propios trabajadores, el salario básico ronda actualmente los 300 mil pesos y el sueldo de bolsillo de un ingresante apenas supera los 700 mil, en una provincia con uno de los costos de vida más altos del país. “Estamos hablando de docentes que usan la tarjeta de crédito para comer; un aumento sobre esa base era completamente irrisorio”, resumió Silva.
La situación se volvió todavía más crítica cuando en abril el Ejecutivo provincial decidió avanzar con un incremento del 1,2% por decreto, luego de ausentarse de una reunión paritaria prevista con los sindicatos docentes.
La medida fue interpretada como una provocación, y el punto de quiebre llegó inmediatamente después. El gobierno dictó la conciliación obligatoria y los sindicatos docentes –ATECh, SiTraEd, SADOP, AMET y UDA– debieron acatarla. Para un sector importante de la docencia, la decisión significó la confirmación de un malestar que venía creciendo hace tiempo: la sensación de que las conducciones gremiales no estaban expresando el nivel de conflicto que existía en las escuelas.
“Ante la falta de representación y combatividad sindical, en la regional de Trelew-Rawson comenzó una fuerte movilización de docentes autoconvocados organizados por WhatsApp”, comentó Silva.
Al dictarse la conciliación obligatoria, los gremios suspendieron un paro que ya estaba convocado. Ante eso, muchos docentes adhirieron a un “faltazo” ese mismo día y salieron a las calles a manifestarse. Desde entonces, la protesta autoconvocada creció, sumando apoyo de otros sectores en lucha, como salud y estatales.
Movilización previa al «faltazo» masivo sin cobertura sindical. Foto Anibal Aguaisol
Ausencia masiva
Lo que en un principio funcionó como espacio de intercambio derivó rápidamente en una estructura de coordinación informal para organizar acciones, discutir mandatos y convocar movilizaciones. Allí empezó a tomar forma una medida inédita para la provincia: un “faltazo” masivo sin cobertura sindical.
La decisión implicaba riesgos concretos. Sin respaldo gremial, quienes no asistieran a trabajar podrían sufrir descuentos salariales o sanciones administrativas. Aún así, miles de docentes resolvieron no entrar en las aulas y salir a las calles. La convocatoria se expandió de manera vertiginosa. En Rawson y Trelew se produjeron las movilizaciones más numerosas, aunque hubo protestas en casi toda la provincia.
“En todas nuestras acciones –movilizaciones, ollas populares, volanteadas– el sindicato nunca se acercó a nosotros”, comentó Silva. “Incluso en días de manifestación, hemos encontrado el edificio sindical cerrado cuando necesitábamos algo tan básico como usar un baño o agua para el mate. Recién ahora, con la gente en la calle y enojada, intentan ´consultar a las bases´ una propuesta que es a todas luces insuficiente”, agregó.
La semana pasada, mientras continuaban las movilizaciones y los paros impulsados por la docencia autoconvocada, el gobierno provincial realizó una nueva oferta salarial: un aumento del 6% dividido en tres meses. La propuesta fue rechazada de inmediato por buena parte de los trabajadores y terminó profundizando todavía más el conflicto. Ese mismo miércoles, durante una reunión vinculada a la conciliación obligatoria, efectivos policiales reprimieron a docentes que se encontraban manifestándose frente al edificio de Vialidad Provincial, en Rawson.
“La disconformidad generó un clima de mucha tensión, y las fuerzas de seguridad terminaron reprimiendo”, relató Fernando Corrieri, docente secundario y terciario e integrante de la Comisión de Prensa de Autoconvocados. “Eso provocó mayor frustración, pero a la vez elevó el nivel de convicción en la lucha. Esa misma noche empezamos a hacer marchas de antorchas en todas las ciudades”.
Marcha de antorchas en Trelew el 29 de abril.
El pasado miércoles 6 de mayo, se retomó la negociación paritaria entre el gobierno y los gremios docentes. La nueva oferta oficial consistió en un aumento del 7,4% para el primer mes y sumas equivalentes al IPC (Índice de Precios al Consumidor) más un 1% adicional para los dos meses siguientes. Sin embargo, durante la reunión, los sindicatos solicitaron un cuarto intermedio para consultar la propuesta con las bases a través de mandatos escolares.
La decisión generó un nuevo foco de malestar entre los autoconvocados, que interpretaron la instancia como una maniobra dilatoria frente a una oferta que consideraban insuficiente incluso antes de ser debatida. “Hoy se bajó la propuesta a mandato por escuelas, lo que a mi entender, y el de muchos compañeros, es solo un mecanismo de dilación para no tomar la decisión de rechazarla de plano”, sostuvo Corrieri.
Según explicó el docente, el porcentaje anunciado por el gobierno tiene un impacto mínimo sobre los salarios actuales. “Sobre un básico de 304 mil pesos estamos hablando de un aumento de alrededor de 30 mil pesos”, señaló. Muy lejos, remarcan los autoconvocados, del reclamo que vienen sosteniendo desde hace semanas: un salario mínimo en blanco de un millón y medio de pesos para el cargo ingresante.
La reacción volvió a trasladarse a las calles. “Ayer fuimos un grupo de trabajadores a exigirle al sindicato que rechazara directamente la propuesta”, cuenta Corrieri. Horas más tarde se convocó una nueva jornada de movilización para expresar el rechazo al ofrecimiento salarial.
“El embrión de una rebelión popular”
En medio del desgaste y la incertidumbre, los docentes destacan que el conflicto también produjo nuevas formas de organización y vínculos entre trabajadores de distintos sectores. “Lo único positivo es que logramos abrir la paritaria gracias a que la peleamos y nos juntamos”,, contó Corrieri. Y agregó: “Se está construyendo una fraternidad entre compañeros que estamos atravesando situaciones límite: hambre, deudas, alquileres impagables y problemas de salud”.
Para Iván Marín, docente secundario en Trelew y uno de los referentes que viene siguiendo de cerca el proceso de autoconvocatoria, el conflicto ya excede largamente una discusión salarial aislada. Definió el escenario actual como “el embrión de una rebelión popular”, una caracterización que, asegura, se sostiene en varios elementos concretos que hoy atraviesan a la provincia.
“Primero, la masividad de la lucha. Segundo, que las conducciones sindicales se están viendo desbordadas. Tercero, la enorme simpatía que están generando estas acciones, no solo en la calle sino también en las redes sociales: es muy difícil encontrar a alguien que esté en contra del reclamo docente”, explicó. A eso se suma otro dato que considera central: la extensión territorial que tomó el conflicto. “Se está desarrollando a lo largo y ancho de toda la provincia, incluso en los pueblos más remotos”, sostuvo.
Ruidazo en Trelew el 25 de abril. Foto: Anibal Aguaisol
Las movilizaciones de las últimas semanas parecen respaldar esa lectura. A las marchas en Rawson, Trelew o Puerto Madryn se sumaron protestas en localidades pequeñas y aisladas de la meseta chubutense, donde las distancias y las dificultades de traslado suelen limitar la participación en este tipo de conflictos. También comenzaron a confluir trabajadores de otros sectores estatales, como salud, administración pública y vialidad, atravesados por reclamos salariales similares. “El Gobierno entiende la dimensión social del conflicto, pero me parece que no tiene intenciones de resolverlo”, afirmó Marín. “O, en todo caso, tiene pensado resolverlo de una manera reaccionaria, aplicando más medidas de ajuste. Están en una situación muy complicada y se ven claramente acorralados por la movilización”.
Detrás de las marchas, los cacerolazos y las asambleas, el conflicto docente en Chubut también expone una situación económica límite. Hoy, el salario de un maestro provincial no alcanza —como coincidieron los entrevistados— ni siquiera para llegar a la primera quincena del mes. Iván Marín trabaja en seis escuelas secundarias de Trelew. Fernando Corrieri contó que tiene que pedir dinero prestado para pagar el alquiler. Ambos describen una cotidianidad atravesada por las deudas, los créditos y la imposibilidad de sostener gastos básicos.
“Mi economía doméstica es un desastre; estoy muy endeudado, me cuesta muchísimo pagar el alquiler”, resumió Corrieri. Marín, por su parte, señaló que gran parte de los docentes cobran y quedan inmediatamente absorbidos por las tarjetas de crédito y los préstamos bancarios. El escenario no aparece desligado de un dato más amplio: Chubut se encuentra entre las provincias con mayores niveles de deuda con tarjetas de crédito por habitante del país.
Foto: Anibal Aguaisol
Crisis de representación
Pero el conflicto no solo abrió una discusión salarial. También dejó expuesta una fuerte crisis de representación sindical. Buena parte de la organización de las protestas surgió por fuera de las estructuras gremiales tradicionales, mediante grupos de WhatsApp, asambleas y coordinaciones autoconvocadas que crecieron al calor del descontento con las dirigencias.
“Los sindicatos no están respaldando las necesidades de las bases docentes”, sostuvo Marín. Para el docente, el apoyo social que recibieron las movilizaciones explica también por qué el reclamo logró trascender al sector educativo: “La mayor parte de los trabajadores estatales están pasando por una situación similar y ven en los docentes autoconvocados una referencia para su propia lucha”.
Corrieri coincidió en que la autoconvocatoria nació como respuesta a una crisis de representatividad: “Los problemas colectivos requieren soluciones colectivas”, planteó. “O cambiás el sindicato desde adentro, o creás algo nuevo por fuera”. Mientras tanto, asegura, la urgencia sigue siendo otra: “Que los compañeros puedan comer”.
En Chubut, el conflicto docente parece haber abierto algo más profundo que una discusión paritaria. En las calles conviven el reclamo salarial, el desgaste económico y una creciente desconfianza hacia las formas tradicionales de representación. Lo que todavía no está claro es hasta dónde puede escalar un conflicto que, después de semanas de movilización, sigue lejos de resolverse.
Foto: Anibal Aguaisol