La escritora chilena Nona Fernández Silanes presentó su libro «Marciano», una novela de no ficción construida a partir de la historia del militante comunista Mauricio Hernández Norambuena , preso desde la dictadura trasandina.
La reconocida autora chilena, Nona Fernández Silanes, presentó su último libro Marciano en la 50° edición de la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires. En la sala Pizarnik del Pabellón Amarillo, tuvo lugar el encuentro del que también participaron Cynthia Rimsky, escritora y académica chilena, y María Sonia Cristoff, escritora y traductora argentina.
Además de guionista y actriz, Nona se destaca por su faceta de escritora. Ganó múltiples galardones, entre ellos el Premio Altazor (en cuatro ocasiones), dos Premio Municipal de Literatura de Santiago, fue finalista del National Book Award en 2021, y actualmente está nominada al Premio Aena de Narrativa Hispanoamericana por Marciano.
Marciano es un libro de no ficción que narra la historia de un comandante del Frente Renovador Manuel Rodríguez, un brazo armado del Partido Comunista Chileno, que funcionó durante la dictadura de Augusto Pinochet y los primeros años de “democracia pactada”. Mauricio Hernández Norambuena está preso hace 35 años, cumpliendo la condena por la supuesta autoría intelectual del asesinato al senador e ideólogo de la dictadura Jaime Guzmán, y por los secuestros de Washington Olivetto (publicista) y Cristian Edwards, hijo del dueño del diario El Mercurio.
Este libro se diferencia por su estilo original, tanto en estructura como en narración; ya que inicialmente iba a ser una serie. Nona llevaba un año visitando al preso, y haciéndole entrevistas a él y a su entorno, cuando le informaron que no se llevaría a cabo el proyecto previsto. Frente al cambio de planes, la autora decidió convertir todo el trabajo realizado y el que continuó por tres años más, en una novela. Otra particularidad, es que al encontrarse con el protagonista en una cárcel de máxima seguridad, no podía llevar grabadora; por lo tanto, después de los encuentros semanales que duraban cuatro horas, Nona viajaba dos horas de vuelta a su casa escribiendo todo lo que se acordaba de la forma más detallada posible.
Comprometida a ser fiel al relato de Mauricio, le permitió hacer sugerencias luego de mostrarle capítulos casi terminados, ya que no quería “traicionarlo”: “Yo no quería transgredir ni cambiar su punto de vista, pero tampoco quería que desapareciera el mío. Por eso plasmé esas conversaciones e intercambios, en los que a veces estábamos en veredas opuestas, y también lo puse”.
Mientras algunos sacudían su cabeza de forma afirmativa, como signo de aprobación al gesto de intentar intervenir literariamente el relato lo menos posible, otros no paraban de grabar y sacar fotos. Además de ese compromiso con el comandante, Nona aclaró qué es lo ficcionalizado al final del libro, algo poco común, ya que dejan que los lectores interpreten qué es lo real de lo narrado y qué es agregado para darle un toque novelístico.
La chilena es reconocida también, porque el tema de la memoria aparece como algo recurrente en sus obras, lo que le da relevancia y visibilidad en un país que nunca tuvo un cierre. Si bien uno de los factores que la incentivó a escribir esta novela fue intentar entender cómo cambia la mente de una persona que se mantiene encerrada hace tantos años, y cómo los recuerdos que no se renuevan empiezan a distorsionarse, encontró la manera de que la memoria histórica no pasara desapercibida.
En un diálogo con ANCCOM, la autora reveló: “No elijo la memoria como tema central, soy convocada por eso. El hilo conductor de mi trabajo es la memoria y la historia reciente de mi país, pero sería muy mentirosa si te dijera que elijo trabajar eso. Partí muy azarosamente, en mi primer libro llamado Mapucho, a escribir y se formó un mapa que con el tiempo fui visitando de a poco. Es como si hubiera tomado una hebra de ese libro, y me hubiera llevado a los demás, generando un trabajo que tiene continuidad”.
Reconociendo a Argentina como un país con gran influencia en los avances de derechos humanos, la autora visitó el Parque de la Memoria, que se encuentra frente al Río de la Plata, donde hay 17 obras de diversos artistas plásticos sobre la memoria. Su paseo la hizo reflexionar acerca de la diferencia en el tratamiento del tema en ambos países. “Los argentinos tienen algo que para mí es fundamental y que nosotros no tuvimos: un juicio. En 1985 sentaron a todos los milicos, que fueron observados por todo el mundo, y dijeron -estos son los culpables-. Como gesto simbólico eso es importantísimo para una sociedad. Cierra una etapa y te pone a los culpables enfrente, demostrando que es algo que no tiene que pasar. En mi país nunca ocurrió eso. La democracia en Chile se pactó con los militares, bajo las leyes de los militares y su Constitución sigue siendo la actual de mi país. Videla murió en la cárcel, Pinochet en su casa”.
Argentina fue reconocida internacionalmente como un país adelantado en derechos humanos desde el Juicio a las Juntas, pero en la actualidad, la Convención Interamericana de Derechos Humanos indicó que hay un retroceso en los mismos por las políticas que está implementando el gobierno de la Libertad Avanza, ya que generan un deterioro en la democracia.